<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560</id><updated>2012-02-01T12:34:35.929-03:00</updated><title type='text'>El Sextante de Hevelius</title><subtitle type='html'>Historias subsidiarias, libros que pocos recuerdan, pequeños hallazgos y, de vez en cuando, algunas ficciones.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>86</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5975686619867103573</id><published>2011-11-26T12:13:00.009-03:00</published><updated>2011-11-26T12:29:59.620-03:00</updated><title type='text'>Nipper</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Mk6MOYx3yJ0/TtECPQOfI2I/AAAAAAAABGU/FsVYEDAEdig/s1600/Imagen%2Bblog%2B084a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 143px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679323066167927650" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-Mk6MOYx3yJ0/TtECPQOfI2I/AAAAAAAABGU/FsVYEDAEdig/s320/Imagen%2Bblog%2B084a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;No hay en la historia del mundo ningún otro perro cuya imagen haya sido tantas veces reproducida. La feliz y universal multiplicación de su retrato trascendió lo meramente decorativo: ese animal quedó convertido en un ser cotidiano, casi en una mascota más dentro de cada hogar. Y sin embargo, de él la mayoría de la gente no conoce ni siquiera su nombre. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nipper fue el perro que todavía hoy sigue apareciendo en las etiquetas de los discos Victor. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un perro mestizo, fruto de generaciones de canes sin alcurnia, que un día de 1884 nació en Bristol, Inglaterra, en casa de un señor llamado Mark Barraud. La traducción española de &lt;em&gt;Nipper&lt;/em&gt; es “pinzas”, “tenacillas”; la mascota recibió este curioso nombre por su costumbre de morder los tobillos de cuanta visita fuese al hogar de los Barraud, quedando prendido cual pinzas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-7OSEUSdtwfE/TtECUrXazoI/AAAAAAAABGg/JFWVYNVl2oQ/s1600/Imagen%2Bblog%2B084b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 235px; FLOAT: right; HEIGHT: 304px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679323159352495746" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-7OSEUSdtwfE/TtECUrXazoI/AAAAAAAABGg/JFWVYNVl2oQ/s320/Imagen%2Bblog%2B084b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando Mark falleció, su hermano, el pintor Francis, recogió al perrito y se lo llevó a vivir consigo. En la nueva casa había un fonógrafo que reproducía cilindros; Francis tuvo la brillante idea de retratar a Nipper frente al aparato, en actitud de escucharlo atentamente, como reconociendo la voz que salía del aparato. Conviene aclarar que es absolutamente falsa la anécdota macabra que cuenta que antes de los retoques el cuadro representaba a Nipper posado sobre un ataúd, escuchando desde el fonógrafo la voz de su fallecido primer amo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La pintura fue ofrecida a la Edison Bell &amp;amp; Co., pero no fue aceptada. Terminó siendo adquirida por Mr. Owen, de la compañía Gramophone, con el objeto de que sirviese de propaganda para la empresa. Costó cien libras, incluyendo los derechos para su eterna reproducción. Pero había que introducir una variante: la Gramophone editaba discos, no cilindros… ¡Ningún problema! Francis hizo los retoques necesarios, y así quedó la imagen que tan bien se conoce. Y para reforzarla, se añadió la frase &lt;em&gt;His Master’s Voice&lt;/em&gt; (“la voz de su amo”), que era el título original del cuadro y que pasó a ser el lema de la marca. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-OtcS6rMpfu4/TtECZGfDKzI/AAAAAAAABGs/t8uBOc94iEo/s1600/Imagen%2Bblog%2B084c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 231px; FLOAT: left; HEIGHT: 224px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679323235351735090" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-OtcS6rMpfu4/TtECZGfDKzI/AAAAAAAABGs/t8uBOc94iEo/s320/Imagen%2Bblog%2B084c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;De esta manera, Nipper apareció no solo en las etiquetas de los sellos Gramophone y Victor, sino también en sus subsidiarios: Bluebird, Concert Record Gramophone, De Luxe Record, His Master’s Voice, La Voce del Padrone, La Voix de son Maitre, Monarch Record, Schallplatte Grammophon, Victrola, etcétera. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las primeras grabaciones Victor con intérpretes argentinos fueron hechas entre 1904 y 1906 en Londres, París y Camdem. En los últimos días de 1907 llegó por primera vez a Buenos Aires una “máquina itinerante”, en su recorrido por América obteniendo grabaciones que luego eran prensadas en los Estados Unidos. El aparato volvería por estas tierras en 1910, 1912 y 1917 (una vez cada dos años hasta 1912; los cinco años “en blanco” que hubo luego los provocó la Gran Guerra). Recién se instaló definitivamente en el país a finales de 1921, y desde entonces mantuvo junto a su gran rival —Disco Nacional, más tarde llamado Odeon— un liderazgo indiscutido: de hecho, Victor y Odeon serán las dos únicas marcas que continuarán grabando ininterrumpidamente, e incluso entre 1934 y 1949 serán las únicas. Toda una legión de artistas criollos pudo decir, con legítimo orgullo, que había pasado por los estudios del “sello del perrito”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hacia 1903 se intentó reemplazarlo por un mono: la idea no prosperó. Tampoco llegó a opacarlo Chipper, su equivalente en cachorro. Solo Nipper produjo la magia de no ser jamás olvidado por todo aquel que lo viera alguna vez. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Transformado en uno de los íconos del siglo XX, durante las primeras décadas circularon unas tarjetas postales humorísticas que mostraban a Nipper delante de una botella de whisky con un embudo, remedando la bocina de un gramófono; debajo, el epígrafe &lt;em&gt;His Master’s Breath&lt;/em&gt; (“el aliento de su amo”). &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;También en la Argentina fue utilizado para el humor. Por ejemplo, la revista &lt;em&gt;Caras y Caretas&lt;/em&gt; del 28 de mayo de 1904 trajo una magnífica caricatura política, titulada “La Voz del Amo”, en la que se mostraba un gramófono y varios perros escuchando con atención. Aquel amo invisible aludía al presidente Julio A. Roca; los perros eran los gobernadores de las provincias, pendientes de oír el nombre del candidato del gobierno para la vicepresidencia en las próximas elecciones. De la bocina salía “…lcorta”: referencia a que Roca había dado su “media palabra” a la hora de designar a su favorito (José Figueroa Alcorta). A juzgar por el dibujo, quien más se asemejaba a Nipper era el gobernador de Santiago del Estero. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-V4lYsvBwqEg/TtECem9S_zI/AAAAAAAABG4/FAebxIoKgRI/s1600/Imagen%2Bblog%2B084d.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 165px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679323329967882034" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-V4lYsvBwqEg/TtECem9S_zI/AAAAAAAABG4/FAebxIoKgRI/s320/Imagen%2Bblog%2B084d.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Pero todo esto, más otras curiosidades que reunidas sumarían centenares, forman parte de la historia del cuadro antes que de la historia del perro. La biografía de Nipper fue, por cierto, bien humilde; sus pequeñas andanzas fueron las propias de cualquier cuzco bien alimentado, aunque se ha recordado que era especialmente diestro en la cacería de ratas y en acosar de vez en cuando a los faisanes del Richmond Park. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nipper murió en Kingston-upon-Thames, Surrey, en septiembre de 1895. Fue enterrado bajo un árbol de moras. Hoy allí se encuentra la playa de estacionamiento de un banco, pero una placa recuerda al transeúnte que en ese lugar descansan los restos de uno de los perros más famosos de la centuria. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5975686619867103573?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5975686619867103573/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5975686619867103573' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5975686619867103573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5975686619867103573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/11/nipper.html' title='Nipper'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Mk6MOYx3yJ0/TtECPQOfI2I/AAAAAAAABGU/FsVYEDAEdig/s72-c/Imagen%2Bblog%2B084a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-196968859180680546</id><published>2011-11-18T19:18:00.006-03:00</published><updated>2011-11-18T19:22:56.251-03:00</updated><title type='text'>Una forma del olvido</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-scjT9uGz1UQ/TsbaAhhlcbI/AAAAAAAABFQ/TKWMZpyCg6A/s1600/Imagen%2Bblog%2B083a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 180px; FLOAT: left; HEIGHT: 229px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5676464082881180082" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-scjT9uGz1UQ/TsbaAhhlcbI/AAAAAAAABFQ/TKWMZpyCg6A/s320/Imagen%2Bblog%2B083a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Es inesperado, y sin embargo no deja de ser agradable, el hecho de encontrar algo guardado entre las páginas de un libro antiguo que se compró de segunda mano. Una carta ya amarillenta, prolijamente plegada, resulta un hallazgo interesante; lo es también la flor disecada, o el viejo billete de banco fuera de circulación. A veces hay una servilleta de papel: en su momento sirvió para señalar, y hoy atestigua el café donde se leyó el libro. Una mariposa, que descubrí preservada en una biografía de Miguel Ángel, luego de muchos años dejó su silueta anaranjada estampada en un par de hojas. Y entre las cosas más insólitas que me han tocado, puedo citar el programa del estreno en la Argentina (1939) de &lt;em&gt;Alexander Nevsky&lt;/em&gt;; vino en el interior de &lt;em&gt;Cuatro años en las Orcadas del Sur&lt;/em&gt;, de Moneta, casa Peuser. También recuerdo una postal de la isla de Malta, que coherentemente llegó con un poemario de Dun Karm, y el retrato de una mujer desconocida dentro de un ejemplar de la &lt;em&gt;Primavera Olímpica&lt;/em&gt; de Spitteler, adquirido en la Avenida de Mayo; yo la llamo “La Señorita del Monóculo”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;¿Usted sería tan amable de decirnos si alguna vez halló algo dentro de un libro usado?&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-196968859180680546?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/196968859180680546/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=196968859180680546' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/196968859180680546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/196968859180680546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/11/una-forma-del-olvido.html' title='Una forma del olvido'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-scjT9uGz1UQ/TsbaAhhlcbI/AAAAAAAABFQ/TKWMZpyCg6A/s72-c/Imagen%2Bblog%2B083a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3888949643809326307</id><published>2011-11-06T09:38:00.007-03:00</published><updated>2011-11-06T09:52:56.537-03:00</updated><title type='text'>Discépolo visita el norte de África</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Marruecos es un cielo muy alto y unas estrellas muy bajas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Enrique S. Discépolo, 1936. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-FEvj0gJsRfg/TraACwWLNxI/AAAAAAAABDw/uvZdCQQFRM8/s1600/Imagen%2Bblog%2B082a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 206px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671861565545723666" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-FEvj0gJsRfg/TraACwWLNxI/AAAAAAAABDw/uvZdCQQFRM8/s320/Imagen%2Bblog%2B082a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Es fácil conjeturar cuál era la representación del Magreb entre los porteños de 1930. Ni el Tratado de Fez ni las borrosas noticias la Guerra del Rif habían sido suficientes para cambiar en Buenos Aires la imagen establecida por las pinturas de Mariano Fortuny, que ya tenían seis décadas; para el ciudadano corriente, el noroeste africano aún era una odalisca desnuda entre almohadones, un musulmán de turbante recostado contra una pared descascarada, un paisaje con tiendas árabes y caballos. Amplias regiones tal vez continuaban siendo así; en todo caso, no justificaban ni la generalización, ni la ignorancia. Si le mencionaban Melilla, el hombre de Corrientes y Esmeralda fantaseaba con algún pueblito de la península ibérica; hablarle de Marruecos era confundirlo con Argelia o con Túnez. Es cierto que en los últimos tiempos la cinematografía también había instalado allí al cabaret con decorados andaluces y a los legionarios franceses como Gary Cooper; pero continuaba rechazándose que el sultán Mohámmed ben Yúsef era un señor de saco y corbata. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quienes iban y regresaban relataban la tarjeta postal. Es imposible que no estuvieran enterados del desembarco de Alhucemas, o de las denuncias de armas químicas contra la población por parte de la coalición franco-española; pero al fin y al cabo no dejaban de ser turistas: lo que mostraban, pues, era la fotografía pintoresca de un quincallero en el zoco. Una moderada excepción será Roberto Arlt. De su viaje a mediados de los años 30, registrará algunas observaciones sobre la sociología marroquí; también traerá material para los cuentos que descargará más tarde en su volumen &lt;em&gt;El criador de gorilas&lt;/em&gt; (1941). Aunque ya por entonces la política argentina estaba tan enrarecida, que sus lectores no se mostrarán especialmente interesados por problemas laborales árabes: se quedarán con las descripciones de mercados, de cordeleros, de Rahutia la bailarina y de fabricantes de babuchas. Estos últimos, como se verá luego, también protagonizaron el anecdotario de Enrique Santos Discépolo; y en realidad, poco más es lo que se conoce del viaje del autor de &lt;em&gt;Yira… yira…&lt;/em&gt; por Marruecos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los biógrafos destacaron aquellos días de 1935 y 1936 que pasara Discépolo en Europa, al frente de un espectáculo musical; pero casi no existen datos concretos de la escapada que hiciera hasta el norte de África. No está explicitado, por ejemplo, el motivo que lo llevó a estas tierras. Es de creer que para Discépolo y su esposa, la cantante Tania, el cruce de España a Marruecos fue una excursión más, un paseo que les permitió el tiempo libre entre teatro y teatro. No obstante, queda la sensación de que hubo motivos más recónditos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tania (que era toledana) ya contaba con una lejana experiencia marroquí. De esta forma la recordaba en diciembre de 1972, en declaraciones para el diario &lt;em&gt;La Opinión&lt;/em&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Vinimos a la Argentina en 1924 con la Troupe Ibérica. Yo tenía diecisiete años y, entre otros, venía Pablo Palitos. Antes habíamos ido a Francia, al Marruecos español y al Marruecos francés. En el grupo había bailarines, acróbatas, cantantes; en fin, todas las atracciones. En esas giras yo viajaba con mi mamá, pero a la Argentina ya me vine casada con uno de los bailarines de la troupe.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un divorcio nos despeja de este primer marido; vayamos al segundo, a Discépolo. Jamás había salido de Sudamérica. De una acotada Sudamérica, porque en realidad fuera de la Argentina solo conocía hasta entonces algo del Uruguay y un poco de Chile. Desde luego, todo en este recorrido por Europa lo deslumbra; todo, excepto París. Después definirá cada sitio con frases extrañamente bellas: Lisboa “parece una postal sobre un hecho de sangre”; una sala de Coimbra le da la impresión de contar con “grandes mariposas negras batiendo las alas” (se refiere a los espectadores agitando sus capas en señal de aprobación); Toledo es “un sueño retrospectivo”; las casas de Madrid “sirven de pretexto para echarse a la calle”; en Barcelona “hablando castellano, a veces, se hace uno entender”; Sevilla es “la fiesta del perfume”; la cartuja de Valldemosa (en donde examina la celda de Chopin), “despiadadamente triste”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y un día, hallamos a la pareja en Tetuán. Para Discépolo, que en cada punto de su periplo buscaba (y hallaba) analogías con Buenos Aires, sobrepasar el sur de Tánger equivalía a enfrentarse a un mundo distinto y misterioso. Se trataba de un anhelo romántico: Marruecos era lo más aproximado a &lt;em&gt;Las mil y una noches&lt;/em&gt; que él podía aspirar. No buscaba lanzarse al desierto, ni explorar los picos del Anti-Atlas; él no era un aventurero. Quería recorrer calles estrechas y tortuosas y cruzadas de pared a pared por arcos; quería ver casas blanqueadas, ir a tiendas, tomar un café y que lo atendiera un camarero con atuendo típico. Quería comprobar por sí mismo el exotismo urbano que divulgaban novelas, revistas ilustradas y &lt;em&gt;traveltalks&lt;/em&gt;, y tal vez la propia Tania. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para ella, en cambio, significaba el reencuentro con un pasado que, evidentemente, la perseguía. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-gy9U48MSqP8/TraAHOxfxDI/AAAAAAAABD8/wcb3uuQCidY/s1600/Imagen%2Bblog%2B082b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 151px; FLOAT: left; HEIGHT: 229px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671861642432857138" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-gy9U48MSqP8/TraAHOxfxDI/AAAAAAAABD8/wcb3uuQCidY/s320/Imagen%2Bblog%2B082b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El testimonio que nos dejara Discépolo sobre Marruecos formó parte de una serie de charlas radiofónicas que el autor brindó en 1936, luego reunidas un tanto nebulosamente bajo el título &lt;em&gt;Apuntes a mi vuelta de Europa&lt;/em&gt;. Dice uno de sus párrafos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Las casas parecen telones remendados. A la gente no la pude ver porque iba envuelta en ropa. Marruecos parece una enorme tienda de ropa vieja en la que de pronto los trajes se han echado a andar por su cuenta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen es simpática, aunque enoja un poco pensar que, pudiendo hablar de tantas cosas, Discépolo se preocupe por comparaciones textiles. Pero ocurre que las impresiones de su viaje son todas así: breves, con vocación por la metáfora, y por ello escasamente periodísticas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No sabemos con qué información arribó el poeta a Tetuán, por entonces capital del Protectorado; lo cierto es que encontró una ciudad enorme y laberíntica, y seguramente desconcertante. Compleja en su cultura y dotada de un “color local” extraordinario, Tetuán tenía la particularidad de hacerle retroceder centenares de años a la vuelta de cada esquina: un siglo entero en la judería, dos en cierto minarete octogonal de la mezquita de El Bacha, tres en las casas de la familia Naqsis, cuatro en los muros de la medina antigua. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Él, que lo ve todo, solo prefiere reseñar una tarde en el mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En Tetuán salí a comprarme unas babuchas. Me fui al barrio morisco de los mercaderes. Al entrar en un tugurio subterráneo, un viejo babuchero me ofreció su mercadería. Mientras yo elegía entre las babuchas bordadas, un gramófono destartalado de aquellos con bocina que se usaban hace veinte años, empezó a moler las notas de &lt;em&gt;Yira… yira…&lt;/em&gt; Y mientras el gramófono tocaba, el babuchero, que era un viejo judío sefardita, se puso a tararear en su media lengua hebrea-hispano-morisca: “Cuando la suerte que es grela / fayando y fayando / te largue parao…&lt;/span&gt;”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-t7rj8faGR4U/TraAL4wQAmI/AAAAAAAABEI/QnxvoMn3WUc/s1600/Imagen%2Bblog%2B082c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 211px; FLOAT: right; HEIGHT: 201px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671861722421396066" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-t7rj8faGR4U/TraAL4wQAmI/AAAAAAAABEI/QnxvoMn3WUc/s320/Imagen%2Bblog%2B082c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;De ser estrictamente reales las palabras de Discépolo (y no digo que no lo sean: la anécdota es probable, es admisible, y hasta creo en ella; lo que digo es que peca de excesiva felicidad), nosotros, como espectadores, asistimos a una de las circunstancias más dramáticas de su vida. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hecha la revelación, Discépolo, agradecido y turbado, prosigue el relato. Su estilo nos recuerda que originalmente estaba dirigiéndose a radioescuchas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Al oír estas palabras que yo había escrito hacía mucho tiempo y a varios miles de kilómetros de distancia… al oírlas allí en Tetuán y en boca de aquel anciano babuchero, sentí que una emoción extraña me hacía un nudo en la garganta. Y al salir de allí dí por bien empleados los desvelos que me habían costado mis tangos. Todos eran poco para pagar aquel momento que me había conmovido hasta las lágrimas…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podemos reconstruir todo: el zoco tetuaní, el tabuco perdido entre los demás locales, la caótica exposición de chinelas, el anciano babuchero del Sefarad (estriado y barbado), su conversación en dialecto haquetía, la victrola desvencijada, el disco de pasta. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Solo nos falta un detalle: casi todo el resto de Marruecos, invisible para Discépolo a partir de este momento. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3888949643809326307?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3888949643809326307/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3888949643809326307' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3888949643809326307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3888949643809326307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/11/discepolo-visita-el-norte-de-africa.html' title='Discépolo visita el norte de África'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-FEvj0gJsRfg/TraACwWLNxI/AAAAAAAABDw/uvZdCQQFRM8/s72-c/Imagen%2Bblog%2B082a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2056394224593531361</id><published>2011-10-24T20:32:00.004-03:00</published><updated>2011-10-24T20:58:23.699-03:00</updated><title type='text'>Una selección personal de los "Catasterismos" de Eratóstenes (siglo III a. C.)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-JVtz17ZJG6I/TqX15htRPCI/AAAAAAAABCU/K68z5Fbw5wg/s1600/Imagen%2Bblog%2B081a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 209px; FLOAT: left; HEIGHT: 185px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5667206074765229090" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-JVtz17ZJG6I/TqX15htRPCI/AAAAAAAABCU/K68z5Fbw5wg/s320/Imagen%2Bblog%2B081a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;(Catasterismo: “Colocación de algo o de alguien en medio de las estrellas”.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 2: La Osa Menor.&lt;/strong&gt; Arato dice que era de Creta y que fue la nodriza de Zeus, y que por ello fue honrada con una gracia en el cielo. Tiene una estrella brillante sobre cada ángulo del cuadrilátero y tres brillantes sobre la cola; en total siete. Hay otra estrella inferior, debajo de la del extremo de las explicadas (la llamada Polar), en torno a la cual parece que todo el orbe gira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 7: Escorpión.&lt;/strong&gt; Ártemis hizo que éste surgiera de una colina de la isla de Quíos para que picara a Orión, y por tanto, muriera, porque una vez la intentó violar en una cacería. Zeus lo colocó entre las constelaciones brillantes para que vieran los venideros su fuerza y poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 16: Casiopea.&lt;/strong&gt; Sófocles, el poeta trágico, cuenta en su “Andrómeda” que Casiopea, tras rivalizar con las Nereidas en belleza, cayó en desgracia y que Posidón mandó un monstruo marino para que devastase su país. Por su causa su hija yace expuesta ante el monstruo, y así, al lado, está representada, familiarmente, sentada sobre un cojín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 23: Pléyades.&lt;/strong&gt; Gozan de la mayor gloria ente los hombres porque dan señales en una época del año. Tienen una muy buena posición porque están dispuestas, según Hiparco, en forma triangular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 24: Lira.&lt;/strong&gt; Como no tenían a quién dar la lira [de Orfeo muerto] pidieron a Zeus que la catasterizase, de manera que estuviera colocada entre las constelaciones en recuerdo de Orfeo. Así lo concedió, y fue colocada. Tiene una señal distintiva en relación con la desgracia de Orfeo: se oculta en cada estación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 28: Sagitario.&lt;/strong&gt; La mayoría dice que se trata de un centauro, aunque otros lo niegan porque no se le ven cuatro patas, sino que se mantiene de pie disparando un arco; y ningún centauro ha hecho uso de arco. El arquero es, antes bien, un varón con patas de caballo y cola como los sátiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I, 35: Argo.&lt;/strong&gt; Atenea puso esta constelación Argo en las estrellas por ser ésta la primera nave que se construyó. Estaba dotada de voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II, 44: Vía Láctea.&lt;/strong&gt; Hermes tomó a Heracles cuando nació y lo puso al pecho de Hera. Heracles mamaba de su pecho. Y Hera, una vez que se dio cuenta, lo arrojó de sí de una sacudida, y de esta manera, por la leche derramada en abundancia, se creó la Vía Láctea. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2056394224593531361?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2056394224593531361/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2056394224593531361' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2056394224593531361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2056394224593531361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/10/una-seleccion-personal-de-catasterismos.html' title='Una selección personal de los &quot;Catasterismos&quot; de Eratóstenes (siglo III a. C.)'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-JVtz17ZJG6I/TqX15htRPCI/AAAAAAAABCU/K68z5Fbw5wg/s72-c/Imagen%2Bblog%2B081a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5469917345275716691</id><published>2011-10-11T19:57:00.006-03:00</published><updated>2011-10-11T20:06:30.765-03:00</updated><title type='text'>Ronda rugiente</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ryTig8AJaME/TpTLIWpRX7I/AAAAAAAABBA/-evuyR2yc8s/s1600/Imagen%2Bblog%2B080a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 187px; FLOAT: right; HEIGHT: 189px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662373975889633202" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-ryTig8AJaME/TpTLIWpRX7I/AAAAAAAABBA/-evuyR2yc8s/s320/Imagen%2Bblog%2B080a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Después de tanto tiempo, movido por un impulso tan íntimo que ni yo mismo podría explicarlo, he vuelto a visitar mi antiguo pueblo. Todo en él ya era extraño para mí, porque yo mismo lo era en sus calles; los frentes añosos, las veredas de ladrillo, los árboles, la plaza silenciosa con su busto de piedra y aquel almacén en la esquina más soleada no habían cambiado desde mi infancia y sin embargo no conseguía reconocerlos, como tampoco recordaba mi mano, al acariciarla, la verja del jardín de lo que supo ser mi casa. Pero no me asombró. Cuarenta años pasaron desde que nos fuimos, y yo aún no había cumplido ocho; la diferencia con la gran ciudad y la poca capacidad de añoranza que tenía entonces hicieron que despreciara y hasta borrara, incluso, el registro de mis primeros pasos. Es algo que suele ocurrir. Aunque en realidad, no obstante lo lívido de su imagen en mi memoria, una cosa retornó mientras caminaba por la villa: la iglesia vieja al otro lado de la estación, en los campos que eran de Auboyer.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya estaba en desuso cuando yo era pequeño. Era casi en el borde de la estancia “La Cautiva”, cuyo alambrado marcaba de un lado el comienzo del pueblo y del otro el fondo de las muchas hectáreas de aquella rica propiedad. Además de la capilla había en ese sector un vivero forestal, el más grande del partido. Esto era todo cuanto yo (y cualquier otro) podía ver de la hacienda. El casco nunca lo conocí, porque estaba muy adentro; pero sé que lo imaginaba fastuoso, rodeado por un parque legendario a donde acudían, por las tardes, felices niñas hermosas a tomar el té. ¡Qué vuelco dio mi corazón al acercarme ahora hasta aquel sitio! El descuido había transformado al vivero en un bosque tan cerrado que ocultaba a la iglesia; nada de ella se notaba desde el camino. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Volví entristecido a las calles del pueblo, y recién entonces caí en la cuenta de algo que había notado sin que me alertase demasiado, pero que ahora me llenaba de inquietud: el campo no era lo único que estaba abandonado. Una de las grandes casonas también estaba vacía; otra tenía su techo derrumbado; más allá había una tienda cerrada, y en la misma cuadra un hotelito ya había sido tapiado. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fui hasta el almacén. Pedí una bebida y me presenté. Le dije al patrón quién era yo y de quiénes era el hijo; aclaré —por si acaso— que antes vivíamos en la casa amarilla frente a la escuela. No hacía falta: el nombre de mis padres todavía le sonaba familiar. El hombre recibió todas mis noticias con interés y quiso corresponderme con las módicas novedades de cuatro décadas del pueblo, pero los nombres que barajaba eran irreparablemente ajenos a mi conocimiento. Fingí algún recuerdo solo para mantener viva la conversación; y cuando sentí que esta se agotaba, pregunté por el destino del campo de los Auboyer. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me habló de un accidente ocurrido mucho antes de que yo naciera. Mis padres, que yo recuerde, nunca lo comentaron. Auboyer, en sociedad con otro inversor, había comprado “La Cautiva” a un español que había sido su fundador, al cual pertenecían también los terrenos donde se hizo el pueblo. Bajo la nueva administración los campos fueron muy prósperos; la fortuna permitió que no solo hicieran una capilla neogótica para uso personal, sino además una escuela para los hijos de los peones, igualmente dentro de la propiedad; y más cerca de la casona principal también instalaron un pequeño zoológico privado. Un día, un leoncito de aquel zoológico mató a la nieta del cuidador. La decapitó. Entonces decidieron, los Auboyer o el juez, que había que sacrificar al animal. La noticia trascendió y parece que hasta llegó gente de Buenos Aires para presenciar la matanza, que sería a cargo de un tirador profesional. Es cierto que cualquier empleado hubiera podido hacerlo, pero tal vez fueron a lo seguro. Y con esta desdicha gravitando sobre el lugar, todos —sus dueños, los peones, la gente del pueblo— comenzaron a tomar aprensión hacia la estancia. Unos años después fue vendida al señor Ferrater, un empresario que dirigía un importante laboratorio en la Capital. Cuando este falleció (la fecha más o menos podría ubicarse hacia la de mi nacimiento), una desavenencia entre sus herederos hizo que todo decayera definitivamente. Muchos en la villa dependían de “La Cautiva”, y terminaron marchándose. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pagué y me fui. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Confieso que una obsesión se apoderó de mí desde aquel momento: la de buscar un asiento de estos hechos. Comencé la tarea apenas estuve otra vez en Buenos Aires. No dejé colección de periódicos ni de revistas sin visitar. En algún lado tendría que figurar, ¿el hombre del estaño no había dicho, acaso, que esto se había divulgado y que acudieron personas desde lejos para ver cómo mataban al león? Y efectivamente, al mes de búsqueda apareció el recuadro amarillento que tanto ansiaba leer: lo hallé en un diario de los llamados “serios”, lo que le otorgaba un carácter indubitable. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Salvo en dos o tres detalles menores cuya discrepancia resolví a favor del diario, el relato coincidía con el de mi informante. Los Auboyer y los familiares de la pequeña se habían negado a hacer declaraciones; lo que el periodista recogía era el testimonio de un sacerdote, que no podía ser otro que el mismo que solía oficiar en la capilla y educar en la escuela. O bien por discreción, o bien porque no hubo testigos del momento del accidente, las noticias del cura eran moderadas; ante la pregunta inevitable de cómo pudo acontecer, se limitó a decir (dos veces) que “estaba escrito que así sería”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La crónica finalizaba con un comentario irónico sobre el sacerdote, a quien evidentemente acusaban de apelar a un fatalismo inoportuno. Pero yo, al leer esto, entendí claramente a qué se refería… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y determiné volver al pueblo en la primera oportunidad que tuviera. Así lo hice. Pensaba: no había estado en cuarenta años, pero regresaba dos veces en pocas semanas, ¡qué extrañas son las propuestas que a veces nos surgen! Llegué en una mañana tan calma que parecía irreal; anhelante crucé el terreno de la estación y me dirigí hasta el borde del campo de “La Cautiva”, donde comenzaba el bosque, para buscar la iglesia. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-iHh3lKBBNDE/TpTKWXU6JVI/AAAAAAAABAo/wWyuKL5TjYE/s1600/Imagen%2Bblog%2B080b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 248px; FLOAT: left; HEIGHT: 188px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662373117079201106" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-iHh3lKBBNDE/TpTKWXU6JVI/AAAAAAAABAo/wWyuKL5TjYE/s320/Imagen%2Bblog%2B080b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La encontré luego de saltar el alambre y deambular unos cuantos metros entre la espesura, apartando maleza y pisando la hojarasca de muchos inviernos. Lo que vi fue desolador. La capilla particular de los Auboyer había sido un templo de hermosa arquitectura, pero solo quedaban ruinas. Por fuera, diseminados entre los pastos, yacían escombros y dos o tres de los pináculos que otrora decoraran los contrafuertes. Fui hasta el frente. La escalinata, que terminaba bajo el arco de entrada, antes daba contra una puerta ojival de madera; la puerta había desaparecido. Tampoco estaban los cristales del rosetón, ni los de ningún otro ventanal. Avancé. El techo de la nave central ya no existía; los pilares no soportaban nervio alguno. Plantas grotescas subían por la desnuda pared semicircular del ábside, gracias al cual deduje la posición del comulgatorio y del altar ausente. Nada del mobiliario; ni una figura, ni uno de los cuadritos (que seguramente debieron estar) representando el viacrucis. Noté que en algunos entrepaños se conservaban, raídas por el tiempo, unas frases en bajorrelieve: las reconocí como versículos de los Salmos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-WLBEsosh8Xs/TpTKcH34DQI/AAAAAAAABA0/KQtX4BBvtso/s1600/Imagen%2Bblog%2B080c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 141px; FLOAT: right; HEIGHT: 160px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662373216010112258" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-WLBEsosh8Xs/TpTKcH34DQI/AAAAAAAABA0/KQtX4BBvtso/s320/Imagen%2Bblog%2B080c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Comprendí de pronto que allí tenía la clave que justificaba todo. El sacerdote no era fatalista: hablaba en sentido recto al decir que la desgracia estaba escrita. Porque cerca de una lucerna, a una altura que me sobrepasaba varias veces, arañadas por las lluvias aunque todavía legibles, estaban grabadas las palabras del salmista: EL DIABLO RONDA COMO LEÓN RUGIENTE BUSCANDO A QUIÉN DEVORAR. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5469917345275716691?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5469917345275716691/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5469917345275716691' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5469917345275716691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5469917345275716691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/10/ronda-rugiente.html' title='Ronda rugiente'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ryTig8AJaME/TpTLIWpRX7I/AAAAAAAABBA/-evuyR2yc8s/s72-c/Imagen%2Bblog%2B080a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-1660425458951907858</id><published>2011-09-29T20:12:00.005-03:00</published><updated>2011-09-29T20:18:52.476-03:00</updated><title type='text'>Productos comerciales mencionados al pasar en tangos del repertorio de Gardel</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Marcas y artículos que otrora supieron ser muy populares, un día dejaron de fabricarse y con el correr del tiempo se los fue olvidando. Mencionados al pasar en los tangos, ciertos productos requieren hoy una explicación detallada. Incluso más de un cantor jamás vio las mercancías citadas en determinadas letras de tango; son referencias desconocidas para el público actual, pero que tuvieron su momento de gloria comercial y que no pasaron desapercibidas para los poetas de la época. Los tres productos que comentaremos hoy son solo unos pocos ejemplos. Escogimos tres del repertorio de Carlos Gardel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-6riaA25RLp4/ToT7nU9jXOI/AAAAAAAAA_k/l7dP-wZp7fw/s1600/Imagen%2Bblog%2B079a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 192px; FLOAT: left; HEIGHT: 274px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5657923684944534754" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-6riaA25RLp4/ToT7nU9jXOI/AAAAAAAAA_k/l7dP-wZp7fw/s320/Imagen%2Bblog%2B079a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;1.- Llevando el bacalao de la Emulsión de Scott.&lt;/strong&gt; Pocos saben que el muñequito hecho con neumáticos Michelin tiene nombre propio: se llama Bibendum (por la locución latina &lt;em&gt;Nunc est bibendum&lt;/em&gt;, del poeta Horacio). El castizo Anís del Mono y la inquietante cabeza de Geniol también formaban parte de ese mundo publicitario de antaño, habitado por personajes característicos, inmortales. Enrique Santos Discépolo, en su tango &lt;em&gt;Victoria&lt;/em&gt; (del año 1929) mencionó otro personaje análogo: “el bacalao de la Emulsión de Scott”, que remitía a la viñeta llamada “El Hombre del Abadejo” que servía de propaganda para el producto farmacéutico. Cual Sísifo condenado, el hombre llevando aquel gran pez a sus espaldas era para Discépolo la metáfora de una carga difícil de soportar. Una especie de Atlante moderno. Los manuales de comercio de los años ‘20 y ‘30 daban al “Hombre del Abadejo” como un ejemplo práctico de cómo cierta imagen podía convertirse en la identificación perfecta para determinados productos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-aL6ypbaza3A/ToT70JCr0zI/AAAAAAAAA_s/ts3MeymQgZs/s1600/Imagen%2Bblog%2B079b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 230px; FLOAT: right; HEIGHT: 195px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5657923905083134770" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-aL6ypbaza3A/ToT70JCr0zI/AAAAAAAAA_s/ts3MeymQgZs/s320/Imagen%2Bblog%2B079b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;2.- No te acordás que traía aquella Crema Lechuga.&lt;/strong&gt; “Que hasta la última verruga de la cara te piantó…” Estos versos, que podrían servir para una antología del reclamo de amor vulgar, figuran en el tango &lt;em&gt;Ivette&lt;/em&gt;, grabado por Carlos Gardel en 1920. Lechuga era el nombre de una crema de belleza que distribuía la firma Beauchamps, de París; aunque en París, “lechuga” (la verdura, la lechuga de la ensalada) se dice &lt;em&gt;laitue&lt;/em&gt;. Era un cosmético muy requerido como suavizante del cutis. Las imitaciones posteriores, hijas bastardas de la original, también se llamaban Lechuga y circularon hasta hace poco. Venían en unos envases redondos de lata, y por lo general eran una porquería: todo el mundo sabe que para sacarse las verrugas, lo mejor siempre es acudir a una curandera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-wLSQewlRLEQ/ToT79myTFMI/AAAAAAAAA_0/anl_EmVN0EQ/s1600/Imagen%2Bblog%2B079c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 170px; FLOAT: left; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5657924067686290626" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-wLSQewlRLEQ/ToT79myTFMI/AAAAAAAAA_0/anl_EmVN0EQ/s320/Imagen%2Bblog%2B079c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;3.- El lustre distinguido necesario pa’ triunfar.&lt;/strong&gt; Disimulado en los ambages de la retórica, haciendo uso y abuso de complicados tropos al servicio de la malicia, ciertos tangos escondían marcas registradas. Uno de ellos, &lt;em&gt;Dos en uno&lt;/em&gt;, de Rodolfo Sciammarella y Enrique Cadícamo, aparenta hablar de un señor mujeriego, juerguista y, a fin de cuentas, digno de admiración. Pero en ciertos versos se deslizan frases sospechosas: “con todo ese brillo, quién no se va a encandilar”; “el lustre distinguido necesario pa’ triunfar”; “al fajar una lustrada, cómo cambian su pobreza y se ponen a brillar…” En realidad, “2 en 1” era el nombre de un producto cuyas propiedades son las que Cadícamo asignaba al personaje del tango. La dedicatoria de la partitura despejaba cualquier resto de duda: “A los oyentes de Radio Buenos Aires, en la audición de la Pomada del Hogar 2 en 1”. Este tango lo grabó Gardel el 12 de agosto de 1929. Como curiosidad adicional, puede consignarse que en una de sus tomas se escucha la rotura de una cuerda de guitarra. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-1660425458951907858?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/1660425458951907858/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=1660425458951907858' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1660425458951907858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1660425458951907858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/09/productos-comerciales-mencionados-al.html' title='Productos comerciales mencionados al pasar en tangos del repertorio de Gardel'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-6riaA25RLp4/ToT7nU9jXOI/AAAAAAAAA_k/l7dP-wZp7fw/s72-c/Imagen%2Bblog%2B079a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8901913973435111910</id><published>2011-09-13T20:47:00.018-03:00</published><updated>2011-09-24T13:31:34.818-03:00</updated><title type='text'>Viejas postales de cosas que ya no existen</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;I.- Los Portones de Palermo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Estuvieron desde 1875 frente a la plaza Italia. Por ellos se accedía al parque Tres de Febrero, por la avenida Sarmiento. Fueron demolidos en 1917.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 213px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995411764311106" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-DX5u_JBJWw0/Tm_r4aZZdEI/AAAAAAAAA70/TpfUgBwZ6Q8/s320/Imagen%2Bblog%2B078a.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II.- La Villa Lago Epecuén&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Importante balneario termal a unos kilómetros de Carhué. Las primeras instalaciones fueron durante la década de 1920. Arrasado por una inundación en noviembre de 1985, no se lo reconstruyó. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995519206125634" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-pnlNknLIVQA/Tm_r-qphcEI/AAAAAAAAA78/sWnu5GjPPx4/s320/Imagen%2Bblog%2B078b.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;III.- El Canal del Norte&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Faraónico canal artificial navegable, que uniría a Junín con la costa del río Paraná a la altura de Baradero, pasando por Chacabuco, Salto y Arrecifes. Fue en gran parte construido a partir de octubre de 1904; pero las obras se suspendieron en 1909 y se cancelaron definitivamente en 1911.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995589151277490" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-_R6-jMdDUZw/Tm_sCvNvwbI/AAAAAAAAA8E/A0I1hhHGqbo/s320/Imagen%2Bblog%2B078c.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;IV.- La Piedra Movediza de Tandil&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La roca, que pesaba cerca de 300 toneladas, cayó del cerro La Movediza, donde había estado balanceándose por siglos, el 29 de febrero de 1912. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995710430164722" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-TYrgWBgnIfA/Tm_sJzA4tvI/AAAAAAAAA8M/RYBg2HesUdU/s320/Imagen%2Bblog%2B078d.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;V.- La Gruta de Plaza Constitución&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La extraña obra conocida como “La Gran Rocalla” (cuya historia ya hemos desarrollado en este mismo blog en marzo de 2011) se inauguró en 1887 y fue eliminada del paisaje porteño en 1914.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995770212849618" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/--DzRsnaRfYE/Tm_sNRuMF9I/AAAAAAAAA8U/9wtVl9r7e3Q/s320/Imagen%2Bblog%2B078e.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;VI.- La Zanja de Alsina&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Casi 400 km de largo tuvo este sistema de fosas y fortines, que iba desde Italó (sur de Córdoba) hasta Nueva Roma (al norte de Bahía Blanca) para defensa contra ataques indígenas. Comenzó a tenderse en 1876. Con el correr de los años, la erosión y algunos rellenos prácticamente la borraron del mapa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995841715207506" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-Ztfj3unaqWY/Tm_sRcFrfVI/AAAAAAAAA8c/DkxaGBQKIsU/s320/Imagen%2Bblog%2B078f.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;VII.- El dirigible LZ-127 Graf Zeppelin&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Había visitado a la Argentina el 30 de junio de 1934. Este dirigible alemán voló exitosamente entre 1928 y 1937; en 1940 fue desguazado para aprovechar el aluminio como material de guerra. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995906444034466" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-_JTdOhZqv7c/Tm_sVNOPAaI/AAAAAAAAA8k/QrCMuSrVbkg/s320/Imagen%2Bblog%2B078g.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;VIII.- El ferry-boat Lucía Carbó&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Buque diseñado para cruzar los trenes entre Zárate (provincia de Buenos Aires) e Ibicuy (Entre Ríos), el “Lucía Carbó” fue botado en 1907 y prestó servicios hasta la inauguración del puente Zárate-Brazo Largo en 1979. En 1990 fue radiado. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651995971585225106" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-cDLzb5VS1K8/Tm_sY_5GsZI/AAAAAAAAA8s/hB4HGMXdEZ8/s320/Imagen%2Bblog%2B078h.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;IX.- La Aduana de Taylor&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Estuvo detrás de la Casa de Gobierno. Inaugurada en 1857 y derribada en 1894. En su lugar hoy está el Parque Colón. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651996123738642690" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-xDG2HW2f1Qk/Tm_sh2tTmQI/AAAAAAAAA88/RGjkHuU3qpY/s320/Imagen%2Bblog%2B078i.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;X.- El Mercado Central de Frutos&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Fue la barraca más grande del mundo. Estaba en Avellaneda. Su construcción comenzó en junio de 1887 y funcionó hasta 1963; tras su cierre, todo el conjunto fue demolido. Hoy casi no queda rastro alguno de que alguna vez estuviera allí. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 213px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651996230370896546" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-yugZkepX1YA/Tm_soD8aqqI/AAAAAAAAA9E/-ZCEFFW1XRE/s320/Imagen%2Bblog%2B078j.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8901913973435111910?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8901913973435111910/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8901913973435111910' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8901913973435111910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8901913973435111910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/09/viejas-postales-de-cosas-que-ya-no.html' title='Viejas postales de cosas que ya no existen'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-DX5u_JBJWw0/Tm_r4aZZdEI/AAAAAAAAA70/TpfUgBwZ6Q8/s72-c/Imagen%2Bblog%2B078a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5087058335408649839</id><published>2011-09-01T19:47:00.012-03:00</published><updated>2011-09-01T20:05:09.177-03:00</updated><title type='text'>El mendigo Raúl Grigeras</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-AAbIh2p4ecA/TmAOKzxII2I/AAAAAAAAA7M/GI4psGLrZnE/s1600/Imagen%2Bblog%2B077a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 167px; FLOAT: left; HEIGHT: 228px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5647529511580345186" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-AAbIh2p4ecA/TmAOKzxII2I/AAAAAAAAA7M/GI4psGLrZnE/s320/Imagen%2Bblog%2B077a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Ángel Bassi —compositor de la Guardia Vieja, autor de &lt;em&gt;El Canillita&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Pipiolo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Fray Mocho&lt;/em&gt; y otros tangos poco visitados— publicó en una oportunidad &lt;em&gt;El Negro Raúl&lt;/em&gt;, “séptimo tango criollo para piano” según la calificación de su partitura. Esta obra se halla comprometida con el olvido, opacada por la presencia mucho más poderosa del otro agente: el homenajeado, el propio Negro Raúl. Un personaje típico, víctima de una Buenos Aires que cada tanto se vuelve cruel.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;I.-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Reducido en su condición de persona hasta quedar apenas como un charro objeto decorativo, Raúl Grigeras habitaba la esquina de Corrientes y Esmeralda con la misma fortuna que podrían tener allí un maniquí o un afiche.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Había nacido hacia 1886. No se saben ni la fecha exacta ni el lugar, aunque él aseguraba provenir de una buena familia de los barrios del Sur. Mencionaba un padre organista, activo en la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat. Esta ascendencia nebulosa alcanzó a su propio apellido, tambaleante entre Grigera, Grijera, Grigeras o Grijeras; puede optarse por la forma &lt;em&gt;Grigeras&lt;/em&gt; por el solo hecho de ser la más repetida, aunque en realidad se lo conoció siempre como el Negro Raúl.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Se instaló en aquella esquina en algún momento de los años diez, en calidad de pordiosero, durmiendo en cualquier hueco y con las comidas sin cumplir. Fue casi invisible hasta que una noche lo descubrieron los “niños bien”, los patoteros de alcurnia, ociosos y llenos de fastidio, que lo adoptaron como paje.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;II.-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Al principio, este padrinazgo consistió nada más que en vestirlo con los trajes que sobraban de los guardarropas jailaifes. El Negro Raúl paseaba su mendicante africanidad bajo un vestuario de lujo; su atuendo incluía polainas, guantes, chistera y bastón. Había algo en su figura, algo en todo aquel despliegue grosero, que lo volvía más chabacano y, por consiguiente, más gracioso ante sus protectores.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Comenzaron por el atavío, pero al tiempo ya estaban trasladándole sus actitudes de dandy. No era raro verlo pasear por la calle Florida del brazo de algún joven patricio; esta yuxtaposición, más algunas bufonadas circunstanciales, se compraban con una levita usada o con un almuerzo decente. El pobre Negro Raúl se había convertido en un profesional de lo grotesco.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Estaban de moda los viajes a París por snobismo; el Negro Raúl fue arrastrado por un grupito que lo llevó a disfrutar de la limosna en la Ciudad-Luz. Hasta qué punto debió rebajarse para complacer a sus mecenas, es cosa que nadie divulgó; él hacía cualquier cosa a cambio de una pechera nueva, de una corbata con monograma ajeno.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Una vez lo pasearon por la Avenida de Mayo con un cartel que decía “Se Alquila”. Al igual que Quasimodo coronado, el Negro Raúl sonreía con su desdentada boca y los bendecía, o quizá los perdonaba.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;El colmo fue cuando lo encerraron en un ataúd, lo cargaron en un tren y lo remitieron como “regalo” a unos botarates de Mar del Plata. Cuando emergió medio asfixiado del cajón, estallaron las carcajadas de los patoteros y llovieron las monedas sobre su asustado rostro bantú.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-LwRX0cTaKf8/TmAL3K9UA4I/AAAAAAAAA7E/n_idXzq1cpY/s1600/Imagen%2Bblog%2B077b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 245px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5647526975184831362" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-LwRX0cTaKf8/TmAL3K9UA4I/AAAAAAAAA7E/n_idXzq1cpY/s320/Imagen%2Bblog%2B077b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;III.-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Llegó a ser un personaje de historieta: la revista &lt;em&gt;El Hogar&lt;/em&gt; editó una con su nombre a partir de 1916, dibujada por Arturo Lanteri, en donde se le adjudicaban situaciones tan pintorescas como ficticias.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero cuando bajaron las cotizaciones de vacas y cereales, con ellas descendió la generosidad de los hijos de estancieros. Descendió, es verdad; y tanto, que se esfumó por completo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;El ocaso del Negro Raúl fue rápido. Primero debió vender alguna chaqueta; luego, su sombrero; más tarde, sus botines. Poco después ya estaba vistiendo de nuevo su conocida indumentaria de menesteroso, aunque guardaba algunos elementos de aquel prestado abolengo de antaño: los giros presumidos de su conversación, un anillo barato y aparatoso.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Contaba su historia a cambio de un vaso de vino, en estaños progresivamente sucios y ante públicos cada vez más toscos. Había sido el entretenimiento de la alta sociedad; ahora era la burla de cualquier patán con diez centavos para pagarle un moscato. Empezó a deambular de callejón en callejón, hablando solo y sufriendo prematuras alucinaciones. Cuando dejaba el Centro para aventurarse por algún barrio, los chicos lo corrían a pedradas. Entonces, preso de una súbita vergüenza, desaparecía por algún tiempo y se lo daba por muerto: los periódicos más de una vez publicaron su necrológica, seguida a los pocos días de una rectificación.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tras una hipérbole de treinta años, durante los cuales no fue noticia, el Negro Raúl falleció de verdad y para siempre el 9 de agosto de 1955 en la colonia psiquiátrica “Dr. Domingo Cabred”, de Open Door. Nadie reclamó sus restos, que fueron arrojados a una fosa común.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5087058335408649839?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5087058335408649839/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5087058335408649839' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5087058335408649839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5087058335408649839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/09/el-mendigo-raul-grigeras.html' title='El mendigo Raúl Grigeras'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-AAbIh2p4ecA/TmAOKzxII2I/AAAAAAAAA7M/GI4psGLrZnE/s72-c/Imagen%2Bblog%2B077a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7704255160979784009</id><published>2011-08-15T21:46:00.004-03:00</published><updated>2011-08-15T21:51:28.634-03:00</updated><title type='text'>Breve antología de textos de magia en papiros griegos (siglos I a. C. al IV d. C.)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-6hSwaPJPWN0/Tkm-dXPPqNI/AAAAAAAAA60/FNQzY1HClws/s1600/Imagen%2Bblog%2B076a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 154px; FLOAT: left; HEIGHT: 224px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5641249419921696978" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-6hSwaPJPWN0/Tkm-dXPPqNI/AAAAAAAAA60/FNQzY1HClws/s320/Imagen%2Bblog%2B076a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Para que una mujer, mientras duerme, confiese el nombre del que ama:&lt;/strong&gt; “Pon bajo sus labios o sobre su corazón una lengua de pájaro y pregúntale, y dirá su nombre tres veces” (Papiro LXIII).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Práctica jocosa:&lt;/strong&gt; “Para que los hombres que beben en un banquete les parezcan a los que están fuera hocicos de asno, toma de noche la mecha de la lámpara y mánchala con sangre de asno; pon la mecha nueva en una lámpara nueva y enciéndela para los que beben” (Papiro XI, B).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Vaso sumamente maravilloso:&lt;/strong&gt; “La fórmula pronunciada sobre el vaso dila siete veces: &lt;em&gt;Tú eres vino; no eres vino, sino la cabeza de Atenea. Tú eres vino; no eres vino, sino las entrañas de Osiris, las entrañas de Iao, Pacerbet; Semesilam ōōō ē patachna iaaa. En el momento en que entres en las entrañas de fulana, haz que me ame a mí, fulano, todo el tiempo de su vida&lt;/em&gt;” (Papiro VII, 34).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Conjuro de la maga Sira:&lt;/strong&gt; “Conjuro de Sira de Gádara contra todo tipo de quemaduras. El iniciado en los misterios se quemó, se quemó en el monte más alto. Siete fuentes de lobos, siete osos, siete leones. Siete muchachas de ojos oscuros sacan agua con cántaros oscuros y apagan un fuego inextinguible” (Papiro XX).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Medio de saber mediante un dado si alguien vive o si murió:&lt;/strong&gt; “Así: Haz que el interesado realice el cálculo en el plato. Que lo llene de agua; añade tú a la cifra que haya salido el número 612, que es el nombre de dios, esto es Zeus, y que reste de esta suma el número 353, que es el nombre de Hermes. Pues bien, si se encuentra una cifra par en el dado, vive; en caso contrario, ha muerto” (Papiro LXII, 2).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Petición de sueños:&lt;/strong&gt; “Escribe con tinta de mirra en un papiro puro: &lt;em&gt;Te invoco a ti, el que ilumina todo el mundo habitado y no habitado, cuyo nombre tiene treinta letras, en el que se encuentran las siete vocales con las cuales a todo dais nombres. Dioses poderosos, vaticinadme, señores, sobre tal asunto con firmeza y por medio del recuerdo. Señores de la fama, vaticinadme sobre tal asunto esta noche&lt;/em&gt;” (Papiro VII, 39).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-lhMCjDZTAh4/Tkm-SldBY9I/AAAAAAAAA6s/PM7AH7Jk7_o/s1600/Imagen%2Bblog%2B076b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 180px; FLOAT: right; HEIGHT: 266px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5641249234759017426" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-lhMCjDZTAh4/Tkm-SldBY9I/AAAAAAAAA6s/PM7AH7Jk7_o/s320/Imagen%2Bblog%2B076b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Práctica para dominar la sombra:&lt;/strong&gt; “Después de hacer una ofrenda consistente en harina de trigos, moras maduras, sésamo y hierbas que no han tocado el fuego, añádele acelgas y serás el dueño de tu propia sombra, de tal manera que se pondrá a tu servicio” (Papiro III, 8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Encantamiento amoroso:&lt;/strong&gt; “Nombre de Afrodita que nadie conoce inmediatamente. Neferieris [de hermosos ojos]: éste es el nombre. Si quieres conseguir una mujer hermosa, purifícate durante tres días, ofrece incienso invocando sobre él este nombre, y acercándote a la mujer dirás en tu interior siete veces el nombre mientras la miras, y así vendrá a ti. Haz esto durante siete días” (Papiro IV, 10).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Para no concebir:&lt;/strong&gt; “Coge una haba con un insecto y cuélgatela. O toma una haba perforada, átala con piel de mulo y cuélgatela” (Papiro LXIII).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7704255160979784009?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7704255160979784009/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7704255160979784009' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7704255160979784009'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7704255160979784009'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/08/breve-antologia-de-textos-de-magia-en.html' title='Breve antología de textos de magia en papiros griegos (siglos I a. C. al IV d. C.)'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-6hSwaPJPWN0/Tkm-dXPPqNI/AAAAAAAAA60/FNQzY1HClws/s72-c/Imagen%2Bblog%2B076a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-272767239369460121</id><published>2011-08-04T20:16:00.004-03:00</published><updated>2011-08-04T20:18:53.464-03:00</updated><title type='text'>Z Club</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-eVeSvCYYu_g/TjsobY25YxI/AAAAAAAAA5c/SrsCXFUSosQ/s1600/Imagen%2Bblog%2B075a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 257px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5637143809578590994" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-eVeSvCYYu_g/TjsobY25YxI/AAAAAAAAA5c/SrsCXFUSosQ/s320/Imagen%2Bblog%2B075a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Entre las tantas historias mal conocidas que tiene el tango, está la de &lt;em&gt;Z Club&lt;/em&gt;. Siguiendo las referencias que aportaron los primeros cronistas, habría sido fundado por un escribano: el doctor Esteban Benza, a quien Augusto P. Berto ofreciera su tango &lt;em&gt;Don Esteban&lt;/em&gt;. La carátula de la partitura original lo muestra como un respetable letrado ante su severo escritorio; imposible dudar de su circunspección. Entre los primeros afiliados se encontraría un señor Guidobono, quien tres décadas más tarde informaría en una carta a los hermanos Bates que mensualmente aquella institución organizaba bailes exclusivos para sus socios. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con tales elementos es fácil pensar en Z Club como un distinguido círculo de caballeros reunidos en asamblea para debatir actividades mutualistas, que con regularidad ofrecía correctas reuniones danzantes, quizá en beneficio de obras de enjundia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nada más alejado de la realidad. Z Club no era un establecimiento, un lugar físico: era una comunidad reservada a un número preciso de asociados, exactamente cuarenta, entregados a prácticas libertinas. No era la única en Buenos Aires; pero la falta de discreción de sus miembros y un par de tangos dedicados a la cofradía (&lt;em&gt;Atalaya&lt;/em&gt;, de Casalins, y sobre todo &lt;em&gt;Z Club&lt;/em&gt;, de Mendizábal) hicieron de ella la más famosa de tales alianzas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vez por mes, Z Club alquilaba lugares por una noche (por ejemplo el Salón San Martín, de Rodríguez Peña 344; o alguno de los domicilios de María La Vasca) y armaba una milonga, para la que contrataba prostitutas de la más baja categoría. Entre los cuarenta adeptos había hombres de variada extracción social, incluyendo jóvenes de acomodadas familias del patriciado porteño. Un individuo especialmente importante en Z Club era cierto inspector municipal, en cuyo legajo pesaban reiteradas denuncias por chantaje a dueñas de prostíbulos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El baile, por supuesto, era la primera parte de una fiesta escandalosa, donde había de todo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De todo, menos cautela. La información de lo que se hacía puertas adentro empezó a filtrarse. Hacia 1905 algunos periódicos puritanos ya acusaban a Z Club de lo que en verdad era —una hermandad depravada— y esto significó el comienzo del fin. Cabe preguntarse cómo hicieron los periodistas defensores de la moral y las buenas costumbres para obtener ciertos datos con lujo de detalles; pero este es otro asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-272767239369460121?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/272767239369460121/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=272767239369460121' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/272767239369460121'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/272767239369460121'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/08/z-club.html' title='Z Club'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-eVeSvCYYu_g/TjsobY25YxI/AAAAAAAAA5c/SrsCXFUSosQ/s72-c/Imagen%2Bblog%2B075a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3686293887736669605</id><published>2011-07-21T19:52:00.008-03:00</published><updated>2011-07-21T19:57:26.725-03:00</updated><title type='text'>Corrección de un paisaje</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ACfvYfAt68o/TiiuEoBoyjI/AAAAAAAAA40/s8xgn6fjYFM/s1600/Imagen%2Bblog%2B074a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 122px; FLOAT: left; HEIGHT: 170px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5631942728513800754" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-ACfvYfAt68o/TiiuEoBoyjI/AAAAAAAAA40/s8xgn6fjYFM/s320/Imagen%2Bblog%2B074a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La señorita Mora, casi invisible en la Capital, destacaba un poco más en San Andrés de Giles. Había viajado solo para tener un fin de semana diferente; eligió el destino tras leer algo en el diario y luego le buscó justificación: ella misma terminó creyendo que deseaba conocer la Cruz del Obispo Escalada y un busto de Mitre que, según pudo enterarse, fue el primero que hubo en el país. Llegó al pueblo el viernes por la noche y se alojó en un hotel improvisado en la parte trasera de una imprenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las pocas y deprimentes habitaciones rodeaban un patio; al asomarse con las primeras luces del sábado, Mora comprobó que este patio era como el de una casa cualquiera. El cuarto de enfrente tenía su puerta abierta: no era otro dormitorio, sino un desván. Mora decidió inspeccionarlo. Desde afuera no se veía nada interesante (un colchón arrollado, una jaula herrumbrada, latas de pintura y pinceles secos e irrecuperables, el cuadro que alguna vez se compró en una mueblería, etcétera); pero un atado de revistas amarillentas atrajo un poco más su curiosidad y entró. Eran viejos ejemplares de &lt;em&gt;Leoplán&lt;/em&gt;. ¿Y si se los pidiera al hotelero? Seguramente habría de regalárselos, aunque debía ser cauta y disimular que anduvo metiendo las narices donde no le correspondía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mora se dio vuelta y salió del cuarto de los cachivaches. Pero al segundo paso cayó en la cuenta de que no estaba otra vez en el patio del hotel de la imprenta. Frente suyo tenía las rocas y la gris arena de una costa escarpada; más allá de la costa estaba el mar. &lt;/div&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3686293887736669605?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3686293887736669605/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3686293887736669605' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3686293887736669605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3686293887736669605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/07/correccion-de-un-paisaje.html' title='Corrección de un paisaje'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ACfvYfAt68o/TiiuEoBoyjI/AAAAAAAAA40/s8xgn6fjYFM/s72-c/Imagen%2Bblog%2B074a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8141694662608348602</id><published>2011-07-07T21:06:00.004-03:00</published><updated>2011-07-07T21:10:52.121-03:00</updated><title type='text'>Pequeña antología de frases de oráculos caldeos (siglo II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-RZOlUl05Ces/ThZKiSGjTjI/AAAAAAAAA4E/QOJw3sGY2-0/s1600/Imagen%2Bblog%2B073a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 159px; FLOAT: right; HEIGHT: 146px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5626766737281338930" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-RZOlUl05Ces/ThZKiSGjTjI/AAAAAAAAA4E/QOJw3sGY2-0/s320/Imagen%2Bblog%2B073a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;- Es ley indisoluble de parte de los bienaventurados que [el alma] atraviese de nuevo una vida entre los hombres y no en los animales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando veas el fuego sacratísimo brillar sin forma, a saltos, en los abismos de todo el mundo, escucha la voz del fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hombre, ¡eres un artificio de naturaleza audaz!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No aumentes el destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El Padre de los dioses y de los hombres ha colocado el intelecto en el alma, pero a nosotros en un cuerpo perezoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El Padre no inspira temor, sino que infunde persuasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A algunos ha concedido comprender, por el estudio, el símbolo de la luz; a otros, incluso mientras duermen, los ha hecho fructificar con su poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nunca cambies los nombres extranjeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los bienaventurados están prestos [para atender] al mortal que se demora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Las cosas divinas no son accesibles a los mortales que piensan según el cuerpo, sino a cuantos desnudos se apresuran hacia las alturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Las fieras terrestres fijarán morada en tu vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No pongas en tu mente las inmensas medidas de la tierra, porque no [existe] planta verdadera en la tierra. Tampoco midas la dimensión del sol juntando reglas: él se mueve por voluntad eterna, no por tu causa. Desatiende el silbido de la luna: ella corre siempre por obra de necesidad. La procesión astral no ha sido engendrada en tu favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Para quien comprende es alimento lo inteligible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No evoques la imagen directamente visible de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Del seno de la tierra se lanzan perros terrestres que jamás muestran un signo verdadero a un mortal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La naturaleza invita a creer que los demonios son puros, y que los vástagos de la materia mala son útiles y nobles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que te alimente una esperanza cargada de fuego. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8141694662608348602?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8141694662608348602/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8141694662608348602' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8141694662608348602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8141694662608348602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/07/pequena-antologia-de-frases-de-oraculos.html' title='Pequeña antología de frases de oráculos caldeos (siglo II)'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-RZOlUl05Ces/ThZKiSGjTjI/AAAAAAAAA4E/QOJw3sGY2-0/s72-c/Imagen%2Bblog%2B073a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5539418267047467141</id><published>2011-06-22T20:25:00.007-03:00</published><updated>2011-06-22T20:32:16.015-03:00</updated><title type='text'>El Nobel de Literatura en las calles porteñas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La nomenclatura porteña tuvo cierta generosidad con los literatos. Nuestras calles los recuerdan: decenas de nombres de novelistas, cuentistas, poetas, dramaturgos, críticos y ensayistas se desparraman sobre el mapa de la ciudad; la mayoría de las veces, con plena justificación. Pero curiosamente los ediles se han mostrado apáticos con aquellos escritores que alguna vez recibieran el premio Nobel. Ni siquiera hay una calle para quien instituyera el premio. El mismísimo Alfred Nobel recibió su tardío homenaje local en 1972, pero en forma de plaza; una plaza prácticamente secreta de Parque Chas. ¿Qué fue de las calles en memoria de los Nobel de Literatura? Históricamente apenas hubo tres, y hoy solo queda una… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-LtLNBCCGcws/TgJ6M_Y25JI/AAAAAAAAA3E/8kwi73yin6A/s1600/Imagen%2Bblog%2B072a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 235px; FLOAT: left; HEIGHT: 312px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621189648504513682" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-LtLNBCCGcws/TgJ6M_Y25JI/AAAAAAAAA3E/8kwi73yin6A/s320/Imagen%2Bblog%2B072a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La primera: José Carducci, como homenaje al laureado de 1906. Se trata de la acual y casi escondida Victoriano E. Montes, en el barrio de Saavedra. Giosuè Carducci (1835-1907), autor de las &lt;em&gt;Odas bárbaras&lt;/em&gt;, fue elegido por unanimidad; un caso atípico en la historia de los premios Nobel, aunque luego habría de cuestionarse que, por elegirlo, aquel año se pasó por alto a Mark Twain, a Rainer Maria Rilke y a Henry James (quienes nunca habrían de recibir Nobel alguno). Fuera de Italia, Carducci solo fue popular en la Argentina; evaporada esta fama, en 1944 un decreto lo borró. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-ikr_esTScqc/TgJ6Rem2dxI/AAAAAAAAA3M/jkNHWDUxefc/s1600/Imagen%2Bblog%2B072b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 235px; FLOAT: left; HEIGHT: 312px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621189725604181778" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-ikr_esTScqc/TgJ6Rem2dxI/AAAAAAAAA3M/jkNHWDUxefc/s320/Imagen%2Bblog%2B072b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;También desapareció Benavente, el Nobel de 1922. Ya que no en la literatura, al menos en la topografía porteña Benavente era vecino de Carducci: era su calle paralela. Jacinto Benavente y Martínez (1866-1954) obtuvo el galardón luego de que la Academia ignorara a James Joyce (&lt;em&gt;“¿Joyce? ¿Quién es Joyce?”&lt;/em&gt;, respondió un secretario en 1946, cuando alguien consultó acerca de esta omisión). Y como pasó con Carducci, también en 1944 a Benavente también se le cambió el nombre, aunque por un decreto distinto. Hoy Benavente se llama Juan Sebastián Bach. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Z3qlIWlgn7M/TgJ6Usw1cZI/AAAAAAAAA3U/4RD2YE_ee1I/s1600/Imagen%2Bblog%2B072c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 235px; FLOAT: left; HEIGHT: 314px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621189780943761810" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-Z3qlIWlgn7M/TgJ6Usw1cZI/AAAAAAAAA3U/4RD2YE_ee1I/s320/Imagen%2Bblog%2B072c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Mejor suerte tuvo Gabriela Mistral, premiada en 1945. Su calle, que atraviesa Villa Devoto y Villa Pueyrredón, era antes Tequendama, que evocaba la gran cascada de Colombia. Por una ordenanza de 1961 se sustituyó este nombre por el de Mistral, pseudónimo de la poeta chilena Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga (1889-1957). Su premio esconde detrás una historia “política”. Los candidatos firmes para aquel año eran Jules Romains, Benedetto Croce y Hermann Hesse; pero un miembro del jurado, entusiasmado por los versos de Mistral, los trasladó al sueco para presionar a favor suyo. Resultó elegida: no podían desairar al académico traductor… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y con ella, tan temprano, se cierra la lista de los Nobel de Literatura en las calles de nuestra ciudad. Nunca hubo una avenida Kipling, ni un pasaje Tagore, ni un boulevard France. Tampoco existió una calle Pirandello, una cortada Hemingway o una diagonal Neruda. Jamás alguien pudo leer en Buenos Aires chapas enlozadas de color azul con los apellidos Bergson, Mann, Gide, Beckett o Shaw. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al momento de escribir estas líneas, más de cien autores fueron premiados con el Nobel desde aquel lejano primer otorgamiento de 1901 (a Sully-Prudhomme). Algunos, francamente discutibles; otros, en cambio, bien merecidos. Estos últimos, ¿dónde están? Argentinos, ya sabemos que no hubo; pero no importa: tampoco se demostró una gran solidaridad con la América hispana, ni con el idioma en general. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que también faltan varios otros nombres destacados de nuestra historia, nuestras artes y nuestras ciencias. La ausencia de los Nobel ha sido, en todo caso, un descuido literario. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;(Publicado originalmente en Fervor x Buenos Aires: &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://fervorxbuenosaires.com/"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;http://fervorxbuenosaires.com&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5539418267047467141?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5539418267047467141/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5539418267047467141' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5539418267047467141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5539418267047467141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/06/el-nobel-de-literatura-en-las-calles.html' title='El Nobel de Literatura en las calles porteñas'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-LtLNBCCGcws/TgJ6M_Y25JI/AAAAAAAAA3E/8kwi73yin6A/s72-c/Imagen%2Bblog%2B072a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7822982541524104436</id><published>2011-06-09T20:51:00.011-03:00</published><updated>2011-06-09T21:14:06.690-03:00</updated><title type='text'>El cinematografista Mario Gallo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Jn9rc4U9n4M/TfFeeQ9qHNI/AAAAAAAAA2I/sdMX3Bz2caE/s1600/Imagen%2Bblog%2B071a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 235px; FLOAT: left; HEIGHT: 306px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616374084350385362" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-Jn9rc4U9n4M/TfFeeQ9qHNI/AAAAAAAAA2I/sdMX3Bz2caE/s320/Imagen%2Bblog%2B071a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Quien tenga en sus manos un ejemplar de la primera edición de la partitura de &lt;em&gt;Sacáme una película, gordito!...&lt;/em&gt;, tango criollo de Ángel G. Villoldo, pasará buen rato observando la escena dibujada en su carátula: un compadrito estereotipado, en actitud desafiante, frente a una cámara filmadora montada sobre un trípode; operándola, está un hombre bajo y obeso, de simpático moño y bombín. No interesa el primer sujeto, que fue puesto solo para emitir el título del tango; importa el otro, el oblongo &lt;em&gt;régisseur&lt;/em&gt; tras la cámara, pues a él remite la dedicatoria de Villoldo: el italiano Mario Gallo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-HxVcws5CUI4/TfFd7aPC4nI/AAAAAAAAA1w/JfaZmlWjt_4/s1600/Imagen%2Bblog%2B071b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 211px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616373485543809650" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-HxVcws5CUI4/TfFd7aPC4nI/AAAAAAAAA1w/JfaZmlWjt_4/s320/Imagen%2Bblog%2B071b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;1. En el principio.&lt;/strong&gt; Gallo nació el 31 de julio de 1878 en Barletta, un pueblo de Puglia; y arribó a la Argentina en 1905, cuando Buenos Aires comenzaba a vivir su &lt;em&gt;belle époque&lt;/em&gt; cuya mejor postal era la Avenida de Mayo. Diez años de vida tenía el cine en su Europa natal; él nunca se había motivado por el nuevo arte, y quizá lo desdeñaba: su mundo era el teatro, y de hecho llegaba al Plata como director del coro de una compañía de operetas. Algo lo llevó a quedarse, tomando un empleo como pianista de café. Una noche conoció a un paisano suyo, Atilio Lipizzi, que había sido electricista en los montajes espectaculares que hacía un mágico artista cuyo nombre alcanzaría luego resonancias de leyenda: Leopoldo Frégoli. Una de las tareas de Lipizzi había sido operar un aparato llamado “fregolígrafo”, que pieza por pieza era exactamente un proyector cinematográfico como el de los Lumière (Frégoli lo usaba como complemento de sus presentaciones, por lo que entendió que tenía derecho a darle su nombre). La experiencia de Lipizzi era más que suficiente en América del Sur para pasar por “conocedor” del tema, y convenció a Gallo de que era posible trasladar el teatro al cine. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los inicios de Gallo resultan hoy tan difusos que prácticamente todos los historiadores optan por saltear los intentos que sin duda debieron existir, diciendo en conclusión que su primera película fue la más conocida: &lt;em&gt;El fusilamiento de Dorrego&lt;/em&gt;, filmada en 1909 y estrenada al año siguiente. Actuaban en ella Salvador Rosich, Eliseo Gutiérrez y Roberto Casaux, hombres de gran prestigio en la escena que apoyaban la pretensión de Gallo por hacer un &lt;em&gt;film d’art&lt;/em&gt; a la criolla. Siguiendo el modelo francés, probablemente inspirado por películas como &lt;em&gt;L’assassinat du Duc de Guise&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;La tour de Londres et les dernières moments d’Anne Boleyn&lt;/em&gt;, Gallo tomó un episodio histórico que pudiera ser teatralizado, desembolsó quinientos pesos y con ellos hizo &lt;em&gt;El fusilamiento de Dorrego&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Años después diría Leopoldo Torres Ríos: “El público se enteraba que había tal fusilamiento porque así lo decía el título…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-OCuHPzkgvmU/TfFeALciwTI/AAAAAAAAA14/Qr_ZZpD30sE/s1600/Imagen%2Bblog%2B071c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 240px; FLOAT: left; HEIGHT: 176px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616373567473238322" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-OCuHPzkgvmU/TfFeALciwTI/AAAAAAAAA14/Qr_ZZpD30sE/s320/Imagen%2Bblog%2B071c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;2. Una producción tenaz.&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;El fusilamiento de Dorrego&lt;/em&gt; fue el comienzo de una serie de cuadros históricos, continuada por las no menos escolares &lt;em&gt;Güemes y sus gauchos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La Revolución de Mayo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La Batalla de Maipú&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El Combate de San Lorenzo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La creación del Himno&lt;/em&gt;, etcétera. No había lugar para el revisionismo o la crítica; se iba a lo seguro, a lo oficial, y lo más comprometido apenas fue una olvidada adaptación de la tragedia de Camila O’Gorman. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Gallo dirigió a Enrique Muiño en el primer &lt;em&gt;Juan Moreira&lt;/em&gt; de la pantalla, y para el papel principal de &lt;em&gt;Tierra baja&lt;/em&gt; convocó nada menos que a Pablo Podestá. &lt;em&gt;Muerte civil&lt;/em&gt;, basada en el drama de Giacometti, parece haber sido la cinta de mayor interés de cuantas rodó Gallo; en su estreno estaba el actor Giovanni Grasso, de paso por Buenos Aires, quien se sintió insólitamente impactado y volvió a Italia decidido a hacer cine, luego de renegar de él durante años: terminó protagonizando una de las mejores películas mudas de su país. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después Gallo decidió filmar un tríptico operístico consistente en arias de &lt;em&gt;Cavalleria Rusticana&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;I Pagliacci&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Tosca&lt;/em&gt;; a la hora de exhibirlo, cantores y músicos ocultos tras la pantalla le darían el marco sonoro conveniente. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las inversiones eran cada vez mayores, obteniendo resultados que en lo artístico eran limitados y que en lo financiero tendían a la bancarrota. Y sin embargo continuaba apostando fuerte: con estudio y laboratorio propios (identificados por un logotipo que, como el de la compañía Pathé, consistía en un gallo), en 1917 lanzó &lt;em&gt;Palermo&lt;/em&gt;, en 1918 &lt;em&gt;En un día de gloria&lt;/em&gt;, y en 1919 &lt;em&gt;En buena ley&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El público iba a ver sus películas y él mismo se había convertido en un tipo popular (el tango de Villoldo así lo testimonia), pero las recaudaciones no alcanzaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-z3Ydb5Pkox0/TfFeEowy5NI/AAAAAAAAA2A/pH25qREUK1k/s1600/Imagen%2Bblog%2B071d.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 246px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616373644062287058" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-z3Ydb5Pkox0/TfFeEowy5NI/AAAAAAAAA2A/pH25qREUK1k/s320/Imagen%2Bblog%2B071d.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;3. Su capacidad de expresión.&lt;/strong&gt; La aureola de “pionero del cine nacional” ha servido para que las crónicas eviten un juicio imparcial sobre su obra, cuando lo cierto es que las películas de Gallo fueron imperdonables. Para finales de los años diez el cine ya estaba bastante avanzado; sería falaz disimular lo primitivo de la obra de Gallo solo porque en la Argentina no había otra cosa que pudiera superarla. En el mundo ya estaban &lt;em&gt;The Birth of a Nation&lt;/em&gt; de Griffith, &lt;em&gt;Das Kabinett des Doktor Caligari&lt;/em&gt; de Wiene, un par de obras maestras de Sjöström, miles de producciones con el ritmo ágil del montaje norteamericano, los primeros planos de Stiller, los juegos de luces y sombras expresionistas… Gallo desatendía todo esto, y en su equívoco concepto de lo “culto” prefería una cámara fija que filmase ópera, con un telón pintado de fondo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A partir de 1920 emitió las “Actualidades Gallo Film”, noticiario que luego de su éxito inicial de a poco fue perdiendo regularidad, hasta su cancelación definitiva sin que nadie lo extrañara demasiado. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;Murió en 1945. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7822982541524104436?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7822982541524104436/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7822982541524104436' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7822982541524104436'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7822982541524104436'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/06/el-cinematografista-mario-gallo.html' title='El cinematografista Mario Gallo'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Jn9rc4U9n4M/TfFeeQ9qHNI/AAAAAAAAA2I/sdMX3Bz2caE/s72-c/Imagen%2Bblog%2B071a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-919511250003490017</id><published>2011-05-27T20:11:00.003-03:00</published><updated>2011-05-27T20:14:43.190-03:00</updated><title type='text'>El norte, el sur</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-d9S3bEKQmpY/TeAv59vVRqI/AAAAAAAAA1U/lQDr8kXdSjk/s1600/Imagen%2Bblog%2B070a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 289px; FLOAT: right; HEIGHT: 211px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5611537808575776418" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-d9S3bEKQmpY/TeAv59vVRqI/AAAAAAAAA1U/lQDr8kXdSjk/s320/Imagen%2Bblog%2B070a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Fue en una milonga suburbana que me advirtieron sobre cierta rivalidad entre los estilos “del norte” y “del sur”. Quien más, quien menos, todos los bailarines han oído hablar de ella y son muchos los que reconocen que ambas corrientes están enfrentadas; alguien los ha aleccionado durante sus primeros pasos hasta conseguir que terminen inscriptos en uno u otro bando. He llegado a oír desprecios recíprocos, bastante crueles por cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconozco las más elementales reglas de la coreografía, por lo que soy del todo indigno para opinar sobre esta cuestión de estilos; sin duda es por esta ignorancia que veo más o menos lo mismo en cualquier punto cardinal. Aún así me permito sospechar que no existe una clara definición de qué es el “norte” y qué es el “sur”; y nadie (que yo sepa) se ha preocupado por analizar el origen de semejante rencor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0WRTiAaC9eQ/TeAwDuzknrI/AAAAAAAAA1c/w2MIR3WsV8c/s1600/Imagen%2Bblog%2B070b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 282px; FLOAT: left; HEIGHT: 221px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5611537976365719218" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-0WRTiAaC9eQ/TeAwDuzknrI/AAAAAAAAA1c/w2MIR3WsV8c/s320/Imagen%2Bblog%2B070b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Tengo delante de mí el mapa de la ciudad de Buenos Aires levantado en 1892 por Pablo Ludwig. Conviene esta antigualla porque es de la época en que florecían muchos lugares de baile. Pues bien; la orientación del plano sugiere que el cartógrafo ya tomaba como eje “natural” de la traza urbana a la Avenida de Mayo y su prolongación en Rivadavia. Así, en dirección al Plata todo es norte, mientras que hacia el Riachuelo todo es sur. El Retiro, Palermo, Villa Alvear, el partido de Belgrano: todo eso es norte. Sur sería San Telmo, la Boca, ambas Barracas, buena parte de San José de Flores, y una lejana Villa del Riachuelo que por su posición pareciera ser una “terra incognita”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reitero que esto corresponde a la última década del siglo XIX, cuando los bailongos estaban en plena consolidación. Y quizá fue entonces cuando se originó la diferencia entre norte y sur; sin que surgieran este, oeste, sudeste, nordeste, etcétera, por la sencilla razón de que en el complejo entramado porteño los otros ejes no aparecían tan claros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, cabe preguntarse si en aquellos años para el baile existiría otra oposición además de la topográfica. Lamento no estar en condiciones de ofrecer una respuesta. En la actualidad puede apoyarse o denostarse a un bailarín diciendo de él que “baila como en el norte”, pero por norte hoy se entiende Villa Urquiza: en 1890 el norte ya eran las Catalinas, cuyos bailes no debían tener virtudes muy diferentes de los que estaban sobre la calle Alsina (estricto sur, si atendemos a esa línea divisoria que significaba la Avenida de Mayo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probablemente al principio era nada más que un tema de límites arbitrarios el hecho de que un baile fuera del norte o del sur. Tal vez la discordia llegó luego, en tiempos de una ciudad más expandida, cuando las idiosincrasias de cada barrio quedaron separadas por distancias más generosas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-919511250003490017?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/919511250003490017/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=919511250003490017' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/919511250003490017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/919511250003490017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/05/el-norte-el-sur.html' title='El norte, el sur'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-d9S3bEKQmpY/TeAv59vVRqI/AAAAAAAAA1U/lQDr8kXdSjk/s72-c/Imagen%2Bblog%2B070a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8521916829506910602</id><published>2011-05-13T14:36:00.009-03:00</published><updated>2011-05-13T14:41:23.398-03:00</updated><title type='text'>Mi experiencia castrense</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-UD5CC0Me9F8/Tc1sZ1o1VbI/AAAAAAAAA0M/c6dpv8LzHmU/s1600/Imagen%2Bblog%2B069b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 242px; FLOAT: left; HEIGHT: 204px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5606256302297011634" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-UD5CC0Me9F8/Tc1sZ1o1VbI/AAAAAAAAA0M/c6dpv8LzHmU/s320/Imagen%2Bblog%2B069b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;En 1987 llegó el momento de que yo hiciera el servicio militar. Recordemos que en aquel tiempo era obligatorio para nosotros, los varones de dieciocho años de edad; éramos reclutados por sorteo y luego, tras la revisación médica que certificaba nuestra aptitud, mediante un sistema de cupo variable éramos distribuidos entre las tres fuerzas armadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si algo yo tenía en claro entonces, era que no quería ir a vestir un uniforme de fajina y andar haciendo saltos de rana, paso ligero y todo eso a lo que, por puro eufemismo, llamaban “instrucción”. Francamente no me veía montando guardias, ni limpiando el cuartel, ni saludando con la venia a un mero subteniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que se aproximaba la fecha del sorteo para la conscripción, empecé a prestar atención a los comentarios de la gente mayor. Escuchaba tonterías tales como que allí aprendería “a ser hombre” (¿cómo, y qué había sido yo hasta entonces?), y que por fin iría a servir a la Patria (¿barriendo la comandancia?). La mayoría de los comentarios favorables hacia el servicio provenían, claro está, de personas que jamás lo habían hecho; o de viejos que ya tenían una visión deformada hacia el romanticismo. En todo caso, el sueño de cualquier pibe en su sano juicio era sacar un número de sorteo bajo. No sabíamos con precisión cuál era el límite, pero calculábamos que más o menos habrían de salvarse los que sacaran hasta el 400; de ahí en más, los primeros números se destinarían a infantería, los siguientes a aeronáutica y el resto a la marina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana que distribuyeron a la “clase 69” (es decir, a los nacidos en 1969) éramos muchos en el aula del colegio, reunidos con permiso del profesor en torno a una radio portátil. El locutor de la lotería primero decía la últimas tres cifras del número de documento de identidad (“número de orden”) y a continuación informaba lo que había extraído del bolillero (“sorteo”). A veces podía darse una situación confusa, con lo que se detenía el sorteo (el locutor decía “¡rectifico…!”), y se volvían a cantar algunos números.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó el acto. Poco a poco se acercaba el turno de mi documento. Mi mala suerte habitual me hacía suponer que como mínimo habría de tocarme ser paracaidista en la Antártida. Ciertos compañeros iban cayendo víctimas del azar y otros festejaban tras verse favorecidos; la tensión era, en todo caso, insufrible. Algunos rezaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, quedé frente a frente con la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Número de orden &lt;em&gt;xxx&lt;/em&gt;”&lt;br /&gt;“Sorteo, 264”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Número bajo! ¡Me había salvado! Salí corriendo del aula anunciando la buena nueva a cada alumno, preceptor, profesor o directivo que encontraba. Una chica del bachillerato me abrazó y me dio un beso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, faltaba una cosa más para dejar totalmente atrás esa pesadilla: la revisión médica y la firma del documento por la autoridad militar del distrito. Porque si bien no iría al servicio, de todos modos debía pasar por la revisación. Sin embargo, cuando fui a cumplir con el trámite (en la localidad de Ramos Mejía) me enteré que eran tantos los eximidos que ni siquiera hacía falta que me revisen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, hoy no tengo interminables anécdotas del servicio militar para aburrir al mundo: toda mi experiencia castrense se limitó al día en que fui a que me estamparan el sello de “No Convocado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así me quedó algo que contar: en la fila había un travesti, que iba para que lo exceptuaran. En 1987 esto era tan raro como hallar un gaucho en el Polo Norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora sí, definitivamente, luego de este episodio nada más tengo para decir de mi paso por el ejército.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8521916829506910602?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8521916829506910602/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8521916829506910602' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8521916829506910602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8521916829506910602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/05/mi-experiencia-castrense.html' title='Mi experiencia castrense'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-UD5CC0Me9F8/Tc1sZ1o1VbI/AAAAAAAAA0M/c6dpv8LzHmU/s72-c/Imagen%2Bblog%2B069b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3011961641988205205</id><published>2011-04-29T11:56:00.003-03:00</published><updated>2011-04-29T12:07:47.952-03:00</updated><title type='text'>Breve colección de epitafios antiguos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-7jWsCaWelo8/TbrR37WaYPI/AAAAAAAAAzc/HbzvHChzuMc/s1600/IMG_0001.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 198px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5601019845343338738" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-7jWsCaWelo8/TbrR37WaYPI/AAAAAAAAAzc/HbzvHChzuMc/s320/IMG_0001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;Viminacio, Moesia superior, siglos II-III d. C.:&lt;/em&gt; “Cuando aún vivía Apolonio se hizo este sepulcro, conociendo el carácter olvidadizo de los herederos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En un mármol de procedencia desconocida, hoy en Atenas, siglo VI a. C.:&lt;/em&gt; “Contempla el sepulcro que guarda muerto a Cleeto, el hijo de Menesecmo, y compadécete: con todo lo bueno que era, murió.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ceos, siglos IV-V d. C.:&lt;/em&gt; “No es lícito que me saques fuera de mi morada.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Escitópolis, Palestina, siglos II-III d. C.:&lt;/em&gt; “Adiós, vosotros que vais por el camino. Aquí yazco yo, Sosibio. «Adiós, Sosibio», repetid.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dáulide, Fócide, siglo III a. C.:&lt;/em&gt; “Solo esto es igual para todos los mortales: es voluntad de Zeus que todos mueran y abandonen la luz del sol. Si con plata u oro fuera posible comprar esto, ningún rico descendería al Hades.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Roma, siglo II d. C.:&lt;/em&gt; “Yo, la tumba, me jacto de tener en mi regazo a la prudente Severa.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cícico, Misia, fecha desconocida:&lt;/em&gt; “Si alguien que no sea yo, Unión, deposita aquí a otro, pagará al fisco dos mil quinientos [denarios].”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Capadocia, siglos II-III d. C.:&lt;/em&gt; “Caronte, siempre insaciable, ¿por qué te has llevado de este modo al joven Andrón? ¿No habría sido igualmente tuyo aunque hubiera muerto en la vejez?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Eritrea, siglos VI-V a. C.:&lt;/em&gt; “Aquí, oculto bajo la tierra, reposa Filón, un marinero cuya vida conoció pocas cosas buenas.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pireo, ca. 360 a. C.:&lt;/em&gt; “Lo que no es frecuente en una mujer, ser excelente a la vez que sensata, eso lo alcanzó Glícera.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Roma, siglos II-III d. C.:&lt;/em&gt; “No era, llegué a ser. Era, ya no soy. Así de simple. Y si alguien dice otra cosa, miente: ya no volveré a ser.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cirene, siglos II-III d. C.:&lt;/em&gt; “No era y llegué a ser. No soy y no me importa.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Janto, Licia, siglos I-II d. C.:&lt;/em&gt; “Amazona mandó erigir este altar con su propio dinero en memoria de su marido Víctor. Si alguien lo daña o desentierra deberá pagar al fisco quinientos denarios. Salud, caminantes.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pireo, siglos II-III d. C.:&lt;/em&gt; “Extremadamente veloz es la venganza de los muertos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mitilene, siglos I-II d. C. (?):&lt;/em&gt; “Bajo el campo de Lesbos enterró Balbo a su perra, su servidora y compañera de viajes por el inmenso mar, y rogó que la tierra fuera liviana para la perrita que bajo ella yace. La misma gracia que otorgas a los hombres, concédesela también a los animales.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Astipalea, siglo I a. C.:&lt;/em&gt; “No me traigáis de beber a este lugar: ya bebí cuando vivía. Ni de comer. Me basta con lo que tengo ahora. Todo eso es inútil. En memoria mía, y por la vida que pasé a vuestro lado, traedme azafrán.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Roma, época de Augusto:&lt;/em&gt; “Esto es un campo, una casa, un jardín, una tumba.”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3011961641988205205?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3011961641988205205/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3011961641988205205' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3011961641988205205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3011961641988205205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/04/breve-coleccion-de-epitafios-antiguos.html' title='Breve colección de epitafios antiguos'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-7jWsCaWelo8/TbrR37WaYPI/AAAAAAAAAzc/HbzvHChzuMc/s72-c/IMG_0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7656959486913178015</id><published>2011-04-14T20:13:00.009-03:00</published><updated>2011-04-14T20:19:52.422-03:00</updated><title type='text'>Velódromos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-hveKRwkccPg/Tad_8ckliZI/AAAAAAAAAy0/H7NRAxwMns4/s1600/Imagen%2Bblog%2B067a.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 260px; FLOAT: left; HEIGHT: 185px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5595581738469656978" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-hveKRwkccPg/Tad_8ckliZI/AAAAAAAAAy0/H7NRAxwMns4/s320/Imagen%2Bblog%2B067a.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;Hubo una época en que ciclistas y bailarines compartieron el lugar para mostrar sus habilidades. Esto, &lt;em&gt;a priori&lt;/em&gt;, puede sonar extraño; no lo es tanto si se tiene en cuenta que ambas aficiones coincidían en que eran prácticas de moda con una amplia convocatoria social. Alguien tuvo la feliz ocurrencia de que bicicletas y tangos coexistieran: los sitios eran adecuados, los concurrentes bien podían ser los mismos. Y de esta forma, hacia principios del siglo XX varios velódromos comenzaron a albergar, cuando finalizaba la hora de deporte, la hora de la danza. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El emblemático, el que todos los autores citan, fue el del Parque 3 de Febrero. Había sido concesionado a la Unión Velocípeda Argentina en diciembre de 1899. Su ubicación era a un paso de la estación Palermo (no la actual, sino otra, que ya no existe: la del Ferrocarril Norte de Buenos Aires, que para la época del velódromo ya estaba transferido al Central Argentino), muy cerca del célebre Hansen; y tenía una impresionante capacidad para dos mil personas disputando carreras y otras dos mil alentándolas. Después de la medianoche entraban los músicos: Bazán y Firpo entre ellos, que con un toque de clarín (eso dicen) daban comienzo a la velada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero su fama como lugar de baile duró bien poco: tenía un permiso municipal para ello, pero era un permiso otorgado en forma precaria y a nombre de una entidad cuya personería jurídica pronto expiró. Quien se hizo cargo de las instalaciones no pudo demostrar que los papeles estaban totalmente en regla, y el local terminó clausurado en 1908 luego de muchas recomendaciones de que esto fuese efectivamente cumplido, pues parece que allí se armaban unos batifondos terribles. Al velódromo no iba la runfla de los bailes más modestos; pero es evidente que los desórdenes tenían el mismo calibre en todas partes. Véase al respecto el notable estudio de Hugo Lamas y Norberto Binda: &lt;em&gt;El tango en la sociedad porteña, 1880-1920&lt;/em&gt; (Buenos Aires, 1998). &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otro velódromo porteño donde también se armaron milongas fue el que estuvo en Las Heras y Lafinur, cerca del actual Jardín Botánico. En ocasiones se lo ha confundido con el anterior; este era otro: cercano, pero otro. Entre 1926 y 1938 se lo adaptó para &lt;em&gt;matchs&lt;/em&gt; de boxeo y fue llamado Parque Romano (luego Norte); el edificio acabó demolido en 1973. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hubo aún otro velódromo más con pista de baile junto a la de ciclismo: como tal lo cita el trabajo del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega (&lt;em&gt;Antología del Tango Rioplatense: Desde sus comienzos hasta 1920&lt;/em&gt;, Buenos Aires, 1980). Fue el Belvedere, sobre avenida Alvear 581-599. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7656959486913178015?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7656959486913178015/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7656959486913178015' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7656959486913178015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7656959486913178015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/04/velodromos.html' title='Velódromos'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-hveKRwkccPg/Tad_8ckliZI/AAAAAAAAAy0/H7NRAxwMns4/s72-c/Imagen%2Bblog%2B067a.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8350968090758131410</id><published>2011-04-01T20:33:00.008-03:00</published><updated>2011-04-14T20:19:28.425-03:00</updated><title type='text'>Informe: Imaginería en el cementerio de Tandil</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-5knwMz-gb0A/TZZh9OcCoyI/AAAAAAAAAxk/PFV2XjA-Fuc/s1600/Imagen%2Bblog%2B066a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 156px; FLOAT: right; HEIGHT: 224px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5590763691902673698" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-5knwMz-gb0A/TZZh9OcCoyI/AAAAAAAAAxk/PFV2XjA-Fuc/s320/Imagen%2Bblog%2B066a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La referencia más temprana de dos amuletos extraviados dentro del cementerio municipal de Tandil figura, inesperadamente, en un cuadernillo cuyo tema es la toponimia regional. Se ignora el autor; son treinta y dos páginas impresas en octavo mayor por la casa La Provincia, de Blas Grothe, en 1918. Fuera de la inclinación del cronista anónimo por la etimología &lt;em&gt;thavn-lil&lt;/em&gt; (“piedra que late”) y de una buena descripción del manantial de Gardey, lo más llamativo del folleto es el testimonio de estas imágenes; el paciente y metódico interrogatorio a ciertos volúmenes prácticamente olvidados en la Biblioteca Rivadavia pueden complementar la información. Otra fuente, tan importante como dudosa, es el testimonio de los vecinos. Al respecto, poca gente menor de cincuenta años oyó hablar de la cuestión; los mayores apenas guardan un recuerdo nebuloso y distanciado. Más que una historia apócrifa, parece ser una historia velada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todos coinciden en los detalles básicos. Cada amuleto representa un esqueleto, quizá no en las proporciones adecuadas. Miden alrededor de cinco centímetros. Están tallados en mármol, con la reverencial paciencia que refleja su fino acabado y su lustre piadoso. Surge de inmediato la comparación con el famoso San La Muerte venerado en la zona de Corrientes; pero salvo unas escasas analogías de forma y tamaño, poco guardan en coincidencia. Por ejemplo, nunca se alude a un preso que esculpe, resignado, en la soledad nocturna de su celda. Tampoco se menciona una bendición clandestina en Viernes Santo, ni la plegaria de un desesperado peón de campo que invoca su fuerza de &lt;em&gt;payé&lt;/em&gt;. Estas figuras carecen del fervor provinciano por el santoral no reconocido; están en el cementerio porque sí, porque tienen que estar, obedeciendo a una ley inescrutable. El imaginero anónimo concibió a uno de los esqueletos en mármol blanco y al otro en mármol negro. La adjudicación de poderes a partir del color pareciera tener escasa importancia, porque mientras algunos dicen que el blanco es benéfico y el negro es maligno, hay quien afirma que ambos son idénticamente nefastos. No llevan la guadaña característica de las alegorías de la Parca; tienen, en cambio, una minúscula argolla metálica, herrumbrada ya, adosada a cada calavera. En estos aros aún se perciben grabados unos caracteres hebreos: la letra &lt;em&gt;shin&lt;/em&gt; corresponde al esqueleto blanco, la &lt;em&gt;kof&lt;/em&gt; está en el negro. Esto indujo a creer que deberían existir, en realidad, tres esqueletos; tarde o temprano aparecería el faltante, llevando en su anillo la letra resh. (En el &lt;em&gt;Zohar&lt;/em&gt;, o &lt;em&gt;Libro del esplendor&lt;/em&gt;, se lee que &lt;em&gt;shin&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;kof&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;resh&lt;/em&gt; están asociados para formar la palabra &lt;em&gt;shéquer&lt;/em&gt; [mentira]. Aunque &lt;em&gt;shéquer&lt;/em&gt; es anagrama de &lt;em&gt;késher&lt;/em&gt; [nudo], lo que iniciaría una larga discusión cabalística.)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-dmMajgxO--c/TZZiUZwTLfI/AAAAAAAAAx8/zuymJFNZd64/s1600/Imagen%2Bblog%2B066c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 106px; FLOAT: left; HEIGHT: 160px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5590764090077425138" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-dmMajgxO--c/TZZiUZwTLfI/AAAAAAAAAx8/zuymJFNZd64/s320/Imagen%2Bblog%2B066c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El poder de estos amuletos surge tan solo con encontrarlos, no requiriendo de otros conjuros. El único ritual imprescindible, al decir de la mayoría (discrepa en este sentido Agustina Barrenechea, que no registra tal cosa en su &lt;em&gt;Compilación de supersticiones bonaerenses&lt;/em&gt;, Rauch, 1929), consiste en arrojar el esqueleto lo más lejos posible sin mirar dónde cae. Esta actitud no está debidamente explicada, pero la verdad es que nadie se atrevería a llevar un esqueleto consigo. Ni siquiera el blanco, suponiendo que tuviera efectos positivos. Dar con uno de estos esqueletos es, por lo que antecede, azaroso: al ser tirado a ciegas, puede caer quién sabe donde. Tal vez en una alcantarilla, por la que se perderá definitivamente; o quizá en lo alto de un mausoleo, de donde tardaría decenios en bajar. Una canaleta o un cúmulo de flores podridas pueden significar el fin de la historia. También puede caer fuera del recinto o, peor aún, dar con alguien que desconoce por completo su exigencia y que lo recoge y lo lleva a su casa como una curiosidad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-QHrvq-mVN5Q/TZZiP5S166I/AAAAAAAAAx0/EDpNnIhi_po/s1600/Imagen%2Bblog%2B066b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 106px; FLOAT: left; HEIGHT: 160px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5590764012644461474" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-QHrvq-mVN5Q/TZZiP5S166I/AAAAAAAAAx0/EDpNnIhi_po/s320/Imagen%2Bblog%2B066b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El de Tandil, como muchos cementerios que están en las afueras de las cabeceras de partidos, posee sectores claramente delimitados y que a su modo explican el crecimiento que tuvo la localidad tanto en lo demográfico como en lo económico y hasta en lo estético. Hay amplios cuadros de sepulturas en tierra, con cruces de piedra o metal que a veces exhiben recargadas y caprichosas ornamentaciones: son las más viejas, categóricamente separadas de las nuevas, que tienen mayor discreción de líneas; hay corredores largos con cientos de nichos, que del lado exterior del camposanto asemejan murallas perimetrales (lo son); también hay bloques de bóvedas reunidas según la fecha de habilitación y, por lo tanto, conformando diferentes grupos estilísticos. Desde el gran pórtico de entrada, una veredita conduce rectamente a los panteones de más antigüedad, en donde no es raro ver frisos, resaltos y adornos de complicada y fúnebre elaboración; las declaraciones recogidas sobre los amuletos se ambientan exclusivamente en esta parte, y es natural que así sea. La dilatada frecuencia entre un hallazgo y otro revelan que las visitas a estos mausoleos son cada vez más aisladas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Encuentros reales, fueron documentados solamente tres. Todos los escritores recogieron la primera aparición de uno de los amuletos, aunque ninguno arrimó más claridad. Habría sido en la última década del siglo XIX. José A. Cabral, en un artículo publicado en el periódico masón &lt;em&gt;Luz y Verdad&lt;/em&gt;, habló en 1901 de “…unas risibles leyendas en el cementerio durante la intendencia de Juan Bautista de la Canal, sin duda fomentadas por el propio radicalismo”; quizá estuviera refiriéndose al mismo tema, pero tan imprecisas son sus palabras que es preferible no considerarlas: mejor continuar remitiéndose a aquel trabajo toponímico de 1918, citado al principio de esta monografía. Por este y los demás textos se deduce que entre 1895 y 1900 un enterrador vio el esqueleto blanco y notó un relieve, “como una doble ve”, en una pequeña agarradera oxidada. Estaba depositado sobre una lápida con forma de libro abierto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El negro surgió algo más tarde, en unas circunstancias tan chocantes que difícilmente pudieran creerse de no provenir del relato de don Esteban Irasusta, médico emparentado con los Santamarina. El anciano aseguró que fue en el otoño de 1915, cuando debió asistir a un sepelio en el mausoleo de esta familia tradicional de Tandil. Todo aquel que entre a la parte antigua del cementerio notará cómo destaca esta construcción monumental y sombría, con dos accesos, hoy en ruinas. Por el frente se ingresa a un oratorio; desde atrás se baja a la cripta donde están los ataúdes, dispuestos en nichos con tapas de mármol. Ahora la puerta trasera está siempre abierta y cualquiera puede descender al viejo y abandonado depósito; entonces tampoco eran muchos quienes entraban al sepulcro y todo indica que ya solo iban a la capillita de adelante. Aquel día de 1915, cuando bajaron para la inhumación, vieron que el subsuelo estaba anegado; una filtración, sin duda, era la causante. El cuidador trepó por las molduras del exterior para llegar a la cúpula; allí comprobó que el desagüe estaba obstruido. Al remover el fango apareció la estatuilla negra. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Tandil misterioso pareciera circunscribirse al derrumbe de la famosa Piedra Movediza, a la presencia inquietante de algunos “corrales” líticos en campos aledaños, a unos túneles que se detectaron en ciertos lugares fundacionales y que todavía no fueron suficientemente esclarecidos (como los del Fuerte Independencia), y a las andanzas del matrero Tata Dios en 1872; es desconcertante que el asunto de los amuletos fuera disimulado, aún cuando hay bibliografía que prueba su existencia. Esto lleva a pensar que hablar de las imágenes es cosa tabú, y avala semejante sospecha el episodio que narra Lucas Figueroa en su libro &lt;em&gt;Del viejo Tandil&lt;/em&gt;, sin pie de imprenta (c. 1966). Este autor, inusualmente memorioso, cuenta uno de los hallazgos con fecha precisa: pasó en la tarde del 3 de mayo de 1935. “Fui testigo cuando una mujer joven y enlutada vio el esqueleto blanco en el fondo de un cántaro, al renovar las flores de una tumba. La reacción de la muchacha, temerosa de ser víctima de algún extraño maleficio, fue quedarse como el querubín que se observa en el medallón de una bóveda de 1874; su estupor era inocultable. &lt;em&gt;Algo malo ocurrió&lt;/em&gt;, dijo con una voz que no reflejaba su pavura. El crujido de la hojarasca se repetía ahora en los pasos de algún caminante, y si esto se oía era porque ninguno de los dos pudimos seguir hablando. Así paralizados como estábamos, era más impresionante nuestro temor…” (tomo II, página 139).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los demás cronistas se basan en las fuentes antedichas y reiteran estas historias, con ligeras y simpáticas variantes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8350968090758131410?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8350968090758131410/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8350968090758131410' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8350968090758131410'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8350968090758131410'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/04/informe-sobre-imagineria-en-el.html' title='Informe: Imaginería en el cementerio de Tandil'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-5knwMz-gb0A/TZZh9OcCoyI/AAAAAAAAAxk/PFV2XjA-Fuc/s72-c/Imagen%2Bblog%2B066a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4647000832165784747</id><published>2011-03-18T20:08:00.005-03:00</published><updated>2011-03-18T20:17:09.177-03:00</updated><title type='text'>La Gran Rocalla</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Lo admitimos: cuesta imaginárselo; pero en la Plaza Constitución hubo, entre 1887 y 1914, una extraña construcción parecida a un antiguo castillo en ruinas. Más insólita podrá resultar esta noticia si se añade un detalle fundamental: a diferencia de muchos otros edificios porteños, este no acabó sus días como una ruina, sino que nació como tal… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde 1853 y por decisión del gobernador Pastor Obligado, Plaza Constitución fue, como Plaza Miserere, una gran playa para la concentración de carretas que traían mercancías de las provincias. Menos de cinco años después este parador ya era elevado a la categoría de mercado y su entorno comenzaba a florecer en prostíbulos y pulperías; pero este esplendor no habría de durar mucho: en 1865 el Ferrocarril Sud inauguró sus servicios con la estación de cabecera justo enfrente, y la actividad de los carros entró en rápida declinación. Casi estaba extinta para 1883, año en que asumió como primer intendente de Buenos Aires el montevideano Torcuato de Alvear. Ávido de dotar a la ciudad con edificios, paseos y monumentos que recordasen a París, Alvear pronto tuvo una inquietud: ¿qué hacer con aquel terreno enorme y barroso de Constitución, cuyo aspecto ofendía la estética que deseaba imponer? Naturalmente, debía parquizarlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El proyecto original para la plaza a cargo de Eugène Curtois (director general de Paseos Públicos) contemplaba hacia 1885 la división en cuatro sectores, pues así estaba desde los tiempos del mercado, cuando lo cruzaban por el medio las calles Lima y Pavón. En esta intersección se puso una glorieta con iluminación y bebederos (los había para transeúntes, para caballos y para perros). Las pocas carretas que todavía llegaban desde el sur fueron relegadas a uno de estos sectores, y no mucho después fueron desterradas por completo. Se trazaron lagos artificiales y jardines, y en medio de uno de ellos se instaló en 1887 lo que oficialmente fue denominada “Gran Rocalla”, pero que para todos fue “La Gruta”. Con este nombre pasó a la historia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-0iGU_K_FD8Y/TYPmIJGYP1I/AAAAAAAAAxU/cjPFDZmBNwA/s1600/Imagen%2Bblog%2B065a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 281px; FLOAT: left; HEIGHT: 185px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5585560990425562962" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-0iGU_K_FD8Y/TYPmIJGYP1I/AAAAAAAAAxU/cjPFDZmBNwA/s320/Imagen%2Bblog%2B065a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Consistía en una muy rara imitación de un castillo en ruinas, lo suficientemente alto (diez metros) como para no pasar desapercibido. Tenía torres almenadas, un atalaya, troneras; escaleras que llevaban hacia una especie de camino de ronda; poternas, matacanes, saeteras y todos los aditamentos de un alcázar legítimo. Pero no lo era: el objetivo de erigirlo en ruinas había sido darle al paseo una atmósfera “romántica”, y una vez acabado apenas si conseguía volverlo atroz. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al año las ruinas ya eran peligrosas: se clausuró su acceso público y una parte debió demolerse por precaución. Pero siguió ahí. Docenas de tarjetas postales de la época se empeñaban en mostrarlo como una curiosidad simpática, aunque llovían las críticas: aquel monumental adefesio había costado cien mil pesos y era absurdamente caro de mantener; no gustaba a nadie (“espléndido mamarracho” fue uno de los calificativos más cordiales que recibió por parte de la prensa), y acabó llenándose de gatos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los vecinos, entre los que se contaba el directorio del Ferrocarril Sud, pidieron que se lo retirase. Lo mismo hizo la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina, que supuestamente construiría un tren subterráneo a pasar por allí (y que finalmente no concretó, porque la línea entre Constitución y Retiro fue tendida mucho después y por otra empresa). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En 1914 un decreto del intendente Anchorena borró para siempre del mapa porteño a la Gruta. A excepción de los gatos, nadie la extrañó. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(Publicado originalmente en Fervor x Buenos Aires:&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://fervorxbuenosaires.com/"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://fervorxbuenosaires.com&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4647000832165784747?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4647000832165784747/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4647000832165784747' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4647000832165784747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4647000832165784747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/03/la-gruta-de-plaza-constitucion.html' title='La Gran Rocalla'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-0iGU_K_FD8Y/TYPmIJGYP1I/AAAAAAAAAxU/cjPFDZmBNwA/s72-c/Imagen%2Bblog%2B065a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2902449601001078583</id><published>2011-03-04T20:43:00.007-03:00</published><updated>2011-03-04T20:54:42.453-03:00</updated><title type='text'>El movimiento pictórico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-FJZQAyJUICU/TXF59AHWhkI/AAAAAAAAAvk/Er5TNW8C65w/s1600/Imagen%2Bblog%2B064a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 244px; FLOAT: right; HEIGHT: 187px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5580375502198572610" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-FJZQAyJUICU/TXF59AHWhkI/AAAAAAAAAvk/Er5TNW8C65w/s320/Imagen%2Bblog%2B064a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;—Gurney, le ruego que venga pronto. Mañana mismo si fuera posible. Ha ocurrido algo tremendo con el Squarcione; no le encuentro explicación y necesito su consejo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tras disculparse por la hora en que hizo este llamado, porque ya estaba muy avanzada la noche, Vernant colgó el tubo del teléfono y se recostó unos minutos en el antepecho de la ventana, tratando de reordenar sus pensamientos. Miró el cielo de verano y buscó alguna forma entre las estrellas; miró luego desde lo alto el umbroso parque de su residencia de estilo Tudor, que tenía ligustros cortados en formas caprichosas y varias estatuas antiguas rodeando un estanque, todo ello inquietantemente iluminado por la luna; y sin poder tranquilizarse una vez más fue hasta la sala donde tenía su colección de arte. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Allí estaba la pintura de Francesco Squarcione, oculta a los ojos del mundo. Solo se conocían dos obras indudablemente legítimas de este artista (una &lt;em&gt;Madonna&lt;/em&gt; en Berlín y un políptico en Padua); Vernant tenía la tercera, guardada con celo indescriptible en su mansión y apenas mencionada al pasar en un olvidado artículo de Berenson de 1905, donde el crítico afirmaba que el cuadro se hallaba “en paradero desconocido”. Bien lo sabían el rico aficionado Vernant, de Bristol, y Alice Gurney, la experta que se lo había hecho comprar hace una década. Y esta noche, después de tantos años, el millonario se desvelaba frente a aquella tabla del quatroccento, sentado en una alta banqueta, lupa en mano, escrutando minuciosamente cada milímetro de la escena retratada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gurney llegó a la mansión de Bristol hacia el mediodía. Era notorio que Vernant había dormido poco y mal. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Gracias al Cielo que llegó, querida Gurney. Por favor, vayamos a la sala de las pinturas; quiero que usted misma lo vea. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La mujer temió que Vernant la acusara de estafarlo, pero esto no era posible. El Squarcione era verdadero. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Y bien…? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Vernant, el cuadro es auténtico; solo tiene una intervención arriba a la derecha, en el segundo ángel, probablemente por la mano de algún discípulo; pero no puede caber la menor duda que el conjunto es de Squarcione. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¡No me refiero a eso! —y prosiguió, moderando la voz: —No, Gurney; hablo de las figuras. Fíjese bien. Se han movido. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No veo descascaramientos. La pintura está bien conservada, no hace falta ninguna restauración. Que de todas formas tampoco sería conveniente, ya que no desea dar a conocer esta obra… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ygGBufUicDM/TXF6JgilX9I/AAAAAAAAAvs/bVbPcTBYC-Q/s1600/Imagen%2Bblog%2B064b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 219px; FLOAT: left; HEIGHT: 254px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5580375717061156818" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-ygGBufUicDM/TXF6JgilX9I/AAAAAAAAAvs/bVbPcTBYC-Q/s320/Imagen%2Bblog%2B064b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;—Gurney, sé que el cuadro está en perfecto estado. Lo que quiero decir es que las figuras &lt;em&gt;se han movido&lt;/em&gt;. Hace diez años, este pastor —señaló uno— estaba más a la derecha y no tenía una mano alzada señalando al cielo. La oveja que está a su lado estaba pastando; mírela: ahora tiene su cabecita levantada. La Estrella de Belén también se desplazó un poco, hacia la izquierda. Se movieron. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La erudita miró a Vernant un instante y volvió a estudiar el cuadro, ahora desde más cerca; su nariz casi tocaba la tabla. Al rato, se volvió y le dijo con aspereza: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Disculpe, Vernant; no entiendo de qué me habla. Esto no ha sido repintado nunca: hasta un aprendiz podría confirmárselo. Sinceramente no recuerdo ni la mano del pastor, ni el hambre de la oveja, ni la posición de la Estrella; pero sí puedo decirle que está tal cual salió de la &lt;em&gt;bottega&lt;/em&gt; de Squarcione hacia 1450. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No. Se movieron. En diez años, los personajes se movieron. Lo hicieron a un ritmo muy lento, imperceptible, como si un segundo dentro del cuadro fueran varios años de los nuestros. Y hasta sospecho que en tiempos de Squarcione el pastor ni siquiera estaba, sino que &lt;em&gt;entró&lt;/em&gt; al cuadro por la derecha y fue acercándose al centro de a poco, durante quinientos años. Es claro: está siguiendo a la Estrella. Para él transcurrieron unos cinco minutos, que son los que le llevaron caminar por el sendero que ahí se ve pintado; pero para nosotros fueron cinco siglos y no nos dimos cuenta. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Gurney ahora sí interpretó lo que estaba diciéndole Vernant, aunque la previsible conclusión de la erudita fue que el coleccionista o bien quería hacerle una broma (algo así como la introducción jocosa a un tema más serio que tal vez se desarrollara durante el almuerzo), o bien que estaba chiflado (porque enseguida entendió que nadie la llamaría “con urgencia” para recibirla con un chiste, como tampoco nadie podría sostener en una forma tan perfecta su papel de perturbado). Por ello, le siguió la corriente un poco más con la esperanza de que llegase de una buena vez el remate de la broma o la confirmación de la locura de aquel hombre. Viendo que todo apuntaba hacia esto último, trató de desembarazarse lo más rápido posible de la cháchara de Vernant; asintió, puso cierta excusa vaga y amable, y escapó de tan depresiva situación jurándose no volver a atenderlo, salvo para alguna otra operación comercial (después de todo, presumía que aún podía venderle un Holbein: haría un magnífico juego con el estilo de la casa y, como era un retrato, ¡por Dios! no se movería a menos que Catherine Howard guiñase un ojo). &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Vernant no era un tonto. Se dio cuenta de que Gurney no le había creído nada de las figurillas móviles de la pintura de Squarcione. Por los rombos de la ventana de la pinacoteca la vio alejarse entre los setos podados como esculturas; primero la miró con piedad (era una incrédula), luego con desprecio (era una ignorante), finalmente con odio (era una imbécil). ¡Al diablo ella y sus cuadros, cuadros que después de todo solo conseguía como simple intermediaria entre familias arruinadas y él…! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bueno, pero ¿qué hacer con este descubrimiento, si no podía comentarlo con nadie más? Inútil sería, por ejemplo, compartirlo con el mayordomo por más que innumerables veces le hubiera pasado el plumero al Squarcione. Vernant estaba definitivamente convencido que había dos tiempos en su habitación: el suyo, mensurable según el calendario gregoriano y el meridiano de Greenwich; y el de la pintura, tiempo propio y mucho más lento, aunque no menos real. Pero ¿y si todos los cuadros tuvieran esa propiedad? En la pared opuesta había una tela de escuela flamenca, una naturaleza muerta. Pero no; nada estaba marchito en ella. ¿O tal vez porque, al igual que en el caso de Squarcione, para el cuadro solo habían pasado unos pocos minutos, siendo tiempo insuficiente para notar la corrupción de las frutas y la podredumbre de las flores? Quizá hubiera entrado a escena una mosca, pero ¡nada…! Mejor sería ver otra obra más “cinemática”. Ese cuadro de la carreta andando… No; tenía solo cien años, imposible percibir algo… Otro, más antiguo: la &lt;em&gt;Pesca miracolosa&lt;/em&gt; de Ansuino da Forli, más o menos de la misma época de Squarcione. ¡Ay! Difícil recordar sus detalles… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Transcurrieron varios días así, durante los cuales Vernant volviose cada vez más ermitaño. La servidumbre se preocupó; temía la locura del señor, que ya apenas salía del salón de las pinturas. Una tarde, quizá para alejar un poco su obsesión, pasó largo rato mirando desde la ventana al jardinero mientras podaba un ligustro en forma de reloj de arena. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces, Vernant tuvo una inspiración prodigiosa. Mandó llamar al relojero que solía atender los cronómetros y la sonería de la mansión; el más capacitado de los relojeros de Bristol, aunque semejante consideración no significara gran cosa. Le pidió que diera tal atraso al reloj de la pinacoteca, que en la esfera la marca de un minuto demorase cien años. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Eso es imposible, señor —le explicó el técnico—; como mucho podría hacer que atrase o adelante unos segundos, pero ¡un siglo…! No hay engranaje para ello; debería cambiar todo el sistema y ponerle reducciones especiales, a medida; tal vez incluso haya que agrandar la caja, imagínese. Y aún así sería muy difícil de controlar para saber que marcha correctamente. Para comprobar el segundero habría que mirarlo durante más de un año y medio, si no fallan mis cálculos. Con todo respeto: ¿para qué quiere un reloj así? Usted tendrá sus razones, pero ¿no sería más práctico, en todo caso, cambiar el cuadrante y en vez del I al XII ponerle 365 pequeñas divisiones? Dejo la aguja del minutero, y ajusto para que cada minuto le marque un “año” sobre el cuadrante. Con una vuelta entera de la aguja, usted ya tendría marcados sesenta años; y al final del día, casi un milenio y medio. Sigo sin entender para qué, pero en fin… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Pues hágalo. Llévese el maldito reloj y tráigalo como dice. Solo le ruego que no lo devuelva andando; quiero ser yo quien lo ponga en marcha. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Tendrá algún problema con los bisiestos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No puede pedirse todo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al cabo de un mes insoportable, el relojero trajo el aparato. Vernant lo colocó donde estaba originalmente: en una repisa de la pinacoteca, entre dos marfiles. Le dio cuerda y volteó para ver el cuadro de Squarcione. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que pasó entonces es difícil de describir. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-KVYVYMZzOmw/TXF6VFOaWhI/AAAAAAAAAv0/41vZnfmKshU/s1600/Imagen%2Bblog%2B064c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 129px; FLOAT: right; HEIGHT: 234px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5580375915887221266" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-KVYVYMZzOmw/TXF6VFOaWhI/AAAAAAAAAv0/41vZnfmKshU/s320/Imagen%2Bblog%2B064c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Eran las nueve de la mañana. Las figuras del cuadro comenzaron a moverse a un ritmo tan frenético que fue imposible notar claramente cualquier cosa. La Estrella se puso de golpe; los pastores y los Reyes y la escena piadosa se borraron al segundo; el ciclo de día y noche empezó a parpadear con alta frecuencia; con el correr de los minutos, el pesebre se desplomó; unas horas después y el río ya estaba seco; un puente fue reemplazado muchas veces; cruzaron como rayos muchas caravanas, primero, y luego largas peregrinaciones; hubo batallas; el paisaje se transformó varias veces en desierto y en vergel; de tanto en tanto se prendía un débil cometa que duraba varias noches; surgieron y se esfumaron construcciones por doquier; y al cabo de veinticuatro horas, cuando ya eran las nueve de la mañana del día siguiente, de una fortaleza pintada en el fondo se habían visto crecer y caer sus grandes murallas al menos dos o tres veces. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y de Vernant apenas quedaba un polvillo tenue, flotante entre los brillantísimos haces del sol que se filtraban por los rombos de la ventana. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2902449601001078583?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2902449601001078583/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2902449601001078583' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2902449601001078583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2902449601001078583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/03/el-movimiento-pictorico.html' title='El movimiento pictórico'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-FJZQAyJUICU/TXF59AHWhkI/AAAAAAAAAvk/Er5TNW8C65w/s72-c/Imagen%2Bblog%2B064a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2755251242489125074</id><published>2011-02-19T20:17:00.007-03:00</published><updated>2011-02-19T20:26:54.588-03:00</updated><title type='text'>La Estrella de la Ensenada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-MDCWkz9r6Z4/TWBP7zdsB-I/AAAAAAAAAu0/nNOBjrzIVhU/s1600/Imagen%2Bblog%2B063b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 256px; FLOAT: left; HEIGHT: 191px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5575544227530278882" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-MDCWkz9r6Z4/TWBP7zdsB-I/AAAAAAAAAu0/nNOBjrzIVhU/s320/Imagen%2Bblog%2B063b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Un gran destino se esperaba para el puerto de la Ensenada de Barragán. Era visto como el más importante punto del movimiento marítimo comercial. El 31 de diciembre de 1872 quedó conectado por ferrocarril con Buenos Aires, gracias a un tendido que en poco tiempo ya partía nada menos que desde atrás de la Casa Rosada (la Estación Central), seguía por un largo viaducto de fierro que bordeaba la barranca del río, pasaba por la Boca y Barracas, cruzaba el Riachuelo a la altura de la calle San Antonio y más adelante doblaba para tomar por la vía que aún se usa, y con mucho tráfico: la de Quilmes y Berazategui. La ciudad de La Plata no existía; al llegar a Pereyra, el tren buscaba Punta Lara y continuaba derecho a metros de la orilla, hasta las cercanías del viejo Fuerte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las esperanzas de Ensenada parecieron diluirse cuando se habilitó el puerto de Madero. Pero de todas maneras progresó: continuó siendo lugar de ingreso de mercancías y acompañó el crecimiento regional tras la fundación de su vecina La Plata. Durante las primeras décadas del siglo XX el eje fabril Ensenada-Río Santiago-Berisso, con sus docks, astilleros, industrias, destilerías y frigoríficos, fue consolidándose como sinónimo de trabajo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-288GqzSwGxA/TWBP29TvndI/AAAAAAAAAus/Or6wJQuGJsU/s1600/Imagen%2Bblog%2B063a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 253px; FLOAT: left; HEIGHT: 173px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5575544144273579474" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-288GqzSwGxA/TWBP29TvndI/AAAAAAAAAus/Or6wJQuGJsU/s320/Imagen%2Bblog%2B063a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Y ese trabajo era, principalmente, de varones. Siendo una zona de alta densidad masculina, fue natural que surgieran prostíbulos. En pleno Ensenada el más importante era La Estrella, y allí se bailaban tangos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El ferrocarril, que más tarde se articuló con el Oeste y el Sud, proveía una clientela adicional: la del Centro. La Estrella tenía tal renombre que los porteños no dudaban en emprender un viaje de más de sesenta kilómetros para bailar y acostarse en sus instalaciones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Valía la pena? Porque es seguro que, al llegar, los que tenían alguna pretensión experimentaban un ineludible desengaño: La Estrella jamás ascendió de su condición de reducto inmundo, por más que de vez en cuando le dieran una mano de pintura y el boca a boca de sus parroquianos tendiera a favorecerlo. Esto último —su idealización— fue lo que recogieron también, apresuradamente, los cronistas posteriores. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-2Xr3z8gh6Mo/TWBP_1Z_xTI/AAAAAAAAAu8/SapNPgMCp-I/s1600/Imagen%2Bblog%2B063c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 253px; FLOAT: left; HEIGHT: 179px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5575544296771142962" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-2Xr3z8gh6Mo/TWBP_1Z_xTI/AAAAAAAAAu8/SapNPgMCp-I/s320/Imagen%2Bblog%2B063c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El sistema de La Estrella era el básico. Diez centavos tintineando en la bandeja del mozo garantizaban el derecho a bailar un tango; la demás consumición (incluyendo, desde luego, el sexo), se cobraba aparte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El baile lo animaba la humilde orquesta de Antonio Curzio, “El Viejo Pucho”. Los grandes (Greco, Arolas, Maglio) preferían la cabecera de aquel viejo ferrocarril; no su punta de rieles. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2755251242489125074?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2755251242489125074/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2755251242489125074' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2755251242489125074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2755251242489125074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/02/la-estrella-de-la-ensenada.html' title='La Estrella de la Ensenada'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-MDCWkz9r6Z4/TWBP7zdsB-I/AAAAAAAAAu0/nNOBjrzIVhU/s72-c/Imagen%2Bblog%2B063b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4557237628671306444</id><published>2011-02-04T12:42:00.004-03:00</published><updated>2011-02-04T12:45:12.182-03:00</updated><title type='text'>Los Riscos Bayos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TUwervXqy-I/AAAAAAAAAt4/u0OEifbub3I/s1600/Imagen%2Bblog%2B062a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 229px; FLOAT: left; HEIGHT: 166px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5569860575949409250" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TUwervXqy-I/AAAAAAAAAt4/u0OEifbub3I/s320/Imagen%2Bblog%2B062a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Rumbo a Caviahue, Neuquén, por la ruta 26. Una carretera atractiva, que penetra en la tierra de los pehuenes, salpicada de blancos piños inquietos. A partir de determinado punto, atraviesa los Riscos Bayos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Parecen dientes de piedra que en otra época brotaron para hincarse en las nubes. Su origen es volcánico y solo se conocen otras dos formaciones similares en el mundo: una en México y otra en Turquía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El color de los riscos es arcilloso-amarillo, tal como su calificativo de &lt;em&gt;bayo&lt;/em&gt; bien indica. Algunos riscos mayores recuerdan fortalezas encaramadas en lo agreste. Fabulosas murallas inexpugnables, de almenas cinceladas en la roca dura con el martillo y la paciencia de los siglos. Otros conservan —pese al viento, pese a las lluvias— un tallado natural vagamente zoomórfico, como el risco que se conoce como la “Cabeza del León”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los Riscos Bayos se extienden en la lejanía y más allá de su zona propiamente dicha todavía se ven estribaciones menores. En el Salto del Agrio (Trolope) rodean la cascada unos riscos pequeños, castillos en miniatura que afloran del suelo. Aquí, los riscos más grandes juegan a repetir con tosquedad las Torres de Babel pintadas por Brueghel, mientras que los más chicos son menhires altos como una persona. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre los Riscos Bayos y el Hualcupén, y desde allí hasta Caviahue, el camino se vuelve sinuoso y florido. Paciendo en la hierba comienzan a distinguirse los piños, los caballos y las vacas. Se cruzan muchos arroyuelos intermitentes que muestran sus lechos de piedra; vierten sus aguas en el Hualcupén. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4557237628671306444?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4557237628671306444/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4557237628671306444' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4557237628671306444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4557237628671306444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/02/los-riscos-bayos.html' title='Los Riscos Bayos'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TUwervXqy-I/AAAAAAAAAt4/u0OEifbub3I/s72-c/Imagen%2Bblog%2B062a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4682048489917857929</id><published>2011-01-21T19:34:00.007-03:00</published><updated>2011-01-21T19:41:32.691-03:00</updated><title type='text'>Torres de toma de agua en el Río de la Plata</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TToK5K4VMQI/AAAAAAAAAtc/KdCFQudepCk/s1600/Imagen%2Bblog%2B061a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 213px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5564772266859114754" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TToK5K4VMQI/AAAAAAAAAtc/KdCFQudepCk/s320/Imagen%2Bblog%2B061a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Una mañana de hace ya tres décadas, cuando era niño, tuve ocasión de observar a una pintora apostada frente al río “de sueñera y de barro”, muy concentrada ante su caballete, capturando un motivo que entonces me pareció insólito. Poco a poco ella plasmaba en el bastidor el neblinoso paisaje costanero de aquel día, donde destacaban, fantasmagóricas por efecto de la luz, dos construcciones emergentes en el estiaje. Eran las torres de toma de agua que están próximas a la dársena de veleros. Me preguntaba entonces qué razón pictórica podían tener esos edificios en el río, y al tiempo supe la respuesta: comprendí que las torres seguían inquietándome con su hálito extraño y que aquella artista —que era mi madre— había sentido una fascinación similar y necesitaba explicarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mareas y sudestadas pueden dejar al descubierto o tapar enteramente varios otros misterios que tiene el Plata: mástiles de veleros hundidos que a veces sobresalen del pelo de agua, para luego ocultarse otra vez; antiguas chatas areneras que se fueron a pique y hoy solo las recuerdan boyas luminosas y boyarines ciegos; restos de pontones oscuros con nombres femeninos; hay cascos innominados que otros navegantes suelen tocar con sus quillas cuando salen de excursión; también está el enigmático Fierro Belgrano a la altura de la avenida Salguero; etcétera. Pero las torres son otra cosa. Siempre visibles, con algo de suerte la más cercana a la costa (la “torre vieja”) suele apreciarse casi en seco cuando la bajante es pronunciada, y es en tales ocasiones que muestra todo su pequeño esplendor de obra pública típica de la arquitectura del ochenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TToKVARyR0I/AAAAAAAAAtE/MS9Av3umWrI/s1600/Imagen%2Bblog%2B061b.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 273px; FLOAT: left; HEIGHT: 175px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5564771645537797954" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TToKVARyR0I/AAAAAAAAAtE/MS9Av3umWrI/s320/Imagen%2Bblog%2B061b.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;Esta toma (cercana al actual Parque de la Memoria) fue diseñada por el ingeniero sueco Nystromer, uno de los autores del ecléctico Palacio de Aguas Corrientes que está en Córdoba y Ayacucho; y de hecho es una torre que en cierta forma recuerda ese edificio: su detalle característico es que más allá de lo puramente funcional se trata de una torre erigida con mucha preocupación por lo estético. Lo habitual es que del nivel del río sobresalga su piso superior, de elegante diseño, al que se accede por una puerta de dintel recto con dovelas. Sobre el techo tenía un pequeño faro (más bien, una baliza) y una veleta. Importantes tuberías la conectaban con la planta potabilizadora de Recoleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero este establecimiento pronto fue insuficiente para cubrir las necesidades de la Gran Aldea. Las proyecciones indicaban que su población seguiría creciendo y al promediar la primera década del siglo XX ya alcanzaba el millón y pico de habitantes. Se había vuelto imperioso dotar a Buenos Aires de una infraestructura sanitaria eficiente, y fue así como en 1908 comenzó a idearse un nuevo plan de abastecimiento de agua potable. Las prioridades concretas consistían en reemplazar las obsoletas instalaciones de Recoleta por otras más adecuadas en Palermo, poner una nueva toma de agua en el Río de la Plata, construir depósitos de reserva en barrios de cota elevada, y por supuesto extender la red de provisión. El 18 de julio de 1912 era sancionada la ley por la cual se creaba el organismo Obras Sanitarias de la Nación y ya al año se inauguraba la planta General San Martín, con modernos dispositivos que fueron rodeados de bellos edificios, garitas, jardines y verjas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinieron al río otras torres: una hexagonal y otra octogonal, ambas de apariencia sencilla. Son las que se ven desde Aeroparque. La única que hoy está en uso es la octogonal, la más alejada. Quien se aventure más al sur también podrá toparse con la torre de Bernal, prima hermana de las porteñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;(Publicado originalmente en &lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Fervor x Buenos Aires:&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://fervorxbuenosaires.com/"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;http://fervorxbuenosaires.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;) &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4682048489917857929?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4682048489917857929/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4682048489917857929' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4682048489917857929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4682048489917857929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/01/torres-de-toma-de-agua-en-el-rio-de-la.html' title='Torres de toma de agua en el Río de la Plata'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TToK5K4VMQI/AAAAAAAAAtc/KdCFQudepCk/s72-c/Imagen%2Bblog%2B061a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2877635457597384301</id><published>2011-01-08T01:12:00.009-03:00</published><updated>2011-01-08T01:45:27.549-03:00</updated><title type='text'>Virginia Llanos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfmC1fN-HI/AAAAAAAAArs/rKxLg3X3mBY/s1600/Imagen%2Bblog%2B060a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 192px; FLOAT: left; HEIGHT: 263px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5559665201404311666" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfmC1fN-HI/AAAAAAAAArs/rKxLg3X3mBY/s320/Imagen%2Bblog%2B060a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La noche en que Virginia Llanos soñó con la calle de su infancia, era clara y pesada noche de verano; advirtió que estaba desierta y que los faroles apenas hacían brillar el hilo de agua de una cuneta sobre el empedrado, y sintió el impulso de ir hasta una casa que tenía la puerta abierta, o quitada, y por la que se adivinaba un largo pasillo flanqueado por tapias bajas, perdiéndose en las sombras; traspuso el zaguán y se asomó a una parecita: observó un patio interior de baldosas en damero, interrumpido en una esquina por un asiento de piedra; cerca goteaba un grifo entre grandes tiestos con tunas. Despertó triste; comprendió que su fantasía había sido inexacta, que todo lo que había visto era mezcla de muchos lugares y que por más que buscase no volvería a encontrar la imagen de aquel patio bajo las estrellas. Miró el reloj de su mesa de luz, deteniéndose largamente en la marca grabada en el cuadrante: eran las cinco de la mañana del sábado y pensó que su melancolía era perfecta para no ir a trabajar aquel día al periódico. Sin desayunar armó una maleta liviana con algo de ropa, sus útiles de tocador y un ejemplar de las &lt;em&gt;Gestas romanas&lt;/em&gt; de Floro; a las diez estaba en Areco. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un coche la arrimó hasta la plaza. Recién despabilaba el pueblo; todo era contraste con el tráfago del Once que dejara solo unas horas atrás. Buscó el domicilio de una amiga; caminó por veredas de ladrillo y vio frentes antiguos y blanqueados, con cancelas que daban a corredores como el de su sueño. “No estoy en 1938”, imaginó; “Areco quedó retenido en algún momento del siglo XIX, y yo sigo dormida”. Luego se corrigió: “Estoy bien despierta, porque el calor y mi cansancio son reales”. Pasó por un negocio de platería civil y criolla, y recordó que en la capital tenía un cuchillito con hoja de Solingen; después pasó por un corralón y por una sodería. Llegó hasta una puerta con llamador de bronce; golpeó dos veces y nadie salió a atenderla. Insistió, y de la casa vecina apareció otra mujer: le dijo que María no estaba, que el jueves había marchado con su marido a unos campos próximos a Azcuénaga, en visita de parientes, y que volvería esa noche. Llanos se ruborizó de haber sido tan arrebatada, de haber perdido un día de labor por decidir un viaje en cuestión de minutos, sin asegurarse si habrían de esperarla. Agradeció la información y desanduvo pocas cuadras hasta que vio de nuevo la fuente y la estatua de Hipólito Vieytes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La plaza le ofrecía sombra, más de la que le daba su pamela; en un banco se sentó a meditar. ¿Qué haría? Podría regresar a Buenos Aires en el tren de las tres, o quedarse en Areco y sorprender a su amiga. Optó por lo último. Preguntó en un kiosko por algún hospedaje y enfiló hacia la casa que le señalaran: una como cualquier otra, no más moderna que las de su entorno y que estaba sobre una calle por donde ya había pasado; un discreto cartel de chapa enlozada anunciaba, sencillamente, “Alojamiento”. Descansar y pasar la siesta; solo eso quería. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El encargado la condujo por el interior. Había sido aquella una amplia casa de familia; todavía lo era, a juzgar por lo que viera en su recorrido: los muebles de antaño, una mesa con vajilla cotidiana y el periódico del día, la falta de intimidad de algunos cuartos abiertos. Dos o tres dormitorios se habían adaptado para los huéspedes ocasionales; el suyo estaba casi al final de un pasillo fresco y silencioso. Era bonita la habitación. Llanos se sentó sobre la cama y miró en torno suyo: los herrajes de la cómoda, un cuadrito que imitaba a Corot, el bisel de la cornisa, la mancha de humedad de un rincón. Una tenue cortina tamizaba la luz de la ventana, no muy ancha; al descorrerla, el sol fuerte del mediodía entró en haces. Al acostumbrar sus ojos a la diferencia, se apoyó en el antepecho y vio que daba a un patio interior, rectangular, con un cantero central totalmente descuidado; en medio destacaba, ya invadida por una planta silvestre, una fuente tallada en granito. Del otro lado del patio, a unos cuatro o cinco metros, los cristales traslúcidos y la puerta vidriera de un invernáculo; notó que las otras dos paredes que completaban el perímetro eran ciegas. Al patio se ingresaba desde el invernadero, y era obvio que durante largos días nadie había ido por allí. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se arregló un poco y salió a buscar donde almorzar. No quería un boliche, donde sin duda llamaría la atención; caminó al azar y halló un comedor tranquilo y vetusto sobre la calle Alsina, algo oscuro por los postigos entrecerrados aunque afuera comenzaba una tarde diáfana. Era ella sola; la atendió una rolliza cincuentona de delantal, más interesada que su clienta por cierto plato del acotado menú. Llanos comió mientras repasaba —más bien, hojeaba— el libro de Floro. Solo se oía el crujido del piso de madera al pasar de la patrona. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfkuCGpOnI/AAAAAAAAArM/XGn7X5yaKuY/s1600/Imagen%2Bblog%2B060b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 229px; FLOAT: right; HEIGHT: 161px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5559663744502020722" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfkuCGpOnI/AAAAAAAAArM/XGn7X5yaKuY/s320/Imagen%2Bblog%2B060b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Estaba de regreso en su cuarto cuando el campanario de la parroquia marcó las dos. Tendida sobre la cama, por un instante volvió a su mente el banco de la plaza: era igual al del sueño que había tenido; creyó también que el patio tras la ventana copiaba el juego de baldosas de la misma visión. Estas simetrías tan tontas la apenaron hasta hacerla llorar sin conseguir explicarse muy bien por qué; pero disipada la tristeza, poco a poco fue adormeciéndose no sin antes repetir, arbitrariamente, una frase recién leída: &lt;em&gt;El Mauritano, perdida toda esperanza de éxito y temiendo ser envuelto en la ruina ajena, convirtió a Yugurta en precio de su alianza y amistad con Roma&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A las cinco despertó con un ligero estremecimiento. Habíase dormido escuchando el piar débil de unos pájaros en el patio; ya no estaban, y la falta de arrullo y el abrir los ojos y no reconocer de inmediato la habitación, hicieron que se sobresaltara durante dos o tres segundos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dejó del cuarto y buscó al encargado, pues quería informarle que hacia las ocho, si es que su amiga ya había regresado al pueblo, volvería para recoger sus pertenencias. No lo halló; ni a él, ni a ninguna otra persona en toda la casa. Fue de sala en sala llamándolo, pero nadie respondió. Al pasar por la cocina, se sintió atraída por un antiguo aparador de tres cuerpos; tuvo curiosidad por abrir uno de los cajones. Había pequeños objetos: una medalla, unas tijeras, una minúscula navajita con empuñadura de carey, algunas monedas de cobre… Cosas que, misteriosamente, le fueron familiares; en rigor no lo eran, pero parecían cosas perdidas y por fin encontradas. Tomó (recobró) una conchilla moteada, y cerró rápidamente al cajón ante el temor de que pudieran estar observándola. Pero seguía sola. Abrió otras puertas, hasta que dio con la del invernáculo que había visto desde la ventana de su aposento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era un recinto angustioso. Durante mucho tiempo, quizá una década o más, las plantas habían crecido con indolencia, enmarañadas; desbordaban de sus recipientes y se prolongaban en el piso o subían aferradas a las paredes enmohecidas. Todo estaba abandonado, polvoriento; cuando pasó un dedo por la mesa donde se apoyaban infinidad de tiestos, quedó nítido su trazo sobre la suciedad. Una maceta con tunas era idéntica a la que estaba en su sueño de la noche anterior. Frente a la puerta vidriera por la que se iba al patio, dudó; sus cristales esmerilados y los de todo ese paño solo dejaban pasar luz y calor, pero desdibujaban lo que había del otro lado. Destrabó el cerrojo justo cuando a su mente llegaba, por inexplicable mecanismo de la memoria, un fragmento del libro que estaba leyendo y que nada tenía que ver con aquella situación: &lt;em&gt;El mundo entero no tardó en seguir la suerte del África&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El patio se veía diferente desde el umbral del invernadero. Las baldosas en damero parecían más deslucidas, más contaminadas por la maleza que conseguía desprenderse del cantero central, donde se apretujaban gruesos tallos retorcidos y amarronados que remataban en flores enmohecidas. La fuente de granito, atrapada por la hiedra, tenía un resto de agua verdinosa. Llanos confirmó su sospecha: ni al invernáculo ni al jardín había entrado persona alguna en más de diez años. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfkyhxKrRI/AAAAAAAAArU/Yr00L6kEL2w/s1600/Imagen%2Bblog%2B060c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 229px; FLOAT: left; HEIGHT: 153px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5559663821721349394" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfkyhxKrRI/AAAAAAAAArU/Yr00L6kEL2w/s320/Imagen%2Bblog%2B060c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Disimulada entre unas zarzas, una canilla dejaba escapar gotas que se confundían entre el sarro y la herrumbre. Un cuervo (en pleno verano, en pleno Areco) llegó del cielo y se posó sobre el grifo; graznó e hizo eco entre las paredes del patio. Llanos retrocedió hasta la puerta vidriera; debió esquivar un sapo. En el invernáculo la aguardaba un joven moreno, desconocido, de aspecto etéreo y rostro sereno, o sonámbulo. Tenía un cuchillo. Se miraron. Llanos recordó otro pasaje de Floro: &lt;em&gt;El hierro de los pérfidos Africanos&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto dijo, y fue entonces cuando entendió, horrorizada, que a continuación para ella habrían de borrarse definitivamente las fronteras entre el sueño y la vigilia. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2011, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2877635457597384301?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2877635457597384301/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2877635457597384301' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2877635457597384301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2877635457597384301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2011/01/virginia-llanos.html' title='Virginia Llanos'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TSfmC1fN-HI/AAAAAAAAArs/rKxLg3X3mBY/s72-c/Imagen%2Bblog%2B060a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5997626667891285451</id><published>2010-11-26T18:33:00.003-03:00</published><updated>2010-11-26T18:38:03.436-03:00</updated><title type='text'>Sueños transcriptos (anteriores a 1990)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TPAoIgZD-rI/AAAAAAAAAqE/Gwi5CeJBz2s/s1600/Imagen%2Bblog%2B059a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 215px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5543975267892198066" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TPAoIgZD-rI/AAAAAAAAAqE/Gwi5CeJBz2s/s320/Imagen%2Bblog%2B059a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;1 -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Camino por una larga carretera, en medio de un vasta llanura de pasto seco. Nadie me acompaña. Hay unos árboles desperdigados aquí y allá. Anochece casi de golpe. Uno de los árboles, un plátano, tiene fuego en la copa. La distancia entre un árbol y otro es la suficiente como para que no se contagien el fuego, pero igualmente poco a poco van encendiéndose todos. Solo se queman sus copas. Estoy fuera de peligro, porque todo esto pasa lejos de la carretera; de todos modos siento miedo. Aparece gente, que corre hacia los árboles de fuego. El cielo se ha puesto rojo obscuro y la luna llena contrasta notoriamente. Nunca la vi tan grande y luminosa. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;2 -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Deambulo sin rumbo fijo por la calle donde transcurrió mi infancia. Es en una noche de verano, muy tarde; no hay ni una persona. Tampoco perros o automóviles. Hay una soledad absoluta. Las luces de mercurio arrojan sobre el empedrado de la calle una luz fantasmagórica. Calma, quietud general. Una de las viviendas tiene la puerta abierta. Observo desde la vereda: hay un extenso pasillo que se pierde entre sombras. Entro a curiosear, aprovechando la soledad total. Camino unos treinta metros y desemboco en un patio interior de baldosas coloradas, con algunas plantas y una vieja pileta de lavar ropa. El grifo está abierto, dejando correr gran cantidad de agua. Del pasillo se adivinan los patios de varias casas, y no resisto la tentación de contemplar aunque sea uno. Me apoyo no sé muy bien en qué (tal vez una maceta) y espío por encima de la tapia. Se ve la parte trasera de un departamento: un patio de baldosas en damero blanco y negro, con un motor bombeador de agua, una jaula vacía, una casilla para perro también solitaria, un banco de piedra y varios tiestos con cactus. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;3 -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Estoy en el claro de un bosque de cipreses. No entiendo muy bien qué es lo que hago allí; hay gente y parece ser la celebración de algo. Miro al cielo y veo, semicubierto por las puntas de los árboles, un enorme dirigible gris. Me asusta el tamaño descomunal del mismo, mucho mayor que los comunes. Realmente me aterra. Trato de no mirarlo, pero la tentación puede más y al echar otro vistazo compruebo que hay dos aparatos más en el cielo: un globo y otro aeróstato, algo menores, pero también gigantescos. El dirigible está casi de frente; a su izquierda está el globo; debajo está el otro aeróstato. El globo tiene franjas verticales de varios colores; el otro aparato es marrón. No se desplazan: están fijos en el cielo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;4 -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Veo una lámina grabada en un enorme y antiguo libro. En ella hay un dibujo enigmático. Se ven dos carátulas teatrales sobre pequeños pedestales de mármol blanco. Pero ambas representan la tragedia; la comedia no está. Entre carátula y carátula hay una cebolla, con su largo tallo caído y amarillento, como cuando está a punto de ser cosechada. Debajo de cada máscara hay otras más chicas, también trágicas. El piso sobre el que está todo apoyado es pedregoso. Como epígrafe, al pie de la lámina está escrita la frase “Triunfo de la tragedia sobre la comedia”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;5 -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Camino sobre un interminable puente, acompañado por personas que no conozco. Es una especie de procesión, o de huida. Flanquean al puente edificios de arquitectura gótica: torres, palacios y catedrales, con sus ventanas ojivales y sus grandes alturas. Hay un cierto aire fantasmal en todo ese paisaje extraño. Algunas casas son rarísimas: por ejemplo, una tiene una gran terraza plana cuadrangular, y sobre la terraza una torre desproporcionadamente alta y delgada; también veo una catedral muy grande que tiene delante una réplica algo más pequeña. Es mi deseo quedarme a ver la arquitectura que nos rodea, pero todos insisten en que continuemos adelante. Los árboles son oscuros cipreses. Está anocheciendo. Nos cruzamos con un muchacho que va en bicicleta. Llegamos pronto al final del puente, donde ya no hay camino; solo se abre ante nosotros una pradera interminable. Miro atrás: sobre el puente, el ciclista ha caído muerto. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5997626667891285451?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5997626667891285451/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5997626667891285451' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5997626667891285451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5997626667891285451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/11/suenos-transcriptos-anteriores-1990.html' title='Sueños transcriptos (anteriores a 1990)'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TPAoIgZD-rI/AAAAAAAAAqE/Gwi5CeJBz2s/s72-c/Imagen%2Bblog%2B059a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3689998965068124506</id><published>2010-11-19T18:56:00.012-03:00</published><updated>2010-11-19T19:15:00.983-03:00</updated><title type='text'>Un trato justo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObzJiRLN_I/AAAAAAAAAo0/icwfcfDodUc/s1600/Imagen%2Bblog%2B058a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 219px; FLOAT: right; HEIGHT: 228px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5541383736669190130" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObzJiRLN_I/AAAAAAAAAo0/icwfcfDodUc/s320/Imagen%2Bblog%2B058a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Más de uno que ha viajado para el lado del río Saladillo por la ruta vieja, como quien va para Santiago, se habrá preguntado por una vía muerta que cruza y pareciera ir o venir de ninguna parte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pues bien: al oeste de Los Telares, en dirección a las salinas de Ambargasta, se abre un ramal ferroviario clausurado hace mucho tiempo y del que ya queda poco; solo esa vía muerta y fragmentada, los durmientes carcomidos por el salitre, alguna señal y varios postes de telégrafo de un solo hilo, sin el hilo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ciento un kilómetros exactos tiene este ramal olvidado, al que los lugareños llaman “el Seghezzo” por el nombre una antigua compañía que pensaba explotar minerales en la zona aprovechando el desvío. De todo eso hoy queda apenas un recuerdo que con los años se vuelve más difuso, más impreciso. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Otros dicen que es “el ramal perdido” y no les falta razón. Por ejemplo: nunca tuvo estaciones, y de hecho terminaba en la nada. Quien revise un plano de ese lugar comprobará que la vía única pasaba por un paraje llamado El Sandialito y luego por otro, Ambargasta, sin tener siquiera un apeadero; cada tanto se abrían cortas bifurcaciones para cargas o maniobras, y así hasta llegar a la inmensa salina, donde el ramal doblaba abruptamente hacia el sur, pasando entre la salina y la sierra hasta terminar con tosquedad, cincuenta kilómetros adelante, contra unos durmientes clavados a pique: únicos indicadores del final del tendido. Eso era (y es) la parada Kilómetro 101. En derredor, el monte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObzTeqJABI/AAAAAAAAAo8/YO1KfUZyiyo/s1600/Imagen%2Bblog%2B058b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 272px; FLOAT: left; HEIGHT: 181px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5541383907498852370" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObzTeqJABI/AAAAAAAAAo8/YO1KfUZyiyo/s320/Imagen%2Bblog%2B058b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Un trecho antes, en una especie de puesto sin nombre siquiera, alguien vivía. O mejor dicho: alguien quedaba. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eran las Castro, de aquellos Castro que estaban en la zona desde que el mundo era mundo; y bien pequeño que era este mundo, por cierto: nada más que un punto en el mapa, sin accesos visibles, pasando la laguna del Quimilar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las Castro, también conocidas como las Emilianas, eran de ahí. Tenían un pariente más bien borroso que muchos años atrás había trabajado en el ramal, cuando todavía mandaban alguna formación hasta el 101. Gracias a su conversación estaban enteradas de lo que decían las inscripciones de los rieles, cerca de las eclisas, y los números y la fecha de casi un siglo atrás (la derivación al 101 no tenía tanta antigüedad, pero los rieles eran veteranos de vaya a saberse qué otra línea); también les había explicado el por qué de aquella columna de mampostería que se veía en el 88, pero costaba imaginar que allí hubiese existido alguna vez un aserradero. De estos y otros asuntos del tren acostumbraba hablar aquel pariente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por él supieron que jamás pasaron por allí locomotoras grandes, porque hubieran destruido los rieles. Emiliana Castro Chica, con sus ocho o nueve años, miraba aquellos fierros y pensaba que con o sin tráfico de todos modos hubieran terminado rompiéndose: la salina ya los había roído bastante de abajo hacia arriba, y el suelo arenisco y las matas de cachiyuyos los cubrían por falta de mantenimiento. Pero en la casa sentían aún cierto orgullo recóndito —casi proverbial, podría decirse— por aquel hombre y su pasado ferroviario; y de hecho ya no quedaba otra persona, de Taco Pozo a Totoralejos ni de Chuñaguasi a Chilca Juliana, que hubiera conocido tan bien los pormenores del Seghezzo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por esta razón, para la nena no se trataba de un “ramal perdido”. Estaba ahí enfrente; de la entrada a la vía muerta habría unos veinte metros como mucho. Lo conocía de memoria. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A veces las Castro se llegaban hasta Ojo de Agua, a poco menos de seis leguas a caballo, después de pasar por Lomitas Blancas y por Las Chacras para saludar un Cristo. Un poco más importante era Sumampa, a donde solo iban muy de tanto en tanto y por lo general en noviembre, para el Santuario. Y una de esas veces, la pequeña Emiliana vio un mixto pasando a toda máquina rumbo a Santiago. Los perfiles estropeados del 101 eran bien distintos del tren que pasaba por Sumampa, y eso que Sumampa tampoco era gran cosa. Esta línea también cerró; por lo menos en algo pudo hermanarse con el humilde Seghezzo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObz4PNG59I/AAAAAAAAApE/1vimL_WckaY/s1600/Imagen%2Bblog%2B058c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 234px; FLOAT: right; HEIGHT: 285px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5541384539005708242" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObz4PNG59I/AAAAAAAAApE/1vimL_WckaY/s320/Imagen%2Bblog%2B058c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Tan escaso era el horizonte de las Castro, tan breves eran los motivos de su asombro. Si hasta sus propios nombres evocaban la cortedad del páramo; desde la Emiliana Castro Vieja, que se había casado con su primo Sebastián Castro para tener tres hijos: el Sebastián Chico, que se había muerto hacía poco; el Antonio Castro, que trabajaba en el Chaco, y la otra Emiliana, a la que le decían la Emiliana Castro Grande, que de soltera tuvo a la Emiliana Castro Chica y que para siempre se había quedado en el puesto cercano al 101. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora solo estaban ellas dos, la Grande y la Chica. Primitivas y silenciosas, duras como todo lo que estaba ahí; embrutecidas de tanto no ver a nadie durante semanas enteras, y aún meses para cuando llegaba la seca; mujeres atrasadas por las muchas generaciones que se educaron bajo el temor por cierta entidad del monte, el Toro Súpay, que protegía la escasa hacienda de la región saladina, pero que también podía aparecerse con sus poderes durante la siesta. Nadie sabía decir muy bien cómo era ni qué poderes detentaba exactamente aquel misterio, aunque daban por sentado que existía y que podía salir enojado si alguno interrumpía su modorra. Madre e hija eran, en fin, la Grande y la Chica; olvidadas a la buena de Dios y solo visitadas por el rumor de un levísimo soplo sobre la fronda del monte bajo, con el grito lejano y repetido de un bichofeo, y los coyoyos de siempre que saludaban a los veranos más tórridos de los que se tuviera memoria en Ambargasta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las dos Emilianas habitaban aquel panorama invariable del tanque seco, la cuerda de la ropa tendida, el hornito, el perro dando cabezadas, los arbustos groseros como todo el paisaje, y más allá las matas de color verde limón y la vía, la eterna vía al 101 que reverberaba en la tarde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era un día de febrero y a la hora en que más tremendo caía el sol al pie de la sierra cuando la Emiliana Castro Chica miraba los rieles fósiles del Seghezzo, pensando una vez más en el tren que nunca, ni ella ni su madre, vieron pasar. Hasta con vergüenza los miraba, calentándose en el tedio de las horas, entre las arenas y los tallos de las plantas recias; esas plantas que de tan prendidas al suelo se arrancaban levantando raíz y todo, dejando un agujero entre los durmientes. La criatura nunca se alejaba más allá de una carrerita corta detrás de las gallinas, cerca del tanque; no había otra cosa que hacer a esa altura del día, cuando el calor era más fuerte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era un día de febrero el día de esta historia. Del lado del 101 se veían venir, caminando por la vía, dos personas. El reflejo del sol las tremolaba un poco a la distancia; pero haciendo pantalla con la mano se notaba claramente que eran dos y que se acercaban. ¿De dónde vendrían, y para qué? Más allá del 101 no había nada; estaba el camino de tierra que llegaba de La Esperanza, a cincuenta kilómetros y pasando largo el límite con Córdoba, pero podían irse los años esperando que alguien hiciera aquel camino. El mapa de la Firestone lo marcaba clarito, pero estando ahí se comprobaba que era más bien una huella; había que ser gente de la zona para seguirla e incluso para encontrarla. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TOb0LfjeWaI/AAAAAAAAApM/LsOQVtjhE0E/s1600/Imagen%2Bblog%2B058d.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 216px; FLOAT: left; HEIGHT: 268px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5541384869812001186" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TOb0LfjeWaI/AAAAAAAAApM/LsOQVtjhE0E/s320/Imagen%2Bblog%2B058d.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Y sin embargo venían de ese lado, del sur. Dos hombres; uno con sombrero, otro acarreando un teodolito. Se detuvieron faltando unos cien metros, no más, para la casa de las Emilianas. Una cuadra, como quien dice; aunque nada significaba “una cuadra” en ese paraje donde daba lo mismo un kilómetro que cincuenta o cien o ciento uno. Desplegaron papeles, conversaron; luego montaron un trípode y uno (el más joven, parecía) armó una varilla que traía franjas rojas y blancas alternadas, y se fue más lejos, hasta que desde el puesto no se lo vio más. Para el lado del algarrobo blanco pareció irse. El otro, el del sombrero, esperó un tiempo junto al teodolito; prendió un cigarrillo, aguantó más y al rato se puso a observar por el instrumento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las Emilianas miraban todo desde la distancia y en completo silencio, sin barruntarse la menor explicación. No interpretaban absolutamente nada, pero tampoco se decidían a ir hasta donde estaban los hombres, que parecían estar tomando medidas de algo. Vieron al del aparato hacer un gesto con el brazo bien en alto, dándole a entender al otro que había terminado, que se volviera. En efecto, poco después apareció caminando su compañero, que venía del lado del algarrobo blanco con la varilla en la mano. Siguieron hablando entre sí mientras escribían en unas libretas, y después los dos se fueron por donde habían venido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La Emiliana Castro Chica tuvo, de pronto, el presentimiento que aquello no era nada bueno. El pariente ferroviario les había comentado (y ya haría de eso unos tres años: la última vez que el hombre anduvo por ahí) que en otras partes de Santiago las cuadrillas habían comenzado a levantar rieles de ramales abandonados. ¿Querrían ahora las vías del 101? Es cierto que ella miraba los fierros con vergüenza, pero en definitiva eran sus fierros. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche rezó ayudándose con la imagen lívida que venía a su mente del Santuario que había visto en Sumampa. Su religión era confusa: primero pidió al Cristo del camino a Las Chacras y luego pidió al Toro Súpay que tanto la atemorizara; porque es bueno rezarle a Dios y a la Virgen y a Santiago Apóstol, pero por las dudas también al Diablo que siempre anda suelto. Al Cristo le prometió unas flores; al Toro le garantizó silencio a la hora de la siesta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué es lo que pide, m’ hijita? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—Nada, mamá. Pido por nosotras. Mis oraciones alguien tendrá que cumplir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TOb0eNhhU7I/AAAAAAAAApU/D03ciD2IKaw/s1600/Imagen%2Bblog%2B058e.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 193px; FLOAT: right; HEIGHT: 127px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5541385191389483954" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TOb0eNhhU7I/AAAAAAAAApU/D03ciD2IKaw/s320/Imagen%2Bblog%2B058e.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Amaneció sobre el puesto sin nombre que estaba junto al Seghezzo. Del otro lado de los rieles, dos gallinas nuevas, hermosas e inexplicables, se interesaban por escarbar bajo el sol inmenso de la mañana. Y algunos kilómetros vía adelante estaba tirado el teodolito; pero de esto las Emilianas, la Grande y la Chica, nunca se enteraron. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3689998965068124506?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3689998965068124506/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3689998965068124506' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3689998965068124506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3689998965068124506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/11/un-trato-justo.html' title='Un trato justo'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TObzJiRLN_I/AAAAAAAAAo0/icwfcfDodUc/s72-c/Imagen%2Bblog%2B058a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7576820808627038000</id><published>2010-11-04T20:31:00.004-03:00</published><updated>2010-11-05T15:32:23.164-03:00</updated><title type='text'>Madame Blanche</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TNNC2TBbGoI/AAAAAAAAAok/M5kAfOtarPs/s1600/Imagen+blog+057a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 189px; FLOAT: left; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5535841867555084930" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TNNC2TBbGoI/AAAAAAAAAok/M5kAfOtarPs/s320/Imagen+blog+057a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;En la Buenos Aires de antaño, lo parisino propiciaba la excitación. Tal gusto debería corresponder al período iniciado con la &lt;em&gt;Olimpia&lt;/em&gt; de Manet, prolongado por postales &lt;em&gt;fin de siècle&lt;/em&gt;, más tarde sostenido por la mirada sugerente de Michèle Morgan, y después prácticamente anulado por la literatura de Sartre; con un poco más de acotación, puede decirse que su punto álgido fue nuestra &lt;em&gt;belle époque&lt;/em&gt; en torno al Centenario, cuando en el oficio del amor el viejo peringundín a la criolla debió competir con la distinguida &lt;em&gt;maison&lt;/em&gt; a la francesa. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No tan distinguida, después de todo; al igual que las tradicionales, estas residencias europeizantes (que en realidad no eran muchas) desatendían la ordenanza que prohibía el baile, y organizaban tangueadas en medio de un equívoco concepto de elegancia que consistía en adulterar el ambiente con cualquier vulgaridad. Y por cierto que las pupilas rara vez eran auténticamente francesas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un lugar así: el establecimiento de Madame Blanche. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Puede imaginársela como una estereotipada proxeneta gala, irradiando autoridad con su sobrecarga de kilos y de maquillaje y de bisutería. En verdad, nada sabemos de ella; así que lo mismo da esta o cualquier otra imagen. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cambio, sí se sabe que el suyo no fue ni un “lugar pintoresco”, ni una “casita” o “sitio alegre”, como ha querido vérselo. Lo de Madame Blanche, como tantos lugares clandestinos en donde el burdel alternaba con el baile, fue un antro. Cambió varias veces de domicilio hasta llegar a pleno Centro, en Montevideo 775; en todos, fue un local infeccioso con las peores formas de depravación. Ocurre que Madame Blanche, al igual que su competidora Laura, ponía alfombras, gobelinos, un par de jarrones, y con eso ya fingía cierta categoría; luego, la historia del tango solo anotó el recuerdo de estas fruslerías, y no el hecho de que en sus habitaciones hubiera, por ejemplo, corrupción de menores. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por alguna razón, las bailarinas que pasaban por allí se volvían muy conocidas. Es difícil determinar el grado de compromiso que tendrían con la casa, porque no era una academia ni un salón de baile ni una confitería: aquello era un lupanar, donde hacerse famosa no era precisamente reflejo de virtud. Las más recordadas fueron Sarita y una tal Juana “La Cívica” (que quizá haya vivido lo suficiente para conocer el voto femenino). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tuvo pianistas estables, como Enrique Saborido, Samuel Castriota y Alfredo Bevilacqua. Se asegura que fue en lo de Madame Blanche donde Saborido estrenó su famoso tango &lt;em&gt;Felicia&lt;/em&gt;, dedicado a la bailarina Felicia Ilarregui, hacia 1907-1908. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7576820808627038000?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7576820808627038000/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7576820808627038000' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7576820808627038000'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7576820808627038000'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/11/madame-blanche.html' title='Madame Blanche'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TNNC2TBbGoI/AAAAAAAAAok/M5kAfOtarPs/s72-c/Imagen+blog+057a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3242580944695581156</id><published>2010-10-29T19:29:00.008-03:00</published><updated>2010-10-29T19:45:09.959-03:00</updated><title type='text'>El olor de la pintura bermellón</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtOFdoxNvI/AAAAAAAAAnM/afe69xvNUtk/s1600/Imagen+blog+056f.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 239px; FLOAT: right; HEIGHT: 205px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533602422916724466" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtOFdoxNvI/AAAAAAAAAnM/afe69xvNUtk/s320/Imagen+blog+056f.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;En 1975 yo ya estaba en edad de ingresar al &lt;em&gt;kindergarten&lt;/em&gt;. Escribo esta palabra y no su equivalencia española (“jardín de infancia”) porque el sonido germánico es ideal para recordar el ambiente marcial que tenía ese parvulario. Muy ilusionados ante la perspectiva de iniciar mis estudios formales, prepararon para mí un delantal cuadriculado, un moño azul, un zurrón con mi nombre bordado y varios elementos didácticos. Duré exactamente tres días: la maestra Rosita me hizo una encuesta tan irritante (“¿dónde vives?”, “¿qué comida prefieres?”, “¿quiénes son tus amigos?”) que la acusé de chismosa, al tiempo que le asestaba un buen golpe en la cabeza con mi trozo de arcilla (uno de los elementos didácticos). Fui expulsado, y por cierto que no conozco ningún otro caso de un niño despedido categóricamente de la enseñanza preescolar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Resignada a no poder ofrecerme una educación que me contuviera, mi madre dejó que el resto de aquel año holgazaneara a gusto. Nunca dejaré de agradecerle, porque quedándome en casa un día descubrí sus libros de pintura. Fue un momento mágico de mi vida. Sin consultarlo, todas las tardes tomaba uno de los volúmenes de la biblioteca y me iba con él al pequeño y atestado desván, iluminado por los haces del sol que se filtraban por un ventanuco; allí, en completa soledad, hojeaba las láminas y disfrutaba con el arte de los grandes maestros. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Qué placer hermoso, qué serena felicidad me brindaban aquellas reproducciones! No podía descifrar ni los nombres de los pintores ni los títulos de sus cuadros; estas cosas las sabría mucho después, pero entonces, sin necesidad de otros conocimientos, yo podía estar largo tiempo contemplando la &lt;em&gt;Anunciación&lt;/em&gt; de Fra Angélico, que me llamaba especialmente la atención por una escena secundaria, a la izquierda, en donde se veían dos personajes caminando en medio de la floresta y un minúsculo ángel carmín; también me fascinaba el cuadro &lt;em&gt;Sobre la ciudad&lt;/em&gt;, de Marc Chagall, que lo mostraba a él mismo junto a su esposa, Bella, flotando por los cielos de una aldea; recuerdo el extraño mundo a donde me llevaba &lt;em&gt;La habitación encantada&lt;/em&gt;, de Carlo Carrà, por ser tan parecido al mismo cuarto en donde pasaba mis horas de observador; y llegué a enamorarme perdidamente de la &lt;em&gt;Odalisca recostada&lt;/em&gt;, de Francesco Hayez, de espaldas a un ventanal por el que se divisaba el océano: con ella quería salir a navegar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al dormir, continuaban inquietándome ciertos detalles que había advertido en esas pinturas. No era raro que mis sueños aparecieran cosas tales como el distante y obscuro &lt;em&gt;montgolfier&lt;/em&gt; que se ve a la derecha del autorretrato de Rousseau, la luna que puso Magritte en &lt;em&gt;Le Domaine d’Arnehim&lt;/em&gt;, los extraños híbridos concebidos por el Bosco, el no menos curioso huevo con patas y cuchillo que fantaseó Brueghel habitando el país de Jauja, el Cristo flagelado de Piero della Francesca, un demonio arrojado de Arezzo por Giotto, o el patio visto desde una puerta abierta en la callejuela de Vermeer… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde aquel tiempo rara vez pasé un día sin el gozo de la pintura, que ha sido una de mis formas de dicha y mi evasión en las horas tristes. Con seis años recién cumplidos, ya distinguía no menos de sesenta artistas diferentes y en mi mente albergaba un pequeño catálogo de preferencias; cuando supe leer, aprendí nombres y logré una precoz fama de entendido entre mis maestros de escuela. Mi madre pintaba influída por el surrealismo, tendencia que transportaba mi imaginación más allá de cualquier límite. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En 1981 el Museo Nacional de Bellas Artes organizó una exposición con obras de Giorgio de Chirico, Max Ernst, René Magritte y Joan Miró; yo tenía once años y pedí que me llevasen. Aún conservo el catálogo de aquella muestra.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 255px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533600336827960018" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtMMCWcytI/AAAAAAAAAmk/u-Ji4eyzj_8/s320/Imagen+blog+056a.jpg" /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 248px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533600604667228386" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtMboITsOI/AAAAAAAAAms/iMi7P2fdHKo/s320/Imagen+blog+056b.jpg" /&gt; &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 250px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533601271332808482" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtNCbpxJyI/AAAAAAAAAm0/cOBf_x1vI18/s320/Imagen+blog+056c.jpg" /&gt; &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 289px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533601546332242130" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtNScGvgNI/AAAAAAAAAm8/F6NEQlY_SGo/s320/Imagen+blog+056d.jpg" /&gt; &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 227px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533602100158143010" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtNyrRIGiI/AAAAAAAAAnE/sLlcGTZq6w8/s320/Imagen+blog+056e.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3242580944695581156?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3242580944695581156/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3242580944695581156' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3242580944695581156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3242580944695581156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/10/el-olor-de-la-pintura-bermellon.html' title='El olor de la pintura bermellón'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMtOFdoxNvI/AAAAAAAAAnM/afe69xvNUtk/s72-c/Imagen+blog+056f.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4091103166260796226</id><published>2010-10-22T19:36:00.005-03:00</published><updated>2010-10-22T19:44:04.102-03:00</updated><title type='text'>Descansos y testimonios</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMIS94AyVPI/AAAAAAAAAmU/lGnOM79uz9s/s1600/Imagen+blog+055a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 177px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5531004146581394674" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMIS94AyVPI/AAAAAAAAAmU/lGnOM79uz9s/s320/Imagen+blog+055a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;A los costados de los caminos, no importa cuán inhóspita sea la región que atraviesen, hay centenares de ermitas levantadas con fervor místico en honor a un santoral que muchas veces es sospechoso y otras veces directamente profano. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tal vez ya se ha establecido un catálogo; lo ignoro. Hay dos claros motivos que llevaron a erigirlas. El primero es el último coletazo de una época en que era un verdadero problema morirse en el campo. Siempre era mucha la distancia hasta el cementerio más cercano. Y si bien poco debía importarle al difunto el cansancio de su última recorrida, no eran de la misma opinión sus deudos, que necesitaban reparadoras escalas en el camino hasta el camposanto. Así, entre pésames y sudores, se construían aquellas ermitas que no eran sino mojones para hacer un alto en la procesión. Son los &lt;em&gt;descansos&lt;/em&gt;. La otra causa, que es la más frecuente a lo largo de las carreteras argentinas, es el recuerdo a un accidente. Si el protagonista se salva, levanta el monumento para agradecer la suerte que ha tenido. Si perece, algunos familiares -y muchas veces los mismos campesinos de la zona- dejan la memoria de su desgracia. Estas ermitas son los &lt;em&gt;testimonios&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casi todas tienen el aspecto de una pequeña iglesia. El modelo más simple, que rara vez supera el metro y medio de altura, está hecho de ladrillo o de chapa, con una abertura frontal. Es común que esta abertura tenga una reja y hasta un cerrojo, que se abrirá vaya a saberse con qué llave. El techito a dos aguas suele rematarse con una cruz. Las paredes se blanquean y tienen, por lo general, placas de bronce o de otro metal con alguna inscripción, como agradecimientos por milagros cumplidos. Las placas también pueden ser de otro material, como la cerámica o la madera. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que hay adentro es de lo más variado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMIShelz_gI/AAAAAAAAAmE/YdQYtU6LbeQ/s1600/Imagen+blog+055b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 229px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5531003658721033730" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMIShelz_gI/AAAAAAAAAmE/YdQYtU6LbeQ/s320/Imagen+blog+055b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Muy frecuentes resultan las botellas con agua como tributo a la Difunta Correa, hija de un político de la Provincia de San Juan, veterano de las luchas por la Independencia, que hacia 1840 fuera perseguido y apresado por Facundo Quiroga. La leyenda informa que Deolinda, que así se llamaba la mujer, murió de sed intentando escapar a La Rioja con su hijito; unos arrieros que hallaron su cuerpo en medio de los cerros juraron que el pequeño aún vivía, porque los pechos de la fugitiva seguían amamantándolo después de la muerte. Esta creencia se extendió por todo el país y fue particularmente atendido por los camioneros, aunque en los últimos años su culto se ha visto desplazado por el del Gauchito Gil. Las ermitas dedicadas a Gil se identifican por estar rodeadas de banderines rojos y, a veces, matrículas de automóviles. Es obligación hacer sonar la bocina del vehículo cuando se pasa frente a ellas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También hay imágenes de Ceferino Namuncurá, nativo de Chimpay, Provincia del Río Negro. Su fama de conceder cuanto prodigio se le solicite llevó a su trámite de beatificación, iniciado en 1945 y aún no concluido. Había muerto en 1905 en Italia, con solo dieciocho años y una confortante aureola de bondad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pueden encontrarse, además, reproducciones de San Cayetano o de San Cono, patronos que nada tuvieron que ver con la Argentina, pero que lograron su envidiada popularidad por razones antagónicas: uno por conseguirle trabajo al desocupado, otro por favorecerle números de lotería al apostante. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bastante seguido suele aparecer San Jorge, suprimido actualmente por la Iglesia por sus asomos más bien legendarios. Fue tema predilecto de Paolo Uccello, de Donatello, de Giorgione, de Rafael; la iconografía obligada (exceptuando a Rosetti) fue mostrarlo de a caballo, con armadura, dando muerte al Dragón que custodiaba a una doncella. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Debido a la imaginería católica, algunos llaman &lt;em&gt;santitos&lt;/em&gt; a los descansos y testimonios. En Hualcupén hallé santitos aprovechando los huecos de las rocas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En los descansos y testimonios casi no falta Santa María, ya sea como la Virgen del Valle, de Luján, de Lourdes, de Guadalupe o de la Inmaculada Concepción. Vi una Virgen totalmente blanca en el camino de ascenso al volcán Copahue, en un testimonio a cielo descubierto. Esta es la forma menos frecuentada por los fabricadores de testimonios, pues lo corriente es la ermita; aunque debido a su ubicación probablemente se tratara de un descanso para los escaladores y no un testimonio propiamente dicho. Varias veces hallé dentro de un testimonio una réplica a escala diminuta de alguna iglesia real o imaginaria: una ermita dentro de otra ermita. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A menos que estén protegidas por un puertecita con vidrio, las estatuillas nunca son nuevas. Han soportado durante años polvo, viento y humo de velas. Habitualmente son de yeso y llegaron al santuario con vivos colores, pero el tiempo las fue despintando y mutilando. Así, se ven ídolos descabezados que pueden ser cualquier santo o ninguno, y de no ser por algunos atributos (el perro de San Roque, la espada del Arcángel Miguel, el cuerpo cribado de San Sebastián, el poncho de Laura Vicuña) no podrían reconocerse. En más de una oportunidad vi una figura de la Virgen tomada de un pesebre navideño. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Muchos testimonios merecerían capítulo aparte. He visto cerca de Plaza Huincul uno que es un monolito coronado por una pelota de fútbol, recuerdo de un accidente en el que murieron deportistas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También hay variedad en los textos inscriptos. Existen las invocaciones al caminante, tal como se leía en ciertos epigramas funerarios griegos. Hacia los siglos II y III d. C., un hexámetro dactílico escrito sobre un sarcófago de Termeso podía decir “Adiós, caminante; ya conoces quién soy: sigue tu camino”. Un testimonio reciente, tan solo por perpetuar la tradición, quizá nos llame con palabras parecidas. Otras placas, carentes de &lt;em&gt;consolatio&lt;/em&gt; o del &lt;em&gt;sit tibi terra levis&lt;/em&gt; (porque no debe olvidarse que el testimonio no es una tumba, sino una variante de cenotafio), exhortan a la oración y proponen no se cuántas repeticiones de un Credo para conseguir lo anhelado o para recobrar lo perdido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No solo hay ermitas o monolitos: también cruces, infinidad de simples cruces a la vera de nuestras carreteras. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4091103166260796226?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4091103166260796226/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4091103166260796226' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4091103166260796226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4091103166260796226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/10/descansos-y-testimonios.html' title='Descansos y testimonios'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TMIS94AyVPI/AAAAAAAAAmU/lGnOM79uz9s/s72-c/Imagen+blog+055a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8783352773707740839</id><published>2010-10-15T18:18:00.006-03:00</published><updated>2010-10-15T18:24:57.916-03:00</updated><title type='text'>El primer rey Tudor</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;(Escrito por &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Guada Aballe&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; para &lt;em&gt;El Sextante de Hevelius&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLjFqHnXbpI/AAAAAAAAAk4/SHB_Ld4OG6w/s1600/Imagen+blog+054a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 209px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5528385869986623122" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLjFqHnXbpI/AAAAAAAAAk4/SHB_Ld4OG6w/s320/Imagen+blog+054a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Enrique Tudor nació en Pembroke (Gales) el 28 de enero de 1457. Su madre, Margaret Beaufort, tenía catorce años y su padre, Edmund Tudor, había muerto mientras su madre estaba embarazada. Su abuelo había sido Ower ap Meredith ap Tudur, aquel aventurero galés que había enamorado a la viuda de un rey. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eran tiempos de la guerra civil York-Lancaster. Su familia estaba en el lado lancasteriano. Con motivo de un triunfo yorkista, el niño estuvo bajo al custodia de Lord Herbert. Y con un nuevo gobierno de la Casa de Lancaster, su tío Jasper Tudor pudo ocuparse de él. Los yorkistas volvieron al poder y Jasper con su sobrino se vieron obligados a partir para el exilio: Francia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo Enrique Tudor se convirtió en pretendiente al trono por la Casa de Lancaster. En 1483 intentó invadir Inglaterra pero no pudo a causa de las tormentas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La situación política en la isla estaba cada vez peor, no solamente la guerra civil parecía no terminar sino que el Lord Protector Ricardo de Gloucester había hecho llevar a su sobrino, el niño rey Eduardo V, junto con su hermanito a la Torre de Londres “para custodia”. Ricardo usurpó el trono con el nombre de Ricardo III y los chicos desaparecieron. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En 1485, con un ejército que contaba entre 3.000 y 4.000 hombres, Enrique entró en Inglaterra y gracias a la defección de los Stanley en el campo de batalla pudo derrotar a Ricardo en Bosworth Field. Se casó con Elizabeth, la princesa yorkista sobrina de Ricardo III y hermana de los chicos desaparecidos. Unió de esta manera las casas de York y Lancaster y se puso fin a la guerra civil. Asumió el poder como Enrique VII con un pueblo feliz de ver terminada una guerra civil de unos treinta años de duración. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin experiencia alguna de gobierno asumió el poder en un reino nada envidiable: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-la nobleza dividida y diezmada &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-los yorkistas activos en las sombras y dispuestos a volver a cualquier precio &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-de los últimos cuatro reyes que había visto Inglaterra (con o sin derechos legítimos) los cuatro habían sido depuestos; 1 de ellos asesinado (Enrique VI), 1 muerto en batalla (Ricardo III) y otro aún seguía desaparecido (Eduardo V) &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-el país estaba en bancarrota y hasta las Joyas de la Corona estaban empeñadas &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando falleció 24 años después, en el país había superavit, él mismo murió en su cama, nunca fue destituido y logró dejarle el trono a un sucesor que tomó el poder sin hechos violentos por primera vez en 87 años. La última transición pacífica había sido en 1422. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como rey su fuerte fueron las finanzas. Bajó los gastos del reino. Evitó guerras innecesarias. Controlaba personalmente las cuentas diariamente y además empleaba auditores para tener doble control. Se manejó con un sistema de multas y fianzas para recaudar dinero. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su principal característica era la desconfianza que sintió toda su vida hacia la nobleza, a la que hostigó, controló y amedrentó. Se ocupó que ningún noble se creyera por encima de la ley y hacía nombramientos teniendo en cuanta la capacidad de la persona y no su cuna. Creó pocos nobles (con la intencionalidad que el número de pares decayera con el tiempo). De las 62 familias de pares 7 estaban bajo “attainder”, 36 bajo fianzas, 3 con restricciones y solo 16 vivían en paz. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tenía el hábito de reunirse con su consejo privado regularmente y presidirlo. Estimuló los viajes de los Caboto y el comercio con el extranjero (hasta dispuso un embargo a los Países Bajos para que dejaran de apoyar a los yorkistas). Detectó futuros problemas sociales y en 1489 promulgó un acta que frenaba el cercamiento a las tierras comunes. Lamentablemente cuando murió se había convertido en alguien impopular por su costumbre de aplicar multas descomunales para recaudar fondos a lo largo y ancho del país. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Enrique VII supo ser rudo, firme y severo cuando la ocasión lo requería pero a diferencia de su famoso hijo jamás se manejó por caprichos o veleidades insólitas. Su matrimonio con Elizabeth de York fue feliz y tuvo varios hijos de los cuales destacamos a Arturo (el más célebre de los Príncipes de Gales), Margaret (a través de ella desciende la familia real británica actual), Enrique VIII y Mary (la abuela de Lady Jane). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Murió el 21 de abril de 1509. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Guada Aballe &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8783352773707740839?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8783352773707740839/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8783352773707740839' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8783352773707740839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8783352773707740839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/10/el-primer-rey-tudor.html' title='El primer rey Tudor'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLjFqHnXbpI/AAAAAAAAAk4/SHB_Ld4OG6w/s72-c/Imagen+blog+054a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3459610664707331865</id><published>2010-10-09T09:52:00.006-03:00</published><updated>2010-10-09T10:10:57.619-03:00</updated><title type='text'>La trágica Maria Melato</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 216px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5526030720583893346" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLBnqYZMgWI/AAAAAAAAAjA/woV1wpDbOPM/s320/Imagen+blog+053a.jpg" /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Los años de preparación .-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Es probable que todo aquel que viera actuar alguna vez a Maria Melato nunca más pudiese olvidarla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Quien habría de convertirse en una de las más importantes actrices italianas de todos los tiempos nació en Reggio Emilia el 16 de octubre de 1885. No sufrió alguna de esas oposiciones familiares que tanto gustan en registrar las biografías de los artistas; su vocación se desarrolló temprano y fue estimulada: era maravilloso oír a la niña recitando las trágicas creaciones decimonónicas, con las que conmovía no por su precocidad, sino por su legítimo talento. Los primeros trabajos profesionales los hizo en el grupo de Teresa Mariani y Vittorio Zampieri, como actriz especializada en roles de amorosa; de ahí pasó a ser la &lt;em&gt;prima attrice giovane&lt;/em&gt; de la compañía de Irma Gramatica y Flavio Andò. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre 1909 y 1921 se perfeccionó bajo las órdenes (“severas y apasionadas”, acota un cronista) de Virgilio Talli, una de las figuras más importantes de la escena italiana de entonces, que luego de agotar el repertorio clásico le hizo conocer el lenguaje y los motivos de los autores contemporáneos: Luigi Pirandello, Gabriele D’Annunzio, Rosso di San Secondo, Massimo Bontempelli. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Talli la asesoró también en sus incursiones cinematográficas: &lt;em&gt;Il ritorno&lt;/em&gt; (1914), &lt;em&gt;Anna Karenine&lt;/em&gt; (1917), &lt;em&gt;Le due Marie&lt;/em&gt; (1918), &lt;em&gt;Il volo degli aironi&lt;/em&gt; (1920), &lt;em&gt;Il trittico dell’amore&lt;/em&gt; (1920), &lt;em&gt;Le due esistenze&lt;/em&gt; (1920). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLBn46YR8JI/AAAAAAAAAjI/0i7Mp0bil2Q/s1600/Imagen+blog+053b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 169px; FLOAT: left; HEIGHT: 225px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5526030970225029266" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLBn46YR8JI/AAAAAAAAAjI/0i7Mp0bil2Q/s320/Imagen+blog+053b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La década de su esplendor .-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Doce años siguiendo la disciplina de Talli fueron preparándola para el lanzamiento de su compañía propia. Ya se había ganado el derecho a ser conocida como “La” Melato, distinción solo reservada a las grandes divas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su concepto de lo que debía ser una verdadera &lt;em&gt;capocomica&lt;/em&gt; no era solo el pulimento preciso de cada gesto o diálogo suyo: ella estaba al frente de una gran empresa y debía controlar absolutamente todo. Para sus montajes, hasta los actores con mínima incidencia en el libreto y aún aquellos que estaban por pura decoración debían cumplir con ensayos extenuantes; cada juego de luces, cada escenografía, cada elemento en escena —incluyendo un teléfono trivial o un jarrón que apenas se veía— pasaban antes por su rigurosa aprobación. Ni hablar de la música o del vestuario: jamás delegaba una decisión al respecto. Y noche tras noche el aplauso del público confirmaba lo acertado de sus enérgicas resoluciones. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dejó de hacer películas porque entendió que había muchas cosas en este medio que le serían imposibles de vigilar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Una gloria del pasado .-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Pasó con enorme éxito por Buenos Aires en 1923 y en 1925, y volvió en 1929 tras el suceso sin precedentes que había logrado en el Vittoriale haciendo &lt;em&gt;La figlia di Jorio&lt;/em&gt;, de D’Annunzio. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero en la década del '30, después de sus giras latinoamericanas, regresó a los clásicos. Era el tipo de arte que promovía el Duce, mejor dispuesto para la vida de Escipión que para las problemáticas del momento. Melato seguía siendo una gran estrella, pero su entorno ya no era el mismo. En los '40 empezó a resignar su obsesivo afán de control; disolvió su compañía y después de veintidós años sin pisar un &lt;em&gt;set&lt;/em&gt; no tuvo más remedio que volver a hacer cine, ahora bajo la censura fascista (&lt;em&gt;La principessa del sogno&lt;/em&gt; en 1942, &lt;em&gt;Redenzione&lt;/em&gt; en 1943). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El estilo de Melato era considerado “antiguo” aún antes de la caída de Mussolini, y en la Italia liberada sus actuaciones fueron espaciándose. Dos películas más &lt;em&gt;(Quartieri alti&lt;/em&gt; en 1945 e &lt;em&gt;Il fabbro dil convento&lt;/em&gt; en 1947) poco le aportaron. En el teatro, que era su terreno natural, obtuvo otro triunfo en 1947 con &lt;em&gt;La voix humaine&lt;/em&gt;, un monólogo de Cocteau: de nuevo a los modernos, pero con un libreto que ya tenía diecisiete años y que todo el mundo recordaba interpretado por Berthe Bovy. Aunque alcanzó a rearmar su compañía, sus últimas apariciones memorables las hizo sola, recitando, con acompañamiento de piano. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLBofw2cDQI/AAAAAAAAAjQ/FAd9y2bnwZQ/s1600/Imagen+blog+053c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 171px; FLOAT: right; HEIGHT: 183px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5526031637682064642" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLBofw2cDQI/AAAAAAAAAjQ/FAd9y2bnwZQ/s320/Imagen+blog+053c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El 24 de agosto de 1950, en Forti dei Marmi, Melato falleció tras caerse del tren que tenía que llevarla a Turín, donde debía intervenir en un radioteatro basado en textos de Somerset Maugham. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hay un busto en memoria suya en el Parco del Popolo. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3459610664707331865?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3459610664707331865/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3459610664707331865' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3459610664707331865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3459610664707331865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/10/la-tragica-maria-melato.html' title='La trágica Maria Melato'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TLBnqYZMgWI/AAAAAAAAAjA/woV1wpDbOPM/s72-c/Imagen+blog+053a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-1383231134537764819</id><published>2010-10-01T21:55:00.007-03:00</published><updated>2010-10-01T23:27:08.930-03:00</updated><title type='text'>Una altanería entre dos guardias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TKaFH6gx1ZI/AAAAAAAAAiQ/WReQ65GvTsU/s1600/Imagen+blog+052b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5523248364028810642" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 207px; CURSOR: hand; HEIGHT: 241px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TKaFH6gx1ZI/AAAAAAAAAiQ/WReQ65GvTsU/s320/Imagen+blog+052b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Si fue o no &lt;em&gt;Mi Noche Triste&lt;/em&gt; el poema que inauguró la tristeza como cuestión de tango (verificándose tal llegada hacia fines de 1916, principios de 1917), es asunto discutible y mal estudiado, a pesar de las páginas y páginas que se han escrito aprobando el dato. Hay ejemplos ligeramente anteriores, como &lt;em&gt;Maldito Tango&lt;/em&gt; –también conocido como &lt;em&gt;Ave de Noche&lt;/em&gt;– y otros más antiguos aún en donde la tristeza se asoma por lo menos como una posibilidad. Mérito de &lt;em&gt;Mi Noche Triste&lt;/em&gt; fue popularizar e instalar para siempre este dolor, y hasta darle una forma casi canónica. Y desplazar lo que fue hasta entonces una característica más o menos excluyente: la soberbia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La felicidad propiamente dicha ya era escasa antes de Contursi. En realidad, lo que dominaba era la soberbia en esas letras de corte autobiográfico y camorrero, en esos alardes de guapo que estuvieron desde los orígenes mismos del tango cantado. Prometían amenazas que nada les impedía concretarse en una paliza, un barbijo o la muerte sin más trámite. También anunciaban destrezas en una o dos armas, invitando a la medición en duelos de atrio o de lupanar; también proponían constatar virtudes dudosas o ausentes. El protagonista se creía magnífico y lo avisaba. Todo ello, narrado en primera persona, lo que movía al desprecio (cuando no al enojo) antes que a la alegría. Estas letras pueden resultar risueñas recién hoy, cuando se han perdido sus propósitos originales. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Surge &lt;em&gt;Mi Noche Triste&lt;/em&gt; por la misma época en que el malevo en estado puro comienza a extinguirse. Los valores ya son otros y se prefiere alardear una pena íntima, no un firulete cometido en un bailongo del Bajo ni una muesca nueva en el mango de un facón. No obstante este progreso, la soberbia siguió viva, con el desenfado corregido y atenuado por influencia de las nuevas generaciones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TKaEGY76w1I/AAAAAAAAAh4/mBuw5WGx8YA/s1600/Imagen+blog+052a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5523247238324339538" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 221px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TKaEGY76w1I/AAAAAAAAAh4/mBuw5WGx8YA/s320/Imagen+blog+052a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El compadrito vanidoso aparecerá de modo aislado y ya nadie podrá tomarlo en serio; un sujeto que pide respeto y menta sus caprichos se volverá intolerable. Se darán formas de soberbia más sutiles; los personajes deberán presumir por motivos morales o correrán peligro de que la soberbia se invierta y sea el oyente quien se sienta superior y lo demuestre. De hecho, a partir de 1920 decir “soy (o hago, o tengo) lo mejor” se admite sin reproche de anacronismo únicamente en tangos como &lt;em&gt;Primero Yo&lt;/em&gt;, algunos pasajes de &lt;em&gt;Barajando&lt;/em&gt;, tal vez &lt;em&gt;Contramarca&lt;/em&gt;, y otros en donde la ponderación de las virtudes propias tiene un fin aleccionador. Se descalifica al otro contraponiendo las habilidades particulares, con actitud docente. En la Guardia Vieja también quería enseñarse algo, pero con menos método: como mucho, se proponía la imitación. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Puede considerarse a la soberbia como un tema del tango? Más bien, es una cualidad observada en sus actores. En &lt;em&gt;Así se Baila el Tango&lt;/em&gt; el danzarín peca por soberbio, pero el tema es el baile; en &lt;em&gt;El Nene del Abasto&lt;/em&gt; el facineroso también es soberbio, pero se trata de un catálogo delictivo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al transformarse en una música recóndita, el tango le dijo adiós a la exageración de las prendas propias. Fue más común que los arrogantes fueran señalados con un jocoso dedo acusador, al estilo de &lt;em&gt;Mascarón de Proa&lt;/em&gt; o de &lt;em&gt;Qué Careta&lt;/em&gt;. Salvo excepciones como las de líneas arriba, la soberbia quedó para ser castigada. Era el triunfo ético de ir a menos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el tango perduran muchas faltas (traiciones, olvidos...), pero no la altanería. ¡Fugaz gloria la de aquellos canfinfleros, que vivían satisfechos de sí mismos y lo pregonaban! &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-1383231134537764819?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/1383231134537764819/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=1383231134537764819' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1383231134537764819'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1383231134537764819'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/10/una-altaneria-entre-dos-guardias.html' title='Una altanería entre dos guardias'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TKaFH6gx1ZI/AAAAAAAAAiQ/WReQ65GvTsU/s72-c/Imagen+blog+052b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5814781731101315851</id><published>2010-09-24T19:12:00.003-03:00</published><updated>2010-09-24T21:01:06.732-03:00</updated><title type='text'>Las Huellas del Diablo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TJ0jKC1DrqI/AAAAAAAAAhI/3R6vuxlxRYA/s1600/Imagen+blog+051b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520607373691170466" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TJ0jKC1DrqI/AAAAAAAAAhI/3R6vuxlxRYA/s320/Imagen+blog+051b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El miércoles 4 de febrero de 1998, estando en Loncopué (provincia del Neuquén), en las primeras horas de la mañana me fue dado observar un fenómeno ciertamente misterioso, al que no pude encontrarle explicación ni analogía, a no ser con otra situación ocurrida hacía más de un siglo en otras latitudes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La noche anterior habíamos escuchado desde la casa de la Estancia El Nido un revuelo inusual de loros barranqueros; y si bien era este un sonido más o menos común, la gritería de la bandada había alcanzado un nivel extraordinario. El perro, célebre por su cobardía, no dejó de ladrar. Temimos intrusos, pero nadie merodeaba la casa y terminamos atribuyendo la inquietud del animal a lo inoportuno de algún borracho que deambulaba por la calle Pedro Nazarre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Amaneció y yo era el único despierto en toda la casa. Decidí ocuparme aquel día de las compras, por lo que sin esperar a que los demás se levantaran me vestí y salí. Fue entonces cuando vi aquello, en la calle, a pocos metros de la puerta de entrada. Sobre la tierra estaban marcadas las huellas de un animal que no podría ser imaginado. Consistían en una serie de “C” distanciadas a intervalos cortos perfectamente regulares; marcas muy similares a las huellas que dejan las herraduras de los caballos, pero más pequeñas y, cosa inexplicable, en una sola línea. Ya a partir de esto es imposible hacerse la idea de un animal común, y comprendí la histeria del perro. Un caballo, independientemente de su tamaño, hubiera dejado cuatro herraduras marcadas en dos hileras. Un bípedo también dejaría dos líneas; ningún ser caminaría poniendo un pie delante de otro (como por la cuerda de un equilibrista) y con pasos tan exactos, tan regulares. Cada huella distaba de otra veinticinco centímetros, invariablemente, dejando una impresión así en la calle: &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;C     C     C     C     C&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era lo más raro de aquella mañana. Las huellas parecían ir en dirección SW-NE, pero apenas pasados dos o tres metros frente al portón de entrada, el rastro doblaba bruscamente hacia el NO y se dirigía a la estancia. Un canal separaba la calle de la vereda: las huellas lo cruzaban y seguían del otro lado, en línea recta y siempre con esa regularidad inalterable, como si el canal no existiera. Animales y humanos varían la marcha de acuerdo a las circunstancias, como saltar un canal (que, dicho sea de paso, podía cruzarse cómodamente a unos pasos de allí gracias a una planchada). Luego estaba un cerco: la huella seguía tras él como si hubiera podido atravesarlo. Unos metros más, y la huella ya desaparecía o se desdibujaba entre el césped. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Un ave? Ningún pájaro deja rastros como herraduras, ni —que bien se entienda— en una sola línea. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alguna bibliografía consultada me reportó que en Devonshire, al sur de Inglaterra, se vieron en el invierno de 1855 unas huellas similares sobre la nieve, provocando el pánico colectivo en esa localidad rural tan conservadora. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5814781731101315851?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5814781731101315851/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5814781731101315851' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5814781731101315851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5814781731101315851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/09/las-huellas-del-diablo.html' title='Las Huellas del Diablo'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TJ0jKC1DrqI/AAAAAAAAAhI/3R6vuxlxRYA/s72-c/Imagen+blog+051b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-64458148288507017</id><published>2010-09-17T23:19:00.005-03:00</published><updated>2010-09-17T23:22:36.796-03:00</updated><title type='text'>Los vaticinios infames</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TJQh_VZmXOI/AAAAAAAAAg4/ZRBt5Dzjwwk/s1600/Imagen+blog+050a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5518072815395691746" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 166px; CURSOR: hand; HEIGHT: 216px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TJQh_VZmXOI/AAAAAAAAAg4/ZRBt5Dzjwwk/s320/Imagen+blog+050a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Unas líneas de Suetonio (&lt;em&gt;De vita Cæsarum&lt;/em&gt;, I, 32) refieren cómo las cohortes dirigidas por Julio César decidieron cruzar el Rubicón tras una visión espectral. Aún sabiéndose temible, la legión no podía sortear un simple río de provincia: el recelo por la venganza política más que por la violación de las tradiciones dominaba sobre sus lanzas y sus escudos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un flautista venido de ninguna parte sedujo por su notoriedad a los soldados, quienes conmovidos ante la melodía se dejaron arrebatar una trompeta (de las mismas que doblegaron al mundo). La fantasmal aparición, al son del instrumento robado, vadeó la corriente con aire triunfal. El presagio no verificó desconfianza. Lo juzgaron propicio, cambiaron de margen y se condenaron a la lucha. Y ganaron. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pasaron, inexorables, los años; se sucedieron las arengas, las batallas y los lauros. César anheló ser rey, pues en los libros sibilinos estaba que Roma solo con un rey sería vencedora de los partos. Y poco faltaba para los &lt;em&gt;idus&lt;/em&gt; de marzo cuando llegó la noticia de que los caballos consagrados al río lloraban y se negaban a comer, pero esta vez el presagio no fue considerado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al pie de la mordaz estatua del vencido en Farsalia, veintitrés puñaladas recordaron a César que los augurios eran esta vez adversos y que su toga no pretendía ser la menos vulnerable. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-64458148288507017?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/64458148288507017/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=64458148288507017' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/64458148288507017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/64458148288507017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/09/los-vaticinios-infames.html' title='Los vaticinios infames'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TJQh_VZmXOI/AAAAAAAAAg4/ZRBt5Dzjwwk/s72-c/Imagen+blog+050a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2167289155762132666</id><published>2010-09-10T19:34:00.006-03:00</published><updated>2010-09-10T19:50:56.283-03:00</updated><title type='text'>Enrique Saborido</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqy8LS91nI/AAAAAAAAAfw/yPBZICGQkAA/s1600/Imagen+blog+049a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5515417440562828914" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 235px; CURSOR: hand; HEIGHT: 184px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqy8LS91nI/AAAAAAAAAfw/yPBZICGQkAA/s320/Imagen+blog+049a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El 2 de enero de 1935 el periodista Héctor Bates hizo un reportaje a Saborido en L3 Radio Belgrano. Treinta y un años habían transcurrido desde el estreno de &lt;em&gt;La Morocha&lt;/em&gt;; ni esta obra ni su autor habían sido olvidados, pero lo cierto es que reposaban en un nostálgico segundo plano como representantes de otro tiempo, como ejemplos venerables de una antigua expresión que ya había cambiado. Una fotografía, publicada luego por la revista &lt;em&gt;Antena&lt;/em&gt;, acompañó la crónica: nada en ella hubiera delatado que Saborido era un patriarca. Aquel hombre retratado con sencillez, pasándole un paño a sus anteojos y mirando circunspecto la partitura de otra creación suya (el tango &lt;em&gt;Queja gaucha&lt;/em&gt;), hubiera pasado desapercibido dentro del siglo caracterizado por el tráfago de sus novedades; sin duda esta tardía entrevista oficiaba de rescate para una persona humilde y a la vez responsable de una obra inmortal. Saborido probó en el piano sus melodías viejas, construidas sobre un ritmo que muchos recordaban, algunos tocaban y nadie bailaba; y concluyó con una evocación de su época. “Cuando vivía…”, añadió. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Enrique Saborido nació, según algunos de sus biógrafos, en 1877 en Montevideo. Con idéntica autoridad (es decir, ninguna) otros propusieron 1878. Sus padres, Estanislao Saborido y Rosario Morcillo, se instalaron en Buenos Aires dos años después; el pequeño creció en una ciudad recién amojonada como capital de la República, vibrante por los conflictos con Tejedor, marcada por la presidencia de Roca, por la euforia económica, por la expansión de los ferrocarriles, por la torpeza política de Juárez Celman, por los actos de la Unión Cívica, por la Revolución del Parque. Entre los diez y los quince años estudió violín, para optar luego por el piano. Pocas noticias se tienen de su formación; los nombres de sus maestros fueron borrosos o se olvidaron (se dijo que fue alumno de un tal Juan Gutiérrez, arduamente identificado con un profesor de la época), y la primera parte de su historia hoy se limita a datos que nada tienen que ver con lo musical: que cursó hasta primer año de un bachillerato, que fue dependiente de una librería hasta 1892, que luego ingresó a la secretaría del Teatro San Martín y que se mantuvo con este empleo durante quince años. Hay noticia de un hermano suyo, llamado Guillermo, guitarrista y bandoneonista, alumno del “Pardo” Sebastián; el rastro se le pierde hacia mediados de la década del veinte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacia 1895, tras haber tocado durante varios meses en casas de familia, podía hallarse a Saborido amenizando desde el piano los bailes de La Vieja Eustaquia, lugar ubicado en San Luis entre Ecuador y Nueva Granada (hoy Boulogne-Sur-Mer), cercano al Mercado de Abasto. Tres años después ya estaba dirigiendo su orquesta propia, integrada entre otros por su hermano Guillermo y Emilio Fernández en guitarras, Miguel Pécora en arpa, Genaro Vázquez en violín, y el “Tano” Vicente Pecce y Benito Masset en flautas. Completaban la formación otros músicos como Adolfo Inés, Verti o Dufour. Como puede advertirse, la instrumentación se correspondía a la de aquel período inicial del tango en que el bandoneón estaba aún lejano, siendo más presentes un mandolín o una armónica. Persiste cierta confusión cronológica: Saborido aseguró haber debutado al frente de este conjunto en 1898, en un casamiento celebrado en la calle Chacabuco entre Moreno y Belgrano; pero algunos de sus biógrafos posteriores afirmaron que aquellos bailongos de La Vieja Eustaquia vinieron después. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para 1902 la orquesta se había reducido a un trío, en el que continuaban Vázquez y Masset. El sitio de actuación era el célebre Restaurante del Parque Tres de Febrero, mejor conocido como “Lo de Hansen”. Este local fue el más reputado de su época; Saborido trabajó en él justo antes de que se convirtiera en el café de Anselmo Tarana, al tomar este empresario la concesión en 1903. Enseguida el músico da un importante salto social: sus solos de piano se escuchan en el balneario La Perla, de Mar del Plata, que por entonces solo convocaba a lo más aristocrático de la sociedad. Pero en 1904 vuelve al primer público, y se lo detecta en el porteño bar Reconquista, en la esquina de esta y Lavalle, mencionado por todos como “Lo de Ronchetti” por el apellido de su propietario. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqzD2YIglI/AAAAAAAAAf4/JuU8Ai_55Og/s1600/Imagen+blog+049b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5515417572386308690" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 246px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqzD2YIglI/AAAAAAAAAf4/JuU8Ai_55Og/s320/Imagen+blog+049b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En este bar, inaugurado el 24 de agosto de 1900, nació &lt;em&gt;La Morocha&lt;/em&gt; cinco años después. La música quizá haya sido anterior, como señalaron José Gobello y otros historiadores; se ha sugerido que ya circulaba como &lt;em&gt;Metéle fierro hasta el fondo&lt;/em&gt;, pero más allá de esta suspicacia está la fecha precisa (25 de diciembre de 1905) aportada por el propio Saborido en varias ocasiones, y es incuestionable que quedó conformado como un tango con letra en aquella Navidad, gracias a la diligente musa de Ángel Gregorio Villoldo. La aceptación fue inmediata y lo que siguió es una historia bien conocida; al dato de los mil ejemplares de la partitura impresos por la casa Rivarola que diseminó por el mundo la fragata Sarmiento, puede agregarse la anécdota de cierto oportunista que se presentara en la discográfica Odeon jurando que Saborido había fallecido y que él era su sucesor, reclamando para sí el porcentaje sobre la venta de los discos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqzLIcC0bI/AAAAAAAAAgA/d9gk4G2ER1Y/s1600/Imagen+blog+049bc.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5515417697493635506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 233px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqzLIcC0bI/AAAAAAAAAgA/d9gk4G2ER1Y/s320/Imagen+blog+049bc.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Poco después, mientras &lt;em&gt;La Morocha&lt;/em&gt; iba instalándose como el primer tango antonomástico y Saborido seguía desmintiendo su muerte, apareció &lt;em&gt;Felicia&lt;/em&gt;. La opinión personal del autor es que era la mejor de sus obras; musicalmente es, por lo pronto, la más elaborada. Esgrimiendo una complejidad mayor que &lt;em&gt;La Morocha&lt;/em&gt;, pudo &lt;em&gt;Felicia&lt;/em&gt; atravesar las décadas como un tango siempre vigente, pues su carácter más moderno y dúctil le permitió adaptarse a cualquier época. Sin embargo, la génesis fue casi la misma: unas notas irresponsables, emitidas casi con desgano, pero que una mujer escucha y agradece, y a partir de allí la ofrenda. En este caso la destinataria fue Felicia Ilarregui; su esposo, el autor teatral Carlos Mauricio Pacheco, fue el primero en ponerle versos. Esto ocurrió en 1908, y no en 1910 como otros han redondeado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqzS3gwNcI/AAAAAAAAAgI/5tKijUJQ-Ug/s1600/Imagen+blog+049d.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5515417830388938178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 231px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqzS3gwNcI/AAAAAAAAAgI/5tKijUJQ-Ug/s320/Imagen+blog+049d.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Para entonces contaba con una respetable obra como autor. Puesta en títulos, y expandiendo el listado para incluir su producción posterior, se trata de tangos como &lt;em&gt;Al otro lado del arroyo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Angustia&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Baquiano pa’ elegir&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Boteshare&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Cada quemada&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Caras y Caretas (El canillita)&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Coraceros del 9º&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Don Paco&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El cantor del callejón&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El Pochocho&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El señor Leiva&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Fierro viejo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Ingratitud&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La berlina de novios&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La hija de la Morocha&lt;/em&gt; (olvidada segunda parte de su gran clásico), &lt;em&gt;Mosca brava&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Náufragos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Hortensia&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Papas fritas a ¡Federación!,&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Pegué la vuelta&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Prendé la vela Martín&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Q’acés de noche&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Queja gaucha&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Que seas feliz&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Reclutamiento&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Rezongos postreros&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Rosario&lt;/em&gt; (su última obra, dedicada a su hija). También hizo los valses &lt;em&gt;Caridad (Bebita)&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Dora&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Reliquia Santa&lt;/em&gt;; la polka &lt;em&gt;Metele Catriel que es polka&lt;/em&gt;; y la zamba &lt;em&gt;El soberano&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde el estreno de &lt;em&gt;Felicia&lt;/em&gt;, Saborido hizo a un lado su labor como director de orquesta para dedicarse a otro rubro: fue profesor de baile, con academia propia en Cerrito 1070. En 1912, tras una apoteósica actuación en el Palais de Glace, cerró su local para viajar a Francia e Inglaterra, haciendo demostraciones con el acompañamiento del pianista Carlos Vicente Geroni Flores. Deslumbró con sus espectáculos en el Royal Theatre de París y en el Savoy Hotel de Londres, y la prensa argentina recogió entusiasmada aquellos triunfos. Dijo un contemporáneo: “Sería una injusticia negar que el tango, el gran delirio actual de toda Europa, tiene una marcada influencia educadora; en los último seis meses, la gran masa de público se ha familiarizado con el nombre y la posición geográfica de la República Argentina…” &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La inminencia de la Gran Guerra lo empujó de nuevo a Buenos Aires; de vuelta a lo básico, en otra de sus idas y venidas por estratos culturales (cambios que a esta altura ya le resultaban familiares), sobrevivió un tiempo como pianista en salas cinematográficas, poniendo marco musical a las proyecciones mudas. Luego decidió retirarse. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Trabajó como maquinista en el teatro Argentino, y más tarde se empleó en la intendencia del Ministerio de Guerra, cargo que mantendría hasta su deceso. Sobrevinieron largos años de silencio. Pasó 1920. Pasó 1930. Inútil describir las tremendas transformaciones que fue teniendo el tango; Saborido fue un callado y melancólico testigo. Es cierto que de tanto en tanto le pedían algún recuerdo sobre &lt;em&gt;La Morocha&lt;/em&gt;, pero era discreto a la hora de evaluar lo que estaba ocurriendo con la música de la que él mismo había sido un artífice fundamental. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando pocos lo esperaban, reapareció en 1932 como pianista de un conjunto evocativo: la Orquesta de la Guardia Vieja Ponzio-Bazán. ¿Comenzaba a redescubrirse el tango primigenio? Esta y otras agrupaciones alla usanza antica, y quizá el mismo reportaje de Bates mencionado al principio, le renovaron las energías. En 1935 volvió a formar una orquesta propia para ejecutar tangos como en el Centenario; difícil imaginarla en una década cuya sonoridad estaba prefigurando la de los años cuarenta, pero lo concreto es que a la par de la modernidad estaban surgiendo algunas formaciones como la suya, destinadas a un público que escuchaba con simpatía la marcación en dos por cuatro de los viejos maestros. El quinteto que presentaba ahora Saborido estaba integrado por él en piano, el “Alemán” Arturo Bernstein en bandoneón, Vicente Pepe en violín, Maximiliano Moresio en guitarra, y aquel “Tano” Vicente Pecce que fuera su flautista en 1898. Bernstein murió en aquel mismo 1935, pero Saborido siguió adelante y volvió a tener cierta repercusión durante un lustro, sobre todo por radiofonía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la mañana del 19 de septiembre de 1941, a los sesenta y cuatro años, víctima de un síncope cardíaco, Saborido falleció en su despacho del Ministerio. Tuvo el doble y extraño privilegio de haber sido uno de los creadores del tango y de haber contribuido, mucho después, a una vuelta a las fuentes. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2167289155762132666?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2167289155762132666/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2167289155762132666' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2167289155762132666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2167289155762132666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/09/enrique-saborido.html' title='Enrique Saborido'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIqy8LS91nI/AAAAAAAAAfw/yPBZICGQkAA/s72-c/Imagen+blog+049a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-9015107551131599407</id><published>2010-09-03T22:59:00.009-03:00</published><updated>2010-09-03T23:53:25.995-03:00</updated><title type='text'>Breve historia de la Cruz del Sur</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGqMhhQCPI/AAAAAAAAAe0/XSESske9rK0/s1600/Imagen+blog+048a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5512874551011182834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 172px; CURSOR: hand; HEIGHT: 215px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGqMhhQCPI/AAAAAAAAAe0/XSESske9rK0/s320/Imagen+blog+048a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;Tuvieron los griegos de la Antigüedad alguna preocupación por las constelaciones, pero no llegaron a ver entera a la Cruz del Sur. Conocieron, sí, a su vecino Centauro; aunque solo en parte: la precesión de los equinoccios ya había arrastrado por debajo de su horizonte a las estrellas más australes, y en todo caso una cruz no tenía para ellos la riqueza simbólica que gozaba en otras culturas. Eratóstenes de Cirene describió un “Animalillo”, sin mayores datos, a quien Quirón (el Centauro) sostenía en actitud de ofrendarlo a un altar (&lt;em&gt;Cataterismoi&lt;/em&gt;, 40). Ni el animalillo ni el altar eran la Cruz. Ptolomeo, en el siglo II, conoció el grupo y lo puso en su &lt;em&gt;Almagesto&lt;/em&gt;; pero continuó sin enterarse de su forma de cruz. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La Edad Media no era una buena época para hallar cruces en el Cielo —bastantes había ya en la Tierra— aunque es curiosa cierta memoria imprecisa que se guardaba sobre nuestra constelación, quizá por transmisión de los árabes o por el relato de algún intrépido que había conseguido volver del sur. Creyó verse la Cruz en un pasaje del Dante, a comienzos del Purgatorio: &lt;em&gt;I’ mi volsi a man destra, e posi mente / all´altro polo, e vidi quattro stelle / non viste mai fuorchè alla prima gente. / Goder pareva il ciel di lor fiammelle / Oh! settentrional vedovo sito, / poichè privato sei di mirar puelle!&lt;/em&gt; (&lt;em&gt;Commedia&lt;/em&gt;, Porgatorio, I, 22-27). Dante, que no era hereje pero le agradaban los símbolos, bien podía estar haciendo una alegoría (¿de cuatro virtudes?); sin embargo, es sobresaliente que las estrellas sean cuatro, que estén ubicadas en el otro polo, que solo hayan sido vistas por “la primitiva gente”, y que el Septentrión ya no pudiera gozarlas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGolL5PFiI/AAAAAAAAAek/bRCnLsAjGxI/s1600/Imagen+blog+048b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5512872775679677986" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 179px; CURSOR: hand; HEIGHT: 225px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGolL5PFiI/AAAAAAAAAek/bRCnLsAjGxI/s320/Imagen+blog+048b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pudo haberla visto Marco Polo según se deduce de una confusa descripción de Pietro de Albano; pero para mayores precisiones habría que esperar hasta el descubrimiento de América y los viajeros que, como Vespucci y Magallanes, se aventuraron más al sur. Vespucci se ensoberbeció de hallarla en su viaje de 1501 y la reportó en un mensaje a Lorenzo de Pier Francesco de Médicis. Pigafetta, cronista del viaje de Magallanes, habló de ella veinte años después: &lt;em&gt;Estando en alta mar descubrimos al Oeste cinco estrellas muy brillantes, colocadas exactamente en forma de cruz.&lt;/em&gt; Así lo anotó en enero de 1521. Pigafetta la describe a la salida del cabo de las Once Mil Vírgenes (lat. 52º); pero, teniendo en cuenta el derrotero de Magallanes, en realidad tuvo que haberla visto mucho antes. Y con respecto a la quinta estrella que menciona, ¿a cuál se refiere? Las de mayor intesidad son, fuera de toda perplejidad, cuatro. Al decir cinco, o bien incluyó a otra que forma parte de la constelación (pero no entra en la forma de cruz), o bien a una del Centauro que “prolonga” su eje mayor. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La ubicación de la Cruz en el firmamento austral fascinaba a los marinos y les era de providencial ayuda: nuestro hemisferio sur carecía de una estrella polar, y la Cruz les marcaba cómodamente el rumbo. La llamaron “del Sur” en parte por su representación obvia y en parte por buscar un reflejo con la Cruz del Norte, que es el otro nombre que recibe la constelación del Cisne. El florentino Andrea Corsali la había mencionado en 1515 llamándola “Cruz Maravillosa”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para los navegantes españoles y portugueses simbolizaba la conversión al Cristianismo de los indígenas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero los mapas, ricamente dibujados, seguían sin notarla. En el de Petrus Apianus (1540) no figura; tampoco en el globo de Jacob y Arnold van Langren (1589) ni en el planisferio de Thomas Hood (1590). Emerie de Mollineaux la incluyó (¡por fin!) en una esfera de 1592, y ya a comienzos del siglo XVII aparecía en todas las cartografías, con distintas denominaciones: Crosiers, Crux, Crucero, Cruzero...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El astrónomo alemán Jakob Bartsch la separó definitivamente del Centauro en 1624. Algo más tarde, cuando fue necesario parcelar la bóveda para estudiarla con mayor comodidad, la Cruz del Sur tuvo el extraño privilegio de ocupar la porción más pequeña de todo el espacio celeste. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGorT7tYhI/AAAAAAAAAes/rjnuC45l9X4/s1600/Imagen+blog+048c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5512872880916750866" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 250px; CURSOR: hand; HEIGHT: 337px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGorT7tYhI/AAAAAAAAAes/rjnuC45l9X4/s320/Imagen+blog+048c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Mientras tanto, América aún estaba libre de verla como una cruz. Por ejemplo, los mocovíes del Gran Chaco se figuraban una escena de caza, con unos “perros” (&lt;em&gt;ipiogo&lt;/em&gt;, en su lengua) persiguiendo a un “avestruz” (&lt;em&gt;amnic&lt;/em&gt;). Los perros serían ciertas estrellas del Centauro, y el avestruz la Cruz del Sur (Robert Lehmann-Nitsche, &lt;em&gt;Mitología sudamericana&lt;/em&gt;, VII: La astronomía de los mocoví, en &lt;em&gt;Revista del Museo de La Plata&lt;/em&gt;, XXVIII, 1924). Los chiriguanos de Bolivia, por su parte, también percibían un avestruz (al que llamaban yandu), pero de manera más amplia: las cuatro estrellas características de la Cruz serían sólo la cabeza, y algunas del Centauro harían de cuello (Lehmann-Nitsche, &lt;em&gt;Mitología sudamericana&lt;/em&gt;, VIII: La astronomía de los chiriguanos, íd.). Los warao del Brasil veían un pavo tutor de los niños recién nacidos, hostigado por dos cazadores (Alfa Centauri y Beta Centauri). La creencia en el pavo como la más prolífica de las aves es común a varios pueblos americanos. Mucho al sur encontramos a los mapuche, pero no es sabido a ciencia cierta cómo la interpretaban. Ni siquiera su nombre se ha fijado con confianza. &lt;em&gt;Hueluhuichrau&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Melirito&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Melipal&lt;/em&gt; pasan por sinónimos, pero no lo son. Personalmente confío más en los dos últimos, ya que &lt;em&gt;Melirito&lt;/em&gt; es “cuatro enfrente” (“enfrente”= el cielo) y &lt;em&gt;Melipal&lt;/em&gt; es “cuatro estrellas” (Esteban Erize, &lt;em&gt;Mapuche&lt;/em&gt;, III, 1987). Algunos imaginaban la huella de un ñandú. Este se encontraba a punto de ser alcanzado por unas boleadoras, a las que veían tendidas en tres estrellas del Centauro. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-9015107551131599407?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/9015107551131599407/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=9015107551131599407' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9015107551131599407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9015107551131599407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/09/breve-historia-de-la-cruz-del-sur.html' title='Breve historia de la Cruz del Sur'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TIGqMhhQCPI/AAAAAAAAAe0/XSESske9rK0/s72-c/Imagen+blog+048a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5020578104499632741</id><published>2010-08-27T19:12:00.004-03:00</published><updated>2010-08-27T19:15:30.802-03:00</updated><title type='text'>Otros cinco haikus recientes</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/THg427oLInI/AAAAAAAAAck/8X43YJfbYyQ/s1600/Imagen+blog+047a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5510216660458087026" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 303px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/THg427oLInI/AAAAAAAAAck/8X43YJfbYyQ/s320/Imagen+blog+047a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Parque en otoño&lt;br /&gt;que a la exedra ha cubierto&lt;br /&gt;con hojas secas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es mediatarde.&lt;br /&gt;Sobre el césped, un libro:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Gestas romanas&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su taza humeante&lt;br /&gt;sobre la balaustrada.&lt;br /&gt;Té de jazmín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ciprea&lt;br /&gt;dejó el mar hoy de tarde,&lt;br /&gt;tras la llovizna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pueblo. Sestean.&lt;br /&gt;El tiempo detenido.&lt;br /&gt;Nadie en las calles. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5020578104499632741?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5020578104499632741/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5020578104499632741' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5020578104499632741'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5020578104499632741'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/08/otros-cinco-haikus-recientes.html' title='Otros cinco haikus recientes'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/THg427oLInI/AAAAAAAAAck/8X43YJfbYyQ/s72-c/Imagen+blog+047a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4079547014392549007</id><published>2010-08-20T19:39:00.005-03:00</published><updated>2010-08-20T19:47:52.506-03:00</updated><title type='text'>Esepo, río de Frigia, a través de JLB</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TG8EYtVyr7I/AAAAAAAAAcE/N7rf4vW-L8g/s1600/Imagen+blog+046a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5507625691831775154" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 169px; CURSOR: hand; HEIGHT: 249px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TG8EYtVyr7I/AAAAAAAAAcE/N7rf4vW-L8g/s320/Imagen+blog+046a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por sus características, el cuento “El inmortal”, de Jorge Luis Borges, es una fuente rica para la búsqueda de referencias en Homero. Ya se trató en este blog la leyenda del perro Argos y su espera paciente (junio de 2010). Hay varias otras en el cuento. Un párrafo, por ejemplo, remite a la geografía homérica:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;La urgencia de la sed me hizo temerario. Consideré que estaba a unos treinta pies de la arena; me tiré, cerrados los ojos, atadas a la espalda las manos, montaña abajo. Hundí la cara ensangrentada en el agua oscura. Bebí como se abrevan los animales. Antes de perderme otra vez en el sueño y en los delirios, inexplicablemente repetí unas palabras griegas: &lt;em&gt;Los ricos teucros de Zelea que beben el agua negra del Esepo.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las “palabras griegas” a que hace alusión Borges están ubicadas en la &lt;em&gt;Ilíada&lt;/em&gt; (II, 819-827), en el momento de describir el ordenamiento de cada ejército con sus príncipes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;De los dardanios era jefe Eneas, el noble hijo de Anquises,&lt;br /&gt;a quien por obra de Anquises alumbró Afrodita, de casta de Zeus,&lt;br /&gt;la diosa que había yacido con un mortal en las lomas del Ida.&lt;br /&gt;No estaba solo, pues con él estaban dos hijos de Anténor,&lt;br /&gt;Arquéloco y Acamante, expertos ambos en todo tipo de lucha.&lt;br /&gt;Y los que habitaban Zelea en las estribaciones del Ida,&lt;br /&gt;los opulentos troyanos que bebían la negra agua del Esepo.&lt;br /&gt;De éstos era jefe el ilustre hijo de Licaón,&lt;br /&gt;Pándaro, a quien el propio Apolo había dado el don del arco.&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TG8EfgvtmXI/AAAAAAAAAcM/C5hVplAoHj4/s1600/Imagen+blog+046b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5507625808709917042" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 173px; CURSOR: hand; HEIGHT: 166px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TG8EfgvtmXI/AAAAAAAAAcM/C5hVplAoHj4/s320/Imagen+blog+046b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pero ¿cuál era el río Esepo? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se trataba del antiguo nombre de un río de Frigia, en el Asia Menor, casi paralelo al Granico y, como este, tributario de las aguas de la Propóntide (Mar de Mármara). En una de sus orillas se alzaba la ciudad de Zelea que menciona Homero, y no demasiado lejos, sobre la planicie del río Escamandro, lucía su esplendor Ilio (Troya). Hoy, el río —que corre bajo dominio turco— es designado como Gönen. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ida, que albergara a Zelea en una de sus estribaciones, alcanza cerca del Esepo su altura máxima: unos 1.774 metros. Este monte recibe en la actualidad el nombre de Kaz Dagi. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eneas es la cabeza del ejército de los provenientes de Dardania, fundada por el propio Zeus al nacer Dárdano. Homero insinúa la genealogía de la familia real de Troya en al comienzo de la selección (II, 819-821):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;[…] Eneas, el noble hijo de Anquises&lt;br /&gt;a quien por obra de Anquises alumbró Afrodita, de casta de Zeus,&lt;br /&gt;la diosa que había yacido con un mortal en las lomas del Ida.&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta prosapia aparece mejor expuesta más adelante, en el canto XX, a partir del verso 215. El relator es el propio Eneas, donde declara que desciende de la línea Zeus – Dárdano – Erictonio – Tros – Asáraco – Capis – Anquises. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a los aliados de Eneas citados por Homero, de Arquéloco y de Acamonte no se tienen más noticias que las reportadas por la &lt;em&gt;Ilíada&lt;/em&gt;; en cambio Pándaro, el proveniente de Zelea, figura también en Apolodoro, en Higinio, en Dictis de Creta y en Virgilio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En su poema, Homero vuelve a mencionar al Esepo en otras tres oportunidades (IV, 89-91; VI, 20-22; y XII, 17-23):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Encontró al intachable y esforzado hijo de Licaón de pie,&lt;br /&gt;rodeado por las esforzadas filas de los escudos guerreros,&lt;br /&gt;las huestes que le habían acompañado desde el cauce del Esepo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Euríalo despojó a Dreso y a Ofeltio.&lt;br /&gt;Y fue tras Esepo y Pédaso, a quienes en otro tiempo la ninfa&lt;br /&gt;de las aguas Abarbárea alumbró por obra del intachable Bucolión. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;[…] entonces Posidón y Apolo tomaron la resolución&lt;br /&gt;de asolar el muro, concentrando en él el ímpetu de los ríos&lt;br /&gt;que desde las montañas del Ida fluyen al mar:&lt;br /&gt;el Reso, el Heptáporo, el Careso y el Rodio,&lt;br /&gt;el Granico y el Esepo, el Escamandro, de la casta de Zeus,&lt;br /&gt;y el Simoente, donde muchos escudos, despojos de bueyes y yelmos&lt;br /&gt;habían caído en el polvo a la vez que la raza de los semidioses.&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5507625895152319762" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 152px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TG8EkixL_RI/AAAAAAAAAcU/VmTXuH87VE0/s320/Imagen+blog+046c.jpg" border="0" /&gt; &lt;p align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4079547014392549007?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4079547014392549007/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4079547014392549007' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4079547014392549007'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4079547014392549007'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/08/esepo-rio-de-frigia-traves-de-jlb.html' title='Esepo, río de Frigia, a través de JLB'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TG8EYtVyr7I/AAAAAAAAAcE/N7rf4vW-L8g/s72-c/Imagen+blog+046a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7878041481044664796</id><published>2010-08-13T19:59:00.009-03:00</published><updated>2010-08-13T20:14:54.667-03:00</updated><title type='text'>La torre del matadero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;El lago Epecuén, que de tanto en tanto verificaba algunas grandes crecidas, en 1985 desbordó descontroladamente. Poco difundida entonces resultó la noticia de una familia entera (un trabajador rural, su esposa y sus dos hijos) que fueron encontrados sin vida encerrados en lo alto de la torre de un matadero. Todo indica que acudieron a buscar refugio, pero se desconoce la causa de sus muertes. Las imágenes del pueblo entero bajo las aguas pusieron en un segundo plano a esta tragedia, que a decir verdad ni siquiera fue investigada con seriedad y que solo dos o tres diarios recogieron escuetamente. Lo que sigue es un testimonio espontáneo vinculado con este hecho, que bajo el título “Declaración” apareció traspapelado unos años después dentro de un expediente en los tribunales de La Plata. Sus formas son más literarias que judiciales; intuimos por ello que quien lo presentó no tuvo asesoramiento legal, sino que lo redactó por cuenta propia. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llamo Pablo Lowe. Mis abuelos provenían de Irlanda; esto, para los paisanos de Epecuén, era lo mismo que ser inglés. En vano mi familia se empeñaba en demostrarles su tradición católica y el antiguo rencor por Britania: mi padre, el primer Lowe argentino, debió resignarse a que lo llamaran “el inglesito”, y más adelante no faltó quien le echase en cara algunas prácticas imperialistas que nada tenían que ver con su ascendencia. Para la época en que nací (1912) los Lowe ya eran terratenientes; la prosperidad les permitió darnos a mi hermano y a mí una educación cuidadosa. Me enviaron a Buenos Aires a estudiar abogacía, pero por la rebeldía atávica de mi sangre torcí el rumbo y no sin disgusto de los míos terminé recibiéndome de arquitecto, profesión que todos consideraron inútil para administrar los campos que, se suponía, alguna vez habría de recibir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXOwAu4SVI/AAAAAAAAAac/rsMv6HSZR0M/s1600/Imagen+blog+045a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5505033443755968850" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 174px; CURSOR: hand; HEIGHT: 265px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXOwAu4SVI/AAAAAAAAAac/rsMv6HSZR0M/s320/Imagen+blog+045a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Fue durante la gobernación de Fresco que obtuve mi primer trabajo: me designaron asistente de Francisco Salamone, aquel excéntrico constructor de edificios tan monumentales como insólitos, enclavados en medio de la provincia. Pocos se acuerdan de él. Hizo enormes y futuristas palacios municipales para pueblos que no tenían más de dos mil habitantes; diseñó plazas fantásticas y pórticos de cementerios desproporcionadamente grandes, solo para conseguir un efecto dramático. Una especialidad suya fueron los mataderos, igualmente imponentes, con innecesarias torres de estilo entre expresionista y art decó. En realidad no eran tan descomunales, pero Salamone trabajaba mucho con líneas verticales y contra fondos despojados; teniendo en cuenta nuestro ángulo bajo de visión, en conjunto ofrecían un aspecto más grande de lo que eran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo lustro de los años treinta hicimos uno de estos mataderos en las afueras de Adolfo Alsina, hoy llamada Carhué; es decir, en una zona que me era absolutamente familiar. El proyecto del matadero incluía una torre cuya punta era semejante a la hoja de una cuchilla. Yo no era quién para opinar, pero me llamaba la atención la rapidez con que se construía no solo el matadero, sino todo lo que el gobierno encargaba a Salamone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lowe”, recuerdo que me dijo cierta vez; “usted es muy joven y ya tendrá tiempo, pero póngase en mi lugar. Fresco no será eterno, y el día que lo echen nadie va a querer proseguir con estas obras”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tenía razón: en marzo de 1940 se terminó, abruptamente, el ciclo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy avanzada la construcción del matadero ocurrió un desagradable episodio. Durante varios días venía notando que uno de los peones, carhuense como yo, buscaba provocarme con pequeñas tonterías. Sin duda lo irritaba que un muchacho de apellido europeo, también de Carhué aunque notoriamente aporteñado, le diera órdenes. Vengaba su inferioridad con armas de niño; por ejemplo, cuando pasaba cerca suyo él hablaba imitando un acento inglés, o aludía a la ignorancia de los universitarios sobre cuestiones prácticas del campo, o en ruedas de mate fingía contrariedad por no tener whisky o té para ofrecerme. Harto de sus imbecilidades, una tarde hice valer mi posición y lo expulsé de la obra. Sus compañeros guardaron silencio y quizá hasta me aprobaron, pues era aquel un sujeto molesto para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al día siguiente estaba de nuevo en el obrador, empujando una carretilla. Lo había reincorporado el propio Salamone, quizá sin comprender que así menoscababa mi autoridad ante los demás. Mordí la rabia que sentí en ese momento y continué en lo mío. Por fortuna las chanzas no se reiteraron; el hombre, después del susto, había vuelto amansado a su trabajo de albañil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el correr de los días fui quitando toda importancia al asunto y, aunque no nos dirigimos una sola palabra, di por terminada la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas concluida la extraña torre del matadero de Salamone, hubo en mi casa una fiesta de cumpleaños. Fue la noche de la gran tormenta. Bebí de más, supongo que por primera vez en la vida; reía por cualquier cosa y esa lluvia de afuera no era sino “la bendición de Dios”, aunque a pocos kilómetros todo estuviera inundándose. Ni hace falta que diga que hoy me arrepiento de semejante irresponsabilidad; en ese entonces no lo pensé, porque el festejo y el vino me impedían razonar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXO6acf4uI/AAAAAAAAAak/A1ikXwZxuK0/s1600/Imagen+blog+045b.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXPMwnFyUI/AAAAAAAAAas/hd0qZlvfrVw/s1600/Imagen+blog+045b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5505033937644538178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 242px; CURSOR: hand; HEIGHT: 170px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXPMwnFyUI/AAAAAAAAAas/hd0qZlvfrVw/s320/Imagen+blog+045b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;A las dos de la mañana sentí que gritaban mi nombre desde afuera y, obnubilado como estaba, me asomé a la galería. Bajo la lluvia fuerte, en medio de la negrura y fugazmente visibles cada vez que un rayo alumbraba las nubes, estaba el peón que antes me provocara, con su esposa y los dos hijos. A los tumbos corrí hasta ellos: estaban desesperados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Lowe, necesitamos que nos ayude, está todo tapado en el puesto de Celay, queremos ir al matadero, Lowe!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No entendí muy bien. Insistieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Lowe, la torre, ahí no va a llegar el agua, llévenos hasta el matadero…!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún borracho me daba cuenta que eso era una locura, y con balbuceos y gestos le ofrecí que se quedasen en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡No, Lowe, mi familia solo va a estar segura arriba, en la torre, por favor llévenos!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis padres estaban igual de asustados ante lo desencajado del peón y el miedo de su esposa y los niños, pero trataban de calmarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No vamos a poder con el Ford”, les dijo mi hermano; “el camino está imposible, pasen la noche acá. Si el Celay está inundado, seguro que el campito del Alpataco también; ese camino se corta con la menor llovizna, imagínese cómo estará hoy”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El peón no atendía a las palabras de mi hermano, estaba fuera de sí por el terror y continuaba dirigiéndose a mí; yo ya los veía borrosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Lowe, por favor, alcáncenos hasta Epecuén, al matadero, ahí es alto!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda esta situación no había logrado despejarme; seguía mareado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Lowe…!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero este grito fue lo último que recuerdo, porque sentí que todo giraba en torno de mí, y caí desmayado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté hacia el mediodía. La tormenta continuaba. Pregunté por el peón y su familia: se habían ido sin guarecerse en la casa. Una culpa me rondaba: la de no haber insistido para que se quedasen; incluso por la fuerza, pues obligándolos a pernoctar con nosotros hubieran estado mucho más seguros que dejándolos marchar por el campo con ese clima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella lluvia pertinaz, que duró una semana entera, nos impidió seguir con los trabajos de terminación. El lago, mientras tanto, crecía. Todos en la estancia sabíamos muy bien lo que eso significaba. Aclaro que por nuestra ubicación los Lowe no corríamos riesgos, pero las noticias que traían los vecinos sobre lo que estaba pasando en las tierras próximas al Epecuén eran angustiosas. En dos días el agua ascendió peligrosamente; dos días más y entraba a las primeras casas; otros dos, y ya no se diferenciaban terrenos de caminos, pues el nivel estaba por encima de los alambrados. Pasó un mes y medio hasta que pudimos retomar los trabajos del matadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana hallé muy perturbados a quienes estaban desde temprano; corrían de un lado a otro y pedían arrebatadamente que yo subiera a inspeccionar la torre. Ascendí presuroso, dando grandes zancadas. Al llegar al último peldaño lancé un grito, horrorizado; bajé corriendo y, como en la primera noche de la tormenta, otra vez sufrí un desvanecimiento. Sé que trajeron un médico que apenas conseguía despertarme por unos segundos, pues yo caía nuevamente dormido; sé que me trasladaron hasta la estancia y que costó mucho que volviese en mí por completo, porque continuaba venciéndome el recuerdo espantoso de haber encontrado al peón y a su familia, acurrucados contra una esquina, inertes desde hacía por lo menos tres semanas, con sus ropas en jirones como si hubieran sido atravesadas por cuchillas, las caras que empezaban a deformarse, aquel hedor penetrante y las ratas chillando alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXPU9-WbwI/AAAAAAAAAa0/L7bgBIhotsE/s1600/Imagen+blog+045c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5505034078670712578" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 261px; CURSOR: hand; HEIGHT: 209px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXPU9-WbwI/AAAAAAAAAa0/L7bgBIhotsE/s320/Imagen+blog+045c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hoy, cuando ya han pasado casi cinco décadas, aquí en La Plata me entero por los periódicos que otra vez crecieron las aguas del Epecuén y que otra familia volvió a morir buscando refugio en la torre del matadero de Salamone. Si bien hace mucho que no piso Carhué, confieso ser el culpable de &lt;em&gt;&lt;strong&gt;estas&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; muertes; por si queda alguna duda: me refiero a las de 1985, no a las de mil novecientos treinta y tantos. En verdad no hubo inundación en aquel tiempo; nadie murió trágicamente, el matadero siguió impecable. En ese entonces la inundación y la familia que condené a morir solo estuvieron en mi delirio de borracho. Lo cual no rebaja ni en lo más mínimo la culpa que tengo, porque apenas es un detalle que en la realidad todo esto ocurra recién ahora, con otros protagonistas, cincuenta años después.&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7878041481044664796?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7878041481044664796/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7878041481044664796' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7878041481044664796'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7878041481044664796'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/08/la-torre-del-matadero.html' title='La torre del matadero'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TGXOwAu4SVI/AAAAAAAAAac/rsMv6HSZR0M/s72-c/Imagen+blog+045a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-9187058572493446858</id><published>2010-07-30T19:52:00.003-03:00</published><updated>2010-07-30T19:58:03.854-03:00</updated><title type='text'>Tiberio, segundo emperador de Roma</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TFNYa9YbGcI/AAAAAAAAAaU/Fg5G1X8QCXc/s1600/Imagen+blog+044a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499836790126352834" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 180px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TFNYa9YbGcI/AAAAAAAAAaU/Fg5G1X8QCXc/s320/Imagen+blog+044a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La historia que va a trenzarse&lt;br /&gt;es la de un mentao varón&lt;br /&gt;que otrora supo llamarse&lt;br /&gt;Tiberio Claudio Nerón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer emperador&lt;br /&gt;fue Octavio, de apodo “Augusto”;&lt;br /&gt;la mersa, por entrador,&lt;br /&gt;vio en él un fulano justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el quía fue jovato,&lt;br /&gt;en la primera ocasión&lt;br /&gt;se piantó a la Quinta ‘el Ñato&lt;br /&gt;sin hacer la sucesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al no tener descendencia&lt;br /&gt;a quien pasarle el laurel&lt;br /&gt;hubo un problema de herencia,&lt;br /&gt;y andá a cantarle a Gardel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de la tertulia&lt;br /&gt;no había prole postulada.&lt;br /&gt;Sólo una mina: la Julia,&lt;br /&gt;pero estaba desterrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el fondo del salón&lt;br /&gt;se abrió paso un militar:&lt;br /&gt;Tiberio, que en la reunión&lt;br /&gt;de compadre entró a tallar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El milico era famoso:&lt;br /&gt;la Galia había gobernao,&lt;br /&gt;en los Alpes fue brioso&lt;br /&gt;y siempre andaba destacao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante el fato medio trucho&lt;br /&gt;Tiberio peló un papel:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—El patrón me quería mucho&lt;br /&gt;y hasta me hizo hijastro de él&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mi viejo, por si no saben,&lt;br /&gt;era Tiberio Nerón;&lt;br /&gt;mi vieja, pa’ que no hablen,&lt;br /&gt;era Livia. ¡Creanselón!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Livia, sí, que cuando viuda&lt;br /&gt;y con vento que da gusto&lt;br /&gt;pa’ sentirse copetuda&lt;br /&gt;se casó con Don Augusto.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Si pa’ testar fue un mamerto,&lt;br /&gt;¿hoy el trono es para quién?&lt;br /&gt;Su yerno, Agripa, está muerto;&lt;br /&gt;mi hermano Druso también.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio un breve cotorreo&lt;br /&gt;entre bandos adversarios:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Muchachos, esto está feo;&lt;br /&gt;nombrar jefe es necesario.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Quién se supone que tiene&lt;br /&gt;que conducir nuestro imperio?&lt;br /&gt;—Yo ya sé lo que se viene,&lt;br /&gt;vamo’ a ponerlo al Tiberio...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues de Augusto se sospecha&lt;br /&gt;que a Tiberio había nombrao&lt;br /&gt;como su mano derecha&lt;br /&gt;en asuntos del Estao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie quiso responder&lt;br /&gt;su derecho a coronarse,&lt;br /&gt;pues siempre es bueno tener&lt;br /&gt;columna ande ir a rascarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hecha ¡al fin! la ceremonia&lt;br /&gt;—allá en el año catorce—&lt;br /&gt;vino un chisme de Panonia&lt;br /&gt;telegrafiado con Morse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa frontera ansiosa&lt;br /&gt;se le habían sublevao&lt;br /&gt;tres legiones numerosas&lt;br /&gt;con mucho sueldo atrasao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomó carta en el asunto&lt;br /&gt;y a todos apaciguó;&lt;br /&gt;garpó las deudas, y punto:&lt;br /&gt;la “Pax Romana” volvió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con éste, su primer acto,&lt;br /&gt;liberóse de un embrollo.&lt;br /&gt;No olvidó de hacer un pacto:&lt;br /&gt;“Apoyame, que te apoyo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiberio fue capo en Roma,&lt;br /&gt;gobernó con mano dura;&lt;br /&gt;y al venirse la maroma&lt;br /&gt;reforzó su apoyatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encanó a sus enemigos&lt;br /&gt;y los mandó ajusticiar;&lt;br /&gt;se pasó bien por los higos&lt;br /&gt;la nobleza consular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decían que él era amarrete&lt;br /&gt;con la guita del tributo;&lt;br /&gt;los impuestos, ¡la gran siete!,&lt;br /&gt;te ponían la jeta ‘e luto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero muchos lo adoraban&lt;br /&gt;por buen administrador:&lt;br /&gt;en la Via Appia comentaban&lt;br /&gt;que había lustre y esplendor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puso a varios de sus hombres&lt;br /&gt;a someter la Germania&lt;br /&gt;(el barrio cambió de nombre:&lt;br /&gt;hoy todo eso es “Alemania”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí mandó a su sobrino,&lt;br /&gt;hijo de Druso: Germánico.&lt;br /&gt;Popular éste se vino&lt;br /&gt;y a su tío le entró el pánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues Tiberio bien sabía&lt;br /&gt;que el trono en que se sentaba&lt;br /&gt;si Germánico volvía&lt;br /&gt;por ái se lo disputaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por demasiado eficiente&lt;br /&gt;sin herirle la autoestima&lt;br /&gt;lo mandó lejos, a Oriente,&lt;br /&gt;pa’ sacárselo de encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no estaba muy seguro&lt;br /&gt;rodeao de conspiradores&lt;br /&gt;y sintiéndose maduro&lt;br /&gt;temió un puñal en su cuore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces se fue a vivir&lt;br /&gt;a la isla e’ Capri, tranquilo;&lt;br /&gt;y los nervios por sufrir&lt;br /&gt;los calmó con té de tilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó durante su mando&lt;br /&gt;que en una apartada región&lt;br /&gt;se la pasó predicando&lt;br /&gt;un señor su religión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De un Dios juró ser el hijo,&lt;br /&gt;y a los suyos dieron pesto.&lt;br /&gt;Suetonio, historiador, dijo&lt;br /&gt;que su nombre era &lt;em&gt;Cresto&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Suetonio pifió de pleno,&lt;br /&gt;y eso que había estudiao;&lt;br /&gt;pues &lt;em&gt;Cresto&lt;/em&gt; es, en griego, “bueno”,&lt;br /&gt;mientras &lt;em&gt;Cristo&lt;/em&gt; es “bautizao”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el año treinta y siete&lt;br /&gt;Tiberio, anciano, espichó;&lt;br /&gt;se duda si dio el rosquete&lt;br /&gt;o si alguien lo despachó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-9187058572493446858?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/9187058572493446858/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=9187058572493446858' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9187058572493446858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9187058572493446858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/07/tiberio-segundo-emperador-de-roma.html' title='Tiberio, segundo emperador de Roma'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TFNYa9YbGcI/AAAAAAAAAaU/Fg5G1X8QCXc/s72-c/Imagen+blog+044a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7597709780713370985</id><published>2010-07-23T23:48:00.018-03:00</published><updated>2010-07-24T00:02:57.904-03:00</updated><title type='text'>Lambert, el de los dos nombres</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEpUoYeWC3I/AAAAAAAAAZs/q9Ob0xSbddI/s1600/Imagen+blog+043a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497299347900337010" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEpUoYeWC3I/AAAAAAAAAZs/q9Ob0xSbddI/s320/Imagen+blog+043a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; (Escrito por &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Guada Aballe&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; para &lt;em&gt;El Sextante de Hevelius&lt;/em&gt;). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si hubo un personaje de la época Tudor que tenía la habilidad de meterse en problemas ese fue, sin duda, John Lambert. O Nicholson, su verdadero nombre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nacido en Norwich y educado en Cambridge, se ordenó sacerdote pero terminó haciéndose protestante. Comenzó en Norfolk teniendo problemas por leer libros prohibidos. En Antwerp, durante el tiempo que estuvo como capellán de los Merchants Adventures, hacía propaganda protestante. En 1532 Tomás Moro lo hizo regresar a Inglaterra. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llevado a Lambeth bajo sospechas de herejía, tuvo que responder distintas cuestiones relacionadas con la fe. El Arzobispo de Canterbury, William Warham, se ocupó de salvarlo y lo llevó a su casa de Ortford. Muerto Warham, Lambert abandonó el sacerdocio para dedicarse a enseñar latín y griego a los niños. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero Lambert no podía estar sin meterse en líos. En 1535 fue llevado frente a Cranmer y Latimer porque había cuestionado el culto a los santos. Liberado de la cárcel un viernes, el sábado se presentó solito con intenciones de seguir la discusión. Preso otra vez un tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En otra ocasión, cuando el Obispo Taylor predicaba un sermón sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, Lambert se acercó al púlpito e intentó iniciar un debate. Se le dijo que lo haga por escrito. Lambert cumplió y como su línea de pensamiento estaba cerca del reformador suizo Zwinglio, lo enviaron con Cranmer como hereje sacramentario… ¡y Lambert no tuvo peor idea que apelar al rey de Inglaterra! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para Enrique VIII esto era algo nuevo: se le presentaba la oportunidad de presidir personalmente y en calidad de jefe de la iglesia inglesa un juicio de herejía. Aceptó gustoso. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El 16 de noviembre de 1538 se llevó a cabo el juicio en Westminster Hall con la presencia de una gran asamblea de pares temporales y espirituales. El rey hizo su entrada vestido todo de blanco. Enrique comenzó el juicio: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Cuál es vuestro nombre?&lt;br /&gt;—Mi nombre es Nicholson aunque soy llamado Lambert.&lt;br /&gt;—¡Qué! ¿Tenéis dos nombres? No confiaría en vos teniendo dos nombres aunque fueseis mi hermano.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lambert-Nicholson explicó que había cambiado su nombre para escapar a las persecuciones de los obispos, pero fue obvio que a Enrique no le gustó nada el temita de los dos nombres. Intentó Lambert elogiar al rey pero éste le contestó: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—No vine aquí para escuchar mis propias alabanzas, pintadas en mi presencia. Id al asunto sin más detalle. Responded en relación al Sacramento del Altar, ¿es el cuerpo de Cristo o no?&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lambert intentó dar una explicación al tema citando a San Agustín, pero el rey: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—No me respondáis con San Agustín, decidme claramente si es Él.&lt;br /&gt;—Entonces digo que no. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por espacio de unas cinco horas intentaron convencerlo para que cambiara de pensamiento, hasta que a Enrique le pareció suficiente y volvió a preguntar: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Después de todos estos trabajos tomados con vos, ¿estáis satisfecho? Elegid, ¡viviréis o moriréis!&lt;br /&gt;—Me someto a la voluntad de Vuestra Majestad.&lt;br /&gt;—Encomendad vuestra alma a Dios, no a mí.&lt;br /&gt;—Encomiendo mi alma a Dios y mi cuerpo a vuestra clemencia.&lt;br /&gt;—Entonces debéis morir, no seré patrón de herejes.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cromwell leyó la sentencia y Lambert fue llevado a la hoguera en Smithfield, de acuerdo con la ley, cuatro días más tarde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En torno a este insólito hecho se conserva la carta que Thomas Cromwell le escribió a Sir Thomas Wyatt, que dice: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“El dieciséis del presente mes, la Majestad del rey, por reverencia al santo Sacramento del Altar, se sentó públicamente en su sala, y allí presidió la disputa, proceso y juicio de un miserable hereje sacramentario, quien fue quemado el veinte del mismo mes. Fue una maravilla ver cuán principesco, con cuán excelente gravedad e inestimable majestad, Su Majestad ejercitó el oficio de cabeza suprema de su Iglesia de Inglaterra; cuán benignamente Su Gracia intentó convertir al miserable hombre; con cuán fuerte y manifiesta razón Su Alteza argumentó contra él. Deseé que los príncipes de la Cristiandad lo hubiesen visto, indudablemente ellos se deberían haber maravillado mucho ante la más elevada sabiduría y juicio de Su Majestad y reputado a él de ninguna otra manera, después del mismo, como espejo y luz de todos los otros reyes y príncipes de la Cristiandad. Lo dicho fue hecho abiertamente, con gran solemnidad”.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Guada Aballe&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7597709780713370985?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7597709780713370985/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7597709780713370985' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7597709780713370985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7597709780713370985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/07/lambert-el-de-los-dos-nombres.html' title='Lambert, el de los dos nombres'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEpUoYeWC3I/AAAAAAAAAZs/q9Ob0xSbddI/s72-c/Imagen+blog+043a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8805974560181762623</id><published>2010-07-16T23:36:00.012-03:00</published><updated>2010-07-17T00:03:18.152-03:00</updated><title type='text'>Cisternas cegadas en una ciudad que olvida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Un acercamiento al libro &lt;em&gt;Historias del comer y del beber en Buenos Aires&lt;/em&gt;, de Daniel Schávelzon (Aguilar)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;I. - Episodio de Heliogábalo el Horrible.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Mucho antes de muerto Rómulo Augústulo y con él el Imperio Romano, ambos a manos de los bárbaros, un emperador cuyas costumbres fueron insólitas aún para los cánones de la época amplió hasta un límite incomprensible los excesos que tanto escandalizarían, siglos después, a los biógrafos de Calígula, Nerón y Cómodo. Se llamaba Vario Avito Basiano y había sido proclamado en el año 218 con el nombre de Marco Aurelio Antonino. Pasaría a la historia como Heliogábalo, que era su nombre complementario y su distintivo como adorador del Sol, cumpliendo así con un rito de su familia siria que él mismo se encargaría de establecer en Roma. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No interesan tanto ahora los pormenores políticos de su gobierno (que ni a él mismo parecían interesarle), sino su vida cotidiana. Conocemos el retrato literario de Heliogábalo bajo la pluma de Antonin Artaud, pero el francés se entusiasma más por su degeneración que por su etiqueta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Heliogábalo solía invitar a los siete hombres más gordos de Roma y tras algunas bromas que formaban parte del protocolo (como ser sentados en almohadones que se desinflaban de golpe, echándolos por los suelos), eran agasajados con un banquete que podía incluir arañas en gelatina, repostería con excrementos de león y comidas esculpidas en mármol, cristal o marfil. Rechazar estos manjares hubiera sido una descortesía inimaginable en Palacio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez, como parte del ceremonial, hizo derramar pétalos de rosa sobre los convidados. Tantos, que hubo algunos asfixiados. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estos detalles aparentan ser insustanciales, pero pintan de alguna manera lo que podía ser la extraña usanza en la mesa en un período igual de extraño. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Con sabia justicia, la Guardia Pretoriana acabó con él a comienzos del año 222. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXu9li0hI/AAAAAAAAAYU/xL0zGE1H-fw/s1600/Imagen+blog+042c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5494699115942171154" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXu9li0hI/AAAAAAAAAYU/xL0zGE1H-fw/s320/Imagen+blog+042c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;I. - El arte de la observación.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; No menos llamativas eran las costumbres de Buenos Aires quince siglos después de Heliogábalo. De la otra Buenos Aires; de aquella que con mejor objetividad describieran los viajeros en libros que resultarían, con el correr de los años, más verdaderos que las idealizadas láminas escolares. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;O quizá no había tanta diferencia: la cuestión era saber mirar esas láminas. Los grabados de la época –estamos hablando de la Colonia y la traumática formación del Estado argentino– aportan hoy datos por demás interesantes para quien sabe interpretarlos. Un detalle agregado u omitido puede ser de magnífica importancia y hasta podría torcer cualquier suposición, por más fiable que esta parezca. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cantidad de pruebas es abrumadora. Por ejemplo, gracias a una litografía de 1856 ó 1857 puede saberse que existió un monumento en la plaza Once de Septiembre, ya demolido y olvidado, pero que bien pudo ser el segundo erigido en estas tierras después de la Pirámide de Mayo. Los viejos planos de la ciudad revelan la existencia de algunos arroyos en pleno Centro (los llamados Terceros, uno de los cuales trazaba su maloliente cauce por lo que hoy es la calle Tres Sargentos). Y no faltan pinturas que nos muestran como era una botella de cerveza, un plato de cara vajilla o un aguamanil de la época de Rosas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De esta manera nació, varió o cambió de raíz el concepto de lo cotidiano en el pasado próximo. La historia, aún escrita con tinta fresca, acusaba lagunas en las cosas más triviales; a todas luces, el nuestro era un pretérito imperfecto. Una pregunta banal, del tipo &lt;em&gt;“¿cómo era una merienda en los años de la Restauración?”&lt;/em&gt;, era imposible de responder con mediana seriedad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La arqueología urbana constató pacientemente cada una de las noticias que aportaban escritos y dibujos. Todo hallazgo era importante. Exhumar un vaso roto servía para reconstruir los almuerzos de antaño; una pipa de caolín devolvía la imagen entera del fumador. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El investigador Schávelzon, libro tras libro (&lt;em&gt;La arqueología urbana en la Argentina&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Arqueología e historia del Cabildo&lt;/em&gt;, los cuatro volúmenes de &lt;em&gt;Arqueología histórica de Buenos Aires&lt;/em&gt;...), nos ha ido acostumbrando al redescubrimiento de estos módicos fragmentos del ayer, a las pequeñas monedas del tiempo que perduraron y se hicieron hallar para que hoy sepamos cómo vivían los personajes del diccionario de Muzzio o de las morosas biografías de Mitre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXlM7EeuI/AAAAAAAAAYE/V6-ZK1m0h-E/s1600/Imagen+blog+042a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5494698948260297442" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 196px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXlM7EeuI/AAAAAAAAAYE/V6-ZK1m0h-E/s320/Imagen+blog+042a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;III. - Heliogábalo en el Plata.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Historias del comer y del beber en Buenos Aires&lt;/em&gt; es un libro de Schávelzon donde la mesa es el centro de enfoque y la excusa para una válida sorpresa del lector ante los rituales que exigían otrora las buenas maneras. Veamos un muestrario. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;*&lt;/strong&gt; Hacia 1810 el café con leche se tomaba del siguiente modo: se servía un platillo con una medida de azúcar (por supuesto sin refinar) tapada por la taza, mucho más grande que las que usamos hoy; se daba vuelta la taza, se volcaba el azúcar en ella y recién ahí el mozo echaba el café y la leche hasta rebalsar y llenar también el platillo. Mansilla cuenta que tomaba el café mezclado con huevos crudos batidos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;*&lt;/strong&gt; Ver gauchos comiendo carne asada era una excepción, a pesar de lo que nos hicieran creer las películas y las canciones folklóricas. Hasta bien entrado el siglo XIX los paisanos preferían la carne hervida; una imagen difícil de digerir hoy. Schávelzon es contundente: la proporción entre ollas y parrillas era de siete a uno. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;*&lt;/strong&gt; Un refrigerio dulce, difundido ampliamente, era el “agua de panal”: un vaso de agua con un trozo de panal de abejas adentro. Pero igualmente podía beberse un refresco a base de azúcar y vinagre. Y en la región de Cuyo se comían como postre, hasta 1857, unas figurillas de cerámica que fabricaban las monjas clarisas de Chile. También en la corte de España se comía cerámica. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;*&lt;/strong&gt; Pichones de lechuza, huevos de tero, caldos con menudos de aves y fiambres de hígado de yegua parecen caprichos, pero eran bocados tan habituales como exquisitos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXqdzwiMI/AAAAAAAAAYM/apkTGMe47Ts/s1600/Imagen+blog+042b.jpg"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5494699038692378818" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 208px; CURSOR: hand; HEIGHT: 138px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXqdzwiMI/AAAAAAAAAYM/apkTGMe47Ts/s320/Imagen+blog+042b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;IV. - &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Una lenta metamorfosis.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Borges contó que en cierta ocasión fue censurado por su padre por comer achuras, a las que consideraba las partes más viles de la vaca. Este no era sólo un concepto vegetariano, sino una herencia del siglo XIX. Los mataderos tiraban las achuras, que rápidamente iban a recoger los más pobres de la ciudad. Quedó un reflejo de esta costumbre en la obra de Echeverría. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y así como cambiaron los paladares, también se transformaron los modales de mesa, la mantelería, la vajilla. Lo que es corriente hoy, no lo era ayer; y viceversa. Por ejemplo, en la mesa colonial casi nunca se veía una botella. No era costumbre que se pusiera ahí. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Uno de los capítulos más llamativos del libro de Schávelzon describe el uso posterior de la vajilla. El autor jura haber hallado soperas empleadas como bacías para afeitarse y bacinicas convertidas en macetas. También se usaban porrones de ginebra para planchar, ladrillos calientes envueltos en trapo para poner en la cama en las noches de invierno, cazoletas transformadas en pebeteros y platos mudados en proyectiles para las guerras domésticas, práctica que aún se mantiene en muchos matrimonios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;V. - El Toro de Minos.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; ¿Cuál es el método de Schávelzon? ¿Con qué ojos ve más allá que el común de la gente y presenta tan vívidamente un cuadro cotidiano de hace más de un siglo? No vamos a exponer los fatigosos tecnicismos de la arqueología, pero podría decirse sin miedo a ser superficiales que la mayor información la obtiene de antiguos sumideros, pozos de agua anulados y rellenados con basura (cuyos distintos substratos dan noticias preciosas sobre los habitantes, sus épocas y sus hábitos) y, por supuesto, una abundante bibliografía de antaño, además de la iconografía hecha de láminas y fotos que se mencionó antes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Buenos Aires dista mucho de ser un terreno virgen para la exploración arqueológica, pero lo cierto es que no siempre se ha empleado un método científico o el instrumental adecuado. La falta de recursos económicos y personal capacitado retrasó considerablemente esta disciplina, y la ignorancia edilicia atentó contra la conservación de nuestra propia historia. En trabajos anteriores, Schávelzon llamaba la atención sobre túneles supuestamente “misteriosos” que en la realidad no eran sino sótanos, sistemas de desagüe o depósitos de agua subterráneos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ante una investigación seria, toda aquella fantasía se apagaba. No había pasadizos secretos con restos de esclavos contrabandeados, ni mechones de las trenzas de los Patricios, ni esqueletos de monjas sodomizadas, ni cofres con fortunas fabulosas, ni corredores por donde hubiera podido huir Rosas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los estudios a conciencia de túneles, pozos y ruinas dieron un resultado desolador desde el punto de vista poético, pero abrieron el camino para una ciencia no menos sentimental: la arqueología urbana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXz5F1pSI/AAAAAAAAAYc/X-JYQjNmWwU/s1600/Imagen+blog+042d.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5494699200634791202" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 120px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXz5F1pSI/AAAAAAAAAYc/X-JYQjNmWwU/s320/Imagen+blog+042d.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;VI. - Juguete del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; En &lt;em&gt;Historias del comer y del beber en Buenos Aires&lt;/em&gt;, Schávelzon hace una lectura doble del pasado. Por un lado, la del Sr. Schliemann, romántico descubridor de Troya; por otro, la de Mr. Wells, capaz de viajar hasta ella a través del tiempo y entrevistar a Helena. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Schliemann necesitaba indicios y un método razonable; Wells, un artificio mecánico en una novela. Emparentado científicamente con el primero y artísticamente con el segundo, Schávelzon, para demostrar sus elucubraciones, precisa una cisterna cegada en una ciudad que olvida. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8805974560181762623?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8805974560181762623/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8805974560181762623' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8805974560181762623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8805974560181762623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/07/cisternas-cegadas-en-una-ciudad-que.html' title='Cisternas cegadas en una ciudad que olvida'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TEEXu9li0hI/AAAAAAAAAYU/xL0zGE1H-fw/s72-c/Imagen+blog+042c.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-1680907347210505301</id><published>2010-07-09T21:24:00.010-03:00</published><updated>2010-07-09T21:40:03.743-03:00</updated><title type='text'>Se nos perdió un plesiosaurio</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TDe-hCKoAqI/AAAAAAAAAW8/kGyNw3R3u2w/s1600/Imagen+blog+041a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5492067745328005794" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 234px; CURSOR: hand; HEIGHT: 190px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TDe-hCKoAqI/AAAAAAAAAW8/kGyNw3R3u2w/s320/Imagen+blog+041a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;I. -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; De tanto en tanto reaparecen las imprecisas menciones de alguien que jura haber visto un monstruo de aspecto antediluviano en Loch Ness, Escocia. Las pruebas no pasan de una fotografía borrosa o del testimonio de un viajero circunstancial con patente de científico amateur, muy vehemente en sus dichos a la prensa sensacionalista. Pero esto no es propiedad exclusiva de la patria del whisky: también la Argentina posee aguas infestadas de bichos hermanados con el fabuloso Nessie. Todo el mundo sabe que en el lago Nahuel Huapi vive el Nahuelito; algo más al Norte, en el Caviahue, está el Caviahuito que ya aterrorizó a más de un lugareño; y hay quien afirma que a un paso de la Casa Rosada uno puede enfrentarse con el Reservito, simpático ictiosaurio de la Reserva Ecológica Costanera Sur. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pocos se acuerdan de ello, pero hacia 1921-1922 hubo en el país otro monstruo antediluviano emergiendo de un lago patagónico (nuevamente el ambiente acuático: nadie denunció haberse topado alguna vez con un triceratops, un dinoterio o un ranforrinco). Fue el plesiosaurio que obsesionó al naturalista Clemente Onelli, y que quedó en el recuerdo de tres (¡tres!) tangos de la época. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TDe-OWrYK2I/AAAAAAAAAWs/eoUrVOTKP_0/s1600/Imagen+blog+041b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5492067424416574306" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 175px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TDe-OWrYK2I/AAAAAAAAAWs/eoUrVOTKP_0/s320/Imagen+blog+041b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;II. -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Todo aquel que recorra el Jardín Zoológico porteño y admire su parque y sus construcciones tendrá una melancólica deuda con Onelli, quien como director (lo fue desde 1904 hasta su fallecimiento) embelleció el paseo hasta hacerlo comparable con los mejores de Europa, confiriéndole a la vez un verdadero rango científico. Decía que allí era donde los animales estudiaban a los hombres. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Onelli nació en Italia en 1864. Graduado en la Facultad de Ciencias Naturales de Roma, viajó a la Argentina en 1889 para convertirse en el asistente de Francisco P. Moreno en el museo de La Plata. En el siglo XIX el rótulo “naturalista” implicaba el conocimiento de muchas disciplinas, y Onelli fue erudito en todas: antropología, biología, paleontología, geografía, zoología, botánica; incluso de materias que aún no estaban de moda, como la etnolingüística, la ecología, y más tarde la conferencia radiotelefónica y el documental cinematográfico (dirigió una película sobre la vida indígena en el siglo XVIII: &lt;em&gt;El misionero de Atacama&lt;/em&gt;, 1922). Junto a Moreno exploró la Patagonia; en 1897 fue secretario general de la Comisión Argentina en el asunto de la demarcación de límites con Chile. Tenía una especial preocupación por la clasificación zoológica y a él se deben algunos de los más precisos estudios sobre ciertos ejemplares de la fauna andina. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;III. -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; El aventurero norteamericano Martin Sheffield trajo a Onelli la noticia de un sensacional descubrimiento a orillas del lago Epuyén, en el territorio del Chubut: habiendo notado unas huellas extrañas, que parecían impresas por un animal gigantesco con aletas en lugar de patas, decidió seguirlas; las marcas se orientaban al lago, donde bien o mal llegó a ver una criatura grotesca, de cuerpo descomunal y obscenamente convexo, con un largo, fino y desproporcionado cuello rematado por una cabeza pequeña de cisne. El hallazgo se complementaba con algunos trozos de gruesa piel y excrementos acordes al tamaño de la bestia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Onelli, recordando antiguas leyendas mapuches que hablaban de un monstruo habitando en los lagos de la región, concluyó que aquello era nada menos que un plesiosaurio. Movilizado por la existencia de una fiera antediluviana en plena Patagonia, organizó una expedición estimulada por un grupo de científicos del Amherst College de Massachussets, llegando a ser noticia en el prestigioso &lt;em&gt;The Times&lt;/em&gt; de Londres. La expedición incluía un ingeniero, un taxidermista, una exigencia de la Sociedad Protectora de Animales para que el plesiosaurio fuese capturado vivo, unos cuantos baqueanos y, por las dudas, un campeón de tiro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El 27 de marzo de 1922 los expedicionarios llegaron a San Carlos de Bariloche, y desde allí se dirigieron al Epuyén. En la lengua indígena, &lt;em&gt;epuyén&lt;/em&gt; significa “dos estrellas”; y ambas debieron ser malas, porque aquellos hombres no hallaron al plesiosaurio, ni sus huellas, ni los trozos de piel, ni el interesante estiércol que informara Sheffield. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A propósito: este señor había desaparecido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;IV. -&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Blanco de muchas críticas tanto del ambiente científico como de los ciudadanos comunes, Onelli debió admitir que había sido objeto de una cruel humorada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El tango aprovechó la ocasión: quedaron tres composiciones de aquella “fiebre del plesiosaurio”. Rafael D’Agostino y Amílcar Morbidelli fueron los autores de &lt;em&gt;El Plesiosauro&lt;/em&gt; (“sauro” en lugar de &lt;em&gt;saurio&lt;/em&gt;, respondiendo a una variante en la grafía de su nombre). El tango fue dedicado “al caballero Clemente Onelli y al amigo Manuel García”, tal como se lee en la carátula de la partitura. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Homónimo del anterior, de la misma época es un tango de Fernando Randle, mejor recordado por ser el compositor de &lt;em&gt;Danza maligna&lt;/em&gt;, éxito en el repertorio de Azucena Maizani. Pero &lt;em&gt;El Plesiosauro&lt;/em&gt; de Randle no tuvo el mismo impacto. Su partitura mostraba a la bestia como un aristócrata de chistera, polainas y bastón, fumando en pipa. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El tercero se llamó &lt;em&gt;Ya lo traen al plesiosaurio&lt;/em&gt;, “tango antediluviano para piano” de Julio Fava Pollero. En su portada se ve la caricatura de Onelli intentando amarrar al plesiosaurio; este lleva sobre su lomo un cartelito que dice “Sea compasivo con los animales. Albarracín” (Ignacio Albarracín era el presidente de la Sociedad Protectora de Animales). Aunque Pollero tuvo una orquesta propia con la que hizo varias grabaciones durante 1927, este tango quedó sin registro fonográfico: el plesiosaurio ya había pasado de moda. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También había pasado Onelli, quien falleciera el 20 de octubre de 1924, tras descomponerse a bordo de un automóvil mientras regresaba de comprar carne para los animales del Zoológico. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-1680907347210505301?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/1680907347210505301/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=1680907347210505301' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1680907347210505301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1680907347210505301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/07/se-nos-perdio-un-plesiosaurio.html' title='Se nos perdió un plesiosaurio'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TDe-hCKoAqI/AAAAAAAAAW8/kGyNw3R3u2w/s72-c/Imagen+blog+041a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2556323285089465419</id><published>2010-06-27T12:51:00.004-03:00</published><updated>2010-06-29T11:44:25.893-03:00</updated><title type='text'>Diez curiosidades sobre Enrique VIII</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCd0ZUdaccI/AAAAAAAAAVU/XxNIOHs505U/s1600/Imagen+blog+040a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 227px; FLOAT: left; HEIGHT: 303px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5487482649311867330" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCd0ZUdaccI/AAAAAAAAAVU/XxNIOHs505U/s320/Imagen+blog+040a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;(Escrito por &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Guada Aballe&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; para &lt;em&gt;El Sextante de Hevelius&lt;/em&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi todos han oído hablar de este rey inglés. Se lo considera el más famoso de los monarcas de Inglaterra y tal vez de las monarquías occidentales. Su figura es conocida y hasta The Simpsons se ocuparon de él. Famoso por haberse casado seis veces, nombrarse Jefe de la Iglesia y por una larga lista de personas ejecutadas durante su reinado, su carácter impredecible y sus caprichos más de una vez cambiaron el curso de la Historia. Pero poco se sabe acerca de los gustos personales de este controvertido personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Se interesaba por la medicina e ideó más de treinta remedios caseros para curar distintas afecciones, que iban desde las heridas hasta problemas digestivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Su guardarropa era espléndido y causaba admiración por lo rico y variado. También le gustaba vestirse a la usanza de otros países: se le vio con trajes de húngaro, turco, ruso, alemán y prusiano. Siempre llevaba las ropas perfumadas con lavanda y agua de azahar, o la fragancia de su propia creación: una mezcla de &lt;em&gt;musk&lt;/em&gt;, ámbar gris, azúcar y agua de rosas. Atesoró más joyas que cualquier otro rey inglés y muchas de ellas fueron diseñadas por él mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Le gustaba jugar a los bolos, ver carreras de perros, cazar con halcones o perseguir a caballo la presa. Hacía criar caballos para la caza y también para carreras. Fue el primer rey que organizó carreras de caballos que derivaron en las que conocemos hoy en día. Tenía la costumbre de visitar a sus caballos y preocuparse por su salud. Llegó a poseer unos doscientos; su favorito se llamó Canicida, y otro caballo por el cual sintió mucho afecto era Governatore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- De los reyes de Inglaterra fue quien mayor talento musical demostró. Sabía leer música. No solo era compositor, sino que también cantaba y tocaba diversos instrumentos: laúd, virginales, regal (una especie de órgano portátil), flauta, &lt;em&gt;cornetto&lt;/em&gt; y arpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Era obsesivo en cuestiones de higiene. En casi todos sus palacios tenía complejos sistemas de baño, tuberías de madera y en Hampton Court había un sofisticado sistema de cañería para agua fría y caliente. Usaba retretes, una novedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Sus platos favoritos eran: venado, empanada de carne (el famoso &lt;em&gt;game pie&lt;/em&gt; inglés), anguilas, lamprea asada, salmón, esturión, abadejo, &lt;em&gt;beef olives&lt;/em&gt; (otro plato inglés que se hace con carne), &lt;em&gt;haggis&lt;/em&gt; (embutido típipo escocés). Para postres: natillas, tartas, jaleas, crema de almendras. Le gustaban las frutas: peras, manzanas, ciruelas, damascos, y fue el responsable de introducir el durazno en Inglaterra. Amaba las naranjas sobre todo en pasteles y conservas. Se mermelada preferida era la de membrillo y tenía predilección por la jalea de hipocrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Tenía canarios, ruiseñores y hurones. Pero sus mascotas preferidas eran los perros: beagles, spaniels y galgos. En una ocasión, dos de sus perros —Cut y Ball— se perdieron y él ofreció una gran recompensa para quien se los trajera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Hablaba a la perfección, obviamente además de su inglés, el francés y el latín. Entendía el italiano y algo de español. En 1519 empezó a estudiar griego, pero lo dejó; tal vez por falta de tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Amaba los barcos. Su favorito era el &lt;em&gt;Henry Grace à Deu&lt;/em&gt;, conocido como el “Great Harry”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Siempre se mantuvo accesible con sus súbditos. El pueblo podía entrar a palacio cuando había torneos, procesiones o distintas fiestas en la corte y presenciarlas. Los humildes no solamente se acercaban a Enrique para pedirle ayuda, sino para hacerle regalos de toda clase: hierbas, arvejas, zorros vivos, pasteles de naranjas, frutas, faisanes, lampreas asadas, pollos o gallinas. El rey solía ser generoso con los más desposeídos. Nunca perdió la estima de su pueblo a pesar de sus caprichos, las reformas, las ejecuciones y los cambios de esposas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Guada Aballe.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2556323285089465419?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2556323285089465419/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2556323285089465419' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2556323285089465419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2556323285089465419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/diez-curiosidades-sobre-enrique-viii.html' title='Diez curiosidades sobre Enrique VIII'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCd0ZUdaccI/AAAAAAAAAVU/XxNIOHs505U/s72-c/Imagen+blog+040a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5889389307412203123</id><published>2010-06-25T19:02:00.008-03:00</published><updated>2010-06-25T19:09:39.478-03:00</updated><title type='text'>El pueblo de metal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUoV-uAZHI/AAAAAAAAAUc/qpVWLeIW-FM/s1600/Imagen+blog+039a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486836079099143282" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 213px; CURSOR: hand; HEIGHT: 148px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUoV-uAZHI/AAAAAAAAAUc/qpVWLeIW-FM/s320/Imagen+blog+039a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Conservo la memoria vívida, exacta en todos sus detalles, de la época en que estuve haciendo un relevamiento del Ferrocarril Provincial que iba desde La Plata hasta el Meridiano Quinto, en Mira Pampa. Fue durante el primer semestre de 1961, luego que el balance del año anterior, como todos desde hacía décadas, informara que la relación entre gastos del ramal e ingresos del sistema había sido negativa. Las cifras, por demás elocuentes, apoyaban la decisión del Ministerio de cerrarlo definitivamente; y aunque aún no se había anunciado en forma oficial, en la administración ya se sabía que a más tardar hacia julio saldría el decreto determinando la clausura de, por lo menos, los cuatrocientos kilómetros entre Carlos Beguerie y la punta de rieles, pues era el tramo con mayor déficit. Por ser ingeniero de vías y obras, me encargaron recorrer la línea y evaluar qué podía recuperarse tras su inminente desactivación; tarea que debía cumplir en secreto, porque los empleados de aquella sección intuían su futuro y empezaban a inquietarse. El sindicato poco podía hacer mientras no hubiera una notificación formal, pero por precaución la gerencia prefirió que mi peritaje se hiciera en medio de un total hermetismo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un martes a las diez de la noche el tren me dejó en una estación que se llamaba Galo Llorente. Catorce paradas había visitado contando desde Mira Pampa, más el jerarquizado edificio del ramal a Pehuajó; ¿qué sorpresa podría esperarme? Sería, pensé, lo rutinario; un informe calcado de los otros. Como muchos puntos del itinerario del Provincial, Galo Llorente no tenía pueblo en torno suyo; pero el ferrocarril le había puesto una importante construcción con la esperanza que algún día se formase allí un caserío. Esto jamás ocurrió, y la estación sobrevivía plantada en campo raso, para un mínimo tráfico de cargas y el casi nulo movimiento de pasajeros. De hecho fui el único en apearse. Me identifiqué ante el jefe (como hiciera con los demás, me limité a decirle que inspeccionaba la enrieladura) y pedí hacer noche allí mismo, para no tener que andar yendo y viniendo desde Carlos Casares o Nueve de Julio. El encargado arregló para mí un catre en una dependencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUnzttzA0I/AAAAAAAAAUE/Ea9Tb9pkJkI/s1600/Imagen+blog+039b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486835490419311426" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 241px; CURSOR: hand; HEIGHT: 207px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUnzttzA0I/AAAAAAAAAUE/Ea9Tb9pkJkI/s320/Imagen+blog+039b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Por la mañana, caminando sobre el terraplén en dirección a La Plata (quiero decir, entre Galo Llorente y Amalia), detecté una irregularidad: había, un kilómetro adelante, restos de un desvío particular del cual no tenía noticias; saliendo de la vía única se dirigía hacia el nordeste y moría tras unos pocos metros. Eso era lo que veía entonces; originalmente debió ser mucho más largo. Como sabe cualquiera que esté iniciado en cuestiones del ferrocarril, construir un desvío no es cosa sencilla ni barata; requiere materiales, mano de obra y tecnología, y desde luego no puede tenderse sin aprobación. Sin embargo ese desvío no figuraba en ningún manual, ni siquiera en los más antiguos; no estaba inventariado y a efectos administrativos no existía. Antes de telegrafiar a la cabecera le pregunté al jefe de Galo Llorente por aquella rareza, ciertamente única. El buen hombre se excusó con inocencia: él hacía solo dos años que operaba en ese paraje; por supuesto que tenía conocimiento del desvío desafectado, pero nunca se preocupó porque sus cambios estaban anulados desde hacía mucho tiempo y, francamente, ignoraba en qué época estuvo activo y quién había sido su propietario. No obstante, quizá comprendiendo que era una lejana y gravísima infracción, me dijo que mejor podría informarme un hombre de la zona; un viejo de apellido Castro, cuidador de un campo vecino que aquella misma tarde, hacia las tres, iría por la estación a retirar una encomienda. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A las tres en punto estaba esa persona por su trámite; treinta años de ver pasar al ferrocarril le habían contagiado puntualidad. El jefe nos presentó: era un criollo antiguo, que venía con ropa de fajina rural; curtido, circunspecto. Su ceño inspiraba, o más bien exigía, el silencio. Entendí que su respeto lo encerraba y le entorpecía cualquier conversación; cuando le pregunté por el desvío, miró el suelo cinco segundos, como buscando las palabras, y lentamente empezó a explicarse. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—Sí; ya sé de qué me está hablando usted. Nací en Quiroga, señor, pero me crié en estos campos; todavía me acuerdo que el tren no estaba la vez que pasó Marcelino Ugarte, y eso que yo era un chico; también me acuerdo de Casares vieja, y de la lluvia que inundó las chacras de La Aurora. ¡Cómo puedo olvidarme del desvío, si trabajé poniéndolo! Fue en el año quince; nos conchabaron a todos porque hacía falta gente. Mi madre, señor, tenía sesenta años y cocinaba para la cuadrilla. El desvío se hizo para llevar materiales hasta una empresa; esto era dos kilómetros adentro. Nadie se enteró a qué se dedicaría ese establecimiento, ni creo que tuviera nombre; o por lo menos no lo supe yo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me extrañó que, siendo de la región y habiendo trabajado ahí, después de cuatro décadas y media solo conservara una referencia vaga. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—Lo que fuera, nunca terminó de hacerse; pero llegaron a montar una cosa muy rara. Nos hicieron levantar en medio de la nada un campamento de metal. De metal, como lo oye. Doscientas varas por otras doscientas, y un claro en el centro; todo en fierro de segunda mano, con planchas, barras, varillas, alambres. Tenía casuchas (ni dos iguales) y letrinas; había depósitos, garitas, varios despachos y otras construcciones, algunas sin sentido; recuerdo un vallado de perfiles, que no era muy largo y que terminaba como había empezado: sin cerrarse. Tuvimos que poner un molino, y unos rieles podridos clavados a pique que eran columnas cortas, o quizá palenques. El desvío llegaba hasta el costado de un tinglado que no tenía paredes. Todo estaba colorado por la herrumbre; jamás vi madera o ladrillo. En los pisos de tierra, por donde mirase, topaba uno con escoria, limaduras y piezas más grandes también: bulones, ganchos, bisagras, eslabones; hasta herraduras tiradas había, y eran completamente inservibles. ¿Me cree si le digo que era como una isla de fierro en mitad del campo? Ni los capataces sabían para qué era todo eso. Y como si fuera poco lo extraño, más de una vez aparecieron chucherías en los alrededores. Una estatuita de acero, por ejemplo; figúrese desenterrar algo así mientras se palea un pozo. Y otro día, macheteando pastizales para hacer el terraplén, dimos con una bola que parecía de bronce; bronce macizo y verdinoso, y que tenía una raya profunda pegándole toda la vuelta. Si me atiende la comparación le dire que era como una bocha, pero de medio metro, más o menos. ¿Para qué serviría, por qué estaba ahí? Ni esa vez ni ahora encontramos contestación, aunque (créame) le dedicamos bastante al asunto. Pero no sé si era lo más extraordinario de ese lugar; a mí en realidad me intrigaba aquel asentamiento sin lógica. Parecía más el obrador de un loco que el de un ingeniero. Y para qué negarle que las construcciones nos daban un poco de miedo, porque no las entendíamos; de lejos se veían puestas sobre la llanura casi pelada y formaban una cosa vieja, oxidada, monstruosa. No nos gustaba mirarla de noche, cuando le pegaba la luna. Dos peones desertaron y se fueron a trabajar a otro lado, y supongo que hicieron bien. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Le aseguré que me interesaba visitar el campamento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—De eso no quedó nada: como le dije, no llegó a funcionar; quedó abandonado y un tornado en el treinta y dos tiró abajo lo poco que se mantenía en pie, y después vinieron unos chatarreros a desmantelar y llevarse el resto. Se hicieron de una buena cantidad, señor; eso se lo puedo firmar. Si nunca terminó de hacerse el establecimiento, habrá sido por lo que pasó al final de aquel mismo año quince. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El viejo lo dijo con un tono conclusivo, pero a propósito dejó abierta nuestra curiosidad y el jefe de la estación le preguntó qué había acontecido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUn85K3FDI/AAAAAAAAAUM/waah_aiPOpA/s1600/Imagen+blog+039c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486835648112825394" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 175px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUn85K3FDI/AAAAAAAAAUM/waah_aiPOpA/s320/Imagen+blog+039c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;—Era diciembre; una tarde de mucho calor. Casualmente era la primera vez que mandaban una locomotora al desvío, pero solo para probar. Desde la mañana venían formándose unas nubes gordas, cargaditas; el viento del este trajo unas cuantas más. El aire estaba muy pesado y respirábamos la tormenta. Cuando el cielo se puso negro cayeron unas gotas para aliviarnos, aunque nada del otro mundo; a las siete sentimos un bramido espantoso, y lo que vino a continuación fue terrible. La lluvia no era tanta; eran los rayos, señor. Nunca vi una cosa así. Caían con una fuerza tremenda, uno atrás del otro sobre el campamento; estábamos aterrados y no nos animábamos a guarecernos en las casillas o en los galpones, porque todos los lugares eran alcanzados, y corríamos de aquí para allá sin saber dónde ir. ¿Sabe lo que era eso? Los refucilos parecían quedarse un rato, y algunos se movían sobre los fierros antes de borrarse. Uno cayó sobre una argolla que estaba tirada: la levantó en el aire y la pulverizó. Otro de esos rayos que duraban bastante dio contra el costado de la locomotora y le dibujó una línea de izquierda a derecha, como una gran soldadura. Se olía la electricidad. No teníamos a dónde escapar, pero era claro que las descargas no nos buscaban a nosotros, sino a las construcciones; así que disparamos al campo abierto, y aunque digan que es el peor sitio cuando hay tormenta, no era el caso de aquel día. Vimos una centella que brotó al revés, desde una columna hacia las nubes; también unas chispas que se elevaban para reventar en el aire, y cantidad de relámpagos que se abrazaban al molino, a las vallas, a los perfiles; retumbaban en el techo de las habitaciones, y era un infierno. Mi madre rezaba y todos, peones y capataces, estábamos como petrificados. Una hora habrá durado aquello. Cuando se despejó ya era de noche, y la luna y las estrellas iluminaban otra vez el campamento y lo hacían parecer un fantasma. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Impresionados por el relato, el jefe de la estación y yo no supimos qué decir. Los tres permanecimos callados un instante, una eternidad. Le ofecí un cigarrillo al viejo; no lo aceptó. Luego respiró hondo, esperó otro poco y agregó: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUoAhvkBsI/AAAAAAAAAUU/Hp0u2Wt8R5A/s1600/Imagen+blog+039d.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486835710543791810" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 159px; CURSOR: hand; HEIGHT: 155px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUoAhvkBsI/AAAAAAAAAUU/Hp0u2Wt8R5A/s320/Imagen+blog+039d.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;—Hubo algo más, después. Bajo el tinglado, ese que no tenía paredes, estaba la bola de bronce que encontramos haciendo el terraplén. Los rayos se habían ensañado con ella; ahí cayeron más refucilos que en cualquier otra parte. Por algún motivo que nunca nos explicamos, la bola los atrajo más; pero seguía en su sitio cuando volvimos: le veíamos unas marcas negras por las quemaduras, unos manchones como los que quedarían en un cuchillo puesto al fuego, pero ninguna deformación. Se notaba que ya estaba fría, y no sé qué aprensión nos quedaba que nadie quiso ni siquiera tocarla. Uno de los peones (el más chico de los Duarte, que venía de trabajar en Chivilcoy, o en Bragado) decidió alzársela para recuerdo. “Zonceras del muchacho”, pensé; “si de pesada, nomás, mañana la deja tirada otra vez”. Yo estaba mirando a unos metros, señor. El peón, como le cuento, probó de agarrarla; apenas la tocó cayó fulminado. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5889389307412203123?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5889389307412203123/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5889389307412203123' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5889389307412203123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5889389307412203123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/el-pueblo-de-metal.html' title='El pueblo de metal'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TCUoV-uAZHI/AAAAAAAAAUc/qpVWLeIW-FM/s72-c/Imagen+blog+039a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3373058963029748701</id><published>2010-06-18T19:48:00.010-03:00</published><updated>2010-06-18T20:13:08.211-03:00</updated><title type='text'>Argos, perro de Ulises, en un cuento borgeano</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv8SGh7sOI/AAAAAAAAATM/j46jFDfyDbU/s1600/Imagen+blog+038a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484254359174492386" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 202px; CURSOR: hand; HEIGHT: 316px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv8SGh7sOI/AAAAAAAAATM/j46jFDfyDbU/s320/Imagen+blog+038a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Con algunas variantes respecto a su versión definitiva, “El Inmortal”, cuento de Jorge Luis Borges incluido al comienzo de &lt;em&gt;El Aleph&lt;/em&gt;, apareció publicado en la revista Los Anales de Buenos Aires nº 12 (febrero de 1947) bajo el título “Los Inmortales”. Dos años más tarde pasó al libro. Pero no importan aquí las diferencias entre una y otra edición, pues no existen discrepancias para la referencia que habremos de analizar; lo antedicho solo es una mención bibliográfica para quienes igualmente deseen un cotejo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“El Inmortal” se desarrolla en la época de Gaius Aurelius Valerius Diocletianus, emperador que asume en el año 283 y abdica en 305. Son estos años de luchas en el Danubio, de persecución a cristianos, de campañas contra los persas, de reformas administrativas, del &lt;em&gt;edictum de pretiis rerum venalium&lt;/em&gt; y de rebeliones en Egipto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Que yo recuerde, mis trabajos comenzaron en un jardín de Tebas Hekatómpylos, cuando Dioclecíano era emperador.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marco Flaminio Rufo es el personaje de esta historia: un tribuno que ha conseguido beber del “río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. En la parte III se incluye el siguiente párrafo, que remite a la &lt;em&gt;Odisea&lt;/em&gt; de Homero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria la imagen de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea, y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv4XxWiJ6I/AAAAAAAAASk/z5iOfPejDDU/s1600/Imagen+blog+038b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484250058522240930" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 257px; CURSOR: hand; HEIGHT: 231px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv4XxWiJ6I/AAAAAAAAASk/z5iOfPejDDU/s320/Imagen+blog+038b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Para poco más adelante agregar, en uno de esos esclarecimientos tan contundentes de la literatura borgeana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: &lt;em&gt;Argos, perro de Ulises&lt;/em&gt;. Y después, también sin mirarme: &lt;em&gt;Este perro tirado en el estiércol&lt;/em&gt;. Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabía de la &lt;em&gt;Odisea&lt;/em&gt;. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta. &lt;em&gt;Muy poco&lt;/em&gt;, dijo. &lt;em&gt;Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro está, el troglodita recuerda ser Homero y haber bebido, también él, de ese río mágico que otorga la inmortalidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si bien se puso en duda varias veces, hay una tendencia a aceptar que la &lt;em&gt;Odisea&lt;/em&gt; fue compuesta cerca de una generación después que la &lt;em&gt;Ilíada&lt;/em&gt;, que está fechada hacia el 725 a. de C. Flaminio encuentra a Homero en la época de Dioclecíano; el cómputo de Borges (mil cien años) es, por lo tanto, exacto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El perro Argos aparece en el poema homérico en el momento en que Ulises está ante las puertas del que fuera su palacio. Ha vuelto irreconocible de su largo viaje; todos le dan por muerto y nadie ve al antiguo rey de Ítaca en su figura de pordiosero. Solo le distingue, precisamente, su perro. Veamos cómo nos lo cuenta Homero (&lt;em&gt;Odisea&lt;/em&gt;, XVII, 290-327):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Tal hablaban los dos entre sí cuando vieron un perro&lt;br /&gt;que se hallaba allí echado e irguió su cabeza y orejas:&lt;br /&gt;era Argos, aquel perro de Ulises paciente que él mismo&lt;br /&gt;allá en tiempos crió sin lograr disfrutarlo, pues tuvo&lt;br /&gt;que partir para Troya sagrada. Los jóvenes luego&lt;br /&gt;lo llevaban a cazas de cabras, cervatos y liebres,&lt;br /&gt;mas ya entonces, ausente su dueño, yacía despreciado&lt;br /&gt;sobre un cerro de estiércol de mulas y bueyes que habían&lt;br /&gt;derramado ante el porche hasta tanto viniesen los siervos&lt;br /&gt;y abonasen con ello el extenso jardín. En tal guisa&lt;br /&gt;de miseria cuajado se hallaba el can Argos; con todo,&lt;br /&gt;bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto,&lt;br /&gt;coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo&lt;br /&gt;fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo. Éste al verlo&lt;br /&gt;desvió su mirada, enjugóse una lágrima, hurtando&lt;br /&gt;prestamente su rostro al porquero, y al cabo le dijo:&lt;br /&gt;“Cosa extraña es, Eumeo, que yazga tal perro en el estiércol:&lt;br /&gt;tiene hermosa figura en verdad, aunque no se me alcanza&lt;br /&gt;si con ella fue también ligero correr o tan sólo&lt;br /&gt;de esa clase de canes de mesa que tienen los hombres&lt;br /&gt;y los príncipes cuidan, pues suelen servirles de ornato”.&lt;br /&gt;Repondístele tu, mayoral de los cerdos, Eumeo:&lt;br /&gt;“Ciertamente ese perro es del hombre que ha muerto allá lejos&lt;br /&gt;y si en cuerpo y en obras hoy fuese lo mismo que era,&lt;br /&gt;cuando Ulises aquí lo dejaba al partirse hacia Troya,&lt;br /&gt;pronto echarás tú mismo de ver su vigor y presteza.&lt;br /&gt;Animal que él siguiese a través de los fondos umbríos&lt;br /&gt;de la selva jamás se le fue, e igual era en rastreo.&lt;br /&gt;Mas ahora su mal le ha vencido: su dueño halló muerte&lt;br /&gt;por extraño país; las mujeres de él no se acuerdan&lt;br /&gt;ni le cuidan; los siervos, si falta el poder de sus amos,&lt;br /&gt;nada quieren hacer ni cumplir con lo justo, que Zeus&lt;br /&gt;el tonante arrebata al varón la mitad de su fuerza&lt;br /&gt;desde el día que en él hace presa la vil servidumbre”.&lt;br /&gt;Tal habló, penetró en el palacio de buena vivienda&lt;br /&gt;y derecho se fue al gran salón donde estaban los nobles&lt;br /&gt;pretendientes: y a Argos sumióle la muerte en sus sombras&lt;br /&gt;no más ver a su dueño de vuelta al vigésimo año.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv4mbwhwYI/AAAAAAAAASs/C86HOEK2OMM/s1600/Imagen+blog+038c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484250310423724418" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 257px; CURSOR: hand; HEIGHT: 182px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv4mbwhwYI/AAAAAAAAASs/C86HOEK2OMM/s320/Imagen+blog+038c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La fidelidad de Argos, que espera tanto para ver a su dueño y enseguida morir, ha sido tomada a lo largo de la historia como un ejemplo de conducta; el perro queda confirmado, así, como símbolo de la lealtad. “Aparece muy frecuentemente bajo los pies de las figuras de damas esculpidas en los sepulcros medievales”, señala Juan-Eduardo Cirlot en su &lt;em&gt;Diccionario de Símbolos&lt;/em&gt;; indicación necesaria para introducir la primera función del perro en casi todas las mitologías: la de psicopompo. Ahí están el Anubis egipcio, el Cerbero guardián del Hades, el Xolotl de las tradiciones aztecas y el perro del alquimista chino Wei-Po-Yang. Para muchas culturas, el perro no solo es compañero en la vida: también lo es en la muerte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero en la relación “Argos (perro – lealtad) / Homero (poeta – inmortalidad)” que hace Borges, existe una similitud inquietante con un simbolismo oriental que registraron Chevalier y Gheerbrant en un diccionario análogo al del mencionado Cirlot. Se trata de una creencia china en la que el perro acompaña con irreprochable puntualidad a Inmortales como Han-Tsen o el Gran Venerable. El único punto de contacto entre el símbolo chino y el Argos de Homero es la fidelidad; con el Argos del cuento de Borges, en cambio, esta unión es doble: lealtad e inmortalidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudio Eliano, “autor romano en lengua griega” al decir de Filóstrato, anota en su &lt;em&gt;Historia de los animales&lt;/em&gt; (llamada en latín indistintamente &lt;em&gt;De Natura Animalium&lt;/em&gt; e &lt;em&gt;Historia Animalium&lt;/em&gt;) una interesante observación sobre la longevidad del perro Argos (IV, 40):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Lo más que puede vivir un perro son catorce años. Así que Argos, el perro de Ulises y la historia concerniente a el, tienen el aire de ser un divertimento de Homero.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta lectura racional que hace Eliano llega a tal punto que luego, al escribir anécdotas de diverso origen sobre el afecto del perro, ni siquiera lo menciona (VI, 25; VII, 10; VII, 40; y XI, 13). Sin embargo, en Eliano mismo surge un pasaje decididamente contrapuesto cuando narra la leyenda de un comerciante y su perro fiel (Fray Luis de Granada, varios siglos después, volvería a referirla en &lt;em&gt;El símbolo de la fe&lt;/em&gt;). Cuenta Eliano (VII, 29):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Así que, divino Homero, ni el perro Argos fue una ficción literaria tuya, ni exageración poética, si todo lo que he contado aconteció verdaderamente al hombre de Teos.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No debe sorprender esta falta de coherencia de Eliano. Sus escritos están llenos de citas mal atribuidas, líneas que desdicen lo expuesto con anterioridad, noticias de segunda o tercera mano imposibles de verificar y, por supuesto, una ingente cantidad de datos absolutamente equivocados. Dentro mismo de su fábula del comerciante hay una contradicción, ya que atribuye su patria primero a Colofón y después a Teos. Por ello, las dudas sobre la veracidad del perro Argos y su posterior aprobación deben tomarse como una de las tantas muestras de la caótica —pero entretenida— compilación de Eliano. No hay necesidad de expedirse a favor o en contra de Homero. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Más debe llamar la atención una correspondencia que existe entre los versos donde Homero habla de Argos y unos del poeta latino Tito Lucrecio Caro en &lt;em&gt;De Rerum Natura&lt;/em&gt; (II, 352-360):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Pues muchas veces ante los adornados templos de los dioses, al lado del ara donde arde el incienso, cae un novillo degollado, arrojando de su pecho un caliente río de sangre. Pero su madre, deshijada, recorre los verdes montes e intenta reconocer en el suelo las huellas de sus hendidas pezuñas, escudriñando con los ojos todos los parajes, por si puede ver en alguno al hijo que ha perdido; parándose, llena de quejas el frondoso bosque y vuelve sin cesar a mirar al establo, con la nostalgia del hijo clavada en el pecho.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este paralelismo tan emotivo fue explorado por José Manuel Pabón; su fallecimiento le impidió señalarlo en la edición de la &lt;em&gt;Odisea&lt;/em&gt; que tradujo y que &lt;em&gt;post mortem&lt;/em&gt; publicara la madrileña Editorial Gredos. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3373058963029748701?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3373058963029748701/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3373058963029748701' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3373058963029748701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3373058963029748701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/argos-perro-de-ulises-en-un-cuento.html' title='Argos, perro de Ulises, en un cuento borgeano'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBv8SGh7sOI/AAAAAAAAATM/j46jFDfyDbU/s72-c/Imagen+blog+038a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-1471676443827968115</id><published>2010-06-11T20:14:00.031-03:00</published><updated>2010-06-16T18:41:58.206-03:00</updated><title type='text'>Las 10 peores películas según Medved y Dreyfuss</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En 2006 se publicó en este blog la lista de las mejores películas según el “Referéndum de Bruselas” de 1958. En esta ocasión se presenta la otra faz: &lt;em&gt;las peores películas&lt;/em&gt;, según una selección hecha por los críticos Harry Medved y Randy Dreyfuss para &lt;em&gt;The Book of Lists&lt;/em&gt;, libro de David Wallechinsky, Irving Wallace y Amy Wallace, publicado en 1977. Los breves comentarios adicionales son míos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLGLp9Z7OI/AAAAAAAAASU/LzTp7f14xQM/s1600/Imagen+blog+037a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 207px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481661600007580898" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLGLp9Z7OI/AAAAAAAAASU/LzTp7f14xQM/s320/Imagen+blog+037a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;1 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Che!&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1969). Insoportable película con Omar Sharif en el papel de Ernesto “Che” Guevara, y Jack Palance como Fidel Castro. Hay una escena donde Guevara, como buen argentino, bebe mate; le alcanzan el recipiente, revuelve la yerba con la bombilla, retira la bombilla y se toma de un trago el contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLEvBOGS7I/AAAAAAAAARM/4zUmSPIRY5Y/s1600/Imagen+blog+037b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 228px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481660008523778994" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLEvBOGS7I/AAAAAAAAARM/4zUmSPIRY5Y/s320/Imagen+blog+037b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;2 – &lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;strong&gt;The Conqueror&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; (1956). “Opereta pasada de moda con fondo mongol”, según se lee en &lt;em&gt;The Book of Lists&lt;/em&gt;. Esta fallida y soporífera superproducción de Howard Hughes contó con John Wayne haciendo de Genghis Khan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLE3I9UaYI/AAAAAAAAARU/U2r7WBDm4lU/s1600/Imagen+blog+037c.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 246px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481660148039838082" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLE3I9UaYI/AAAAAAAAARU/U2r7WBDm4lU/s320/Imagen+blog+037c.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;3 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;The Horror of Party Beach&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1964). Un clásico de los “autocines” norteamericanos de los ’60. Música de moda, chicas en bikini y monstruos mutantes en la playa. Vean la ilustración que se adjunta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLE-49zEnI/AAAAAAAAARc/zPmQcjglp1w/s1600/Imagen+blog+037d.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 226px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481660281185833586" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLE-49zEnI/AAAAAAAAARc/zPmQcjglp1w/s320/Imagen+blog+037d.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;4 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Lost Horizon&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1973). La primera versión, allá por 1937, fue una de las películas más bellas de la historia. La segunda, un desastre. Esta innecesaria “remake” de &lt;em&gt;Horizontes Perdidos&lt;/em&gt; fue conocida en el ambiente de los productores de Hollywood como “Inversiones Perdidas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFImKfUKI/AAAAAAAAARk/-a9CgTaEFBc/s1600/Imagen+blog+037e.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 222px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481660447937482914" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFImKfUKI/AAAAAAAAARk/-a9CgTaEFBc/s320/Imagen+blog+037e.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;5 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Myra Breckinridge&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1970). La hermosa actriz Raquel Welch es, en este film, un transexual. En ocasión de su estreno, el crítico Leonard Malvin aseguró que se trataba de “lo peor que puede llegar a ser una película”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFSk2H7hI/AAAAAAAAARs/TTbrUrx-rR4/s1600/Imagen+blog+037f.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 202px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481660619382320658" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFSk2H7hI/AAAAAAAAARs/TTbrUrx-rR4/s320/Imagen+blog+037f.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;6 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Robot Monster&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1953). Engendros extraterrestres cuyas cabezas son cráneos, llevan pieles de gorila y tienen escafandras de buzo. ¿Qué más puede agregarse? Está todo dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFb3hFPEI/AAAAAAAAAR0/PYemMu3c1Fw/s1600/Imagen+blog+037g.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 216px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481660779013160002" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFb3hFPEI/AAAAAAAAAR0/PYemMu3c1Fw/s320/Imagen+blog+037g.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;7 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Santa Claus Conquers the Martians&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1964). Los marcianos secuestran a Papá Noel para llevarlo a su planeta pues los niños de Marte, aunque muy avanzados desde el punto de vista tecnológico, no saben reír. La televisión argentina solía pasarla hasta hace algunos años. Uno de los marcianos se llama Dropo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFpbOs-KI/AAAAAAAAAR8/KSkiQ4wk5qA/s1600/Imagen+blog+037h.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 229px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481661011938048162" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFpbOs-KI/AAAAAAAAAR8/KSkiQ4wk5qA/s320/Imagen+blog+037h.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;8 – &lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;strong&gt;Solomon and Sheba&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; (1959). El calvo y recio Yul Brynner como el Rey Salomón; la itálica y pechugona Gina Lollobrigida como la Reina de Saba. Un producto inexplicable teniendo en cuenta el buen oficio de su director King Vidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFztqybcI/AAAAAAAAASE/0CSgXmJ9Cf8/s1600/Imagen+blog+037i.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 203px; FLOAT: right; HEIGHT: 138px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481661188686376386" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLFztqybcI/AAAAAAAAASE/0CSgXmJ9Cf8/s320/Imagen+blog+037i.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;9 – &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;The Terror of Tiny Town&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; (1938). El único “western” de toda la historia del cine protagonizado exclusivamente por enanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLF8siSGcI/AAAAAAAAASM/qMICheLkAOs/s1600/Imagen+blog+037j.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 238px; FLOAT: right; HEIGHT: 192px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481661343001090498" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLF8siSGcI/AAAAAAAAASM/qMICheLkAOs/s320/Imagen+blog+037j.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;10 – &lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;strong&gt;That Hagen Girl&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; (1947). Un absurdo romance al borde del incesto entre Ronald Reagan y Shirley Temple. Quien luego fuera presidente de los Estados Unidos en dos ocasiones, llegó a decir que esta era la película que hubiera deseado no hacer nunca.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-1471676443827968115?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/1471676443827968115/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=1471676443827968115' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1471676443827968115'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/1471676443827968115'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/las-10-peores-peliculas-segun-medved-y.html' title='Las 10 peores películas según Medved y Dreyfuss'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TBLGLp9Z7OI/AAAAAAAAASU/LzTp7f14xQM/s72-c/Imagen+blog+037a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3337782684129069780</id><published>2010-06-04T23:05:00.008-03:00</published><updated>2010-06-04T23:21:22.385-03:00</updated><title type='text'>"Hacedme sitio, jamón..."</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TAmxZwOTctI/AAAAAAAAAPs/uLDqSX0ZRMo/s1600/Imagen+blog+036a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5479105477672661714" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 188px; CURSOR: hand; HEIGHT: 283px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TAmxZwOTctI/AAAAAAAAAPs/uLDqSX0ZRMo/s320/Imagen+blog+036a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El filólogo californiano Richard Armour (1906-1989), doctorado en Harvard, fue, definitivamente, un escritor prolífico: sesenta y cinco libros dan cuenta de ello; algunos, con títulos tan extraños como &lt;em&gt;A Diabolical Dictionary of Education, &lt;/em&gt;o &lt;em&gt;It all Started with Nudes&lt;/em&gt;. El surtido temático (que incluye textos de pedagogía, de crítica literaria, compilaciones de poemas propios, análisis del arte, libros infantiles, una autobiografía, etcétera) fue encarado con eficacia y una buena dosis de humorismo, lo que demostró también en infinidad de conferencias. Hoy es común que se lo recuerde —aunque ¡ay! solo en los Estados Unidos— por dos géneros en especial: el verso satírico y la respuesta ingeniosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez, allá por los años ’50, Armour recogió una noticia de la New York State Frozen Food Association que decía que en caso de una explosión atómica el mejor refugio sería una cámara frigorífica, pues en ella no podría penetrar la radiación. Inmediatamente, escribió este poema-epitafio:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;Hacedme sitio, jamón&lt;br /&gt;y vaca en filetes partida;&lt;br /&gt;mi contador Geiger avisa&lt;br /&gt;que el momento ya llegó.&lt;br /&gt;Sí: a dormir, pues, me echaré&lt;br /&gt;con sueño dulce y profundo;&lt;br /&gt;y si en la muerte me hundo,&lt;br /&gt;al menos me conservaré.&lt;/strong&gt; (*)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;strong&gt;(*):&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Move over ham and quartered cow / My geiger says the time is now / Now I lay me down to sleep / And if I die, at least I’ll keep.&lt;/em&gt; La traducción española, adaptando métrica y rima, pertenece a Antonio Martín (1981).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3337782684129069780?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3337782684129069780/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3337782684129069780' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3337782684129069780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3337782684129069780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/hacedme-sitio-jamon.html' title='&quot;Hacedme sitio, jamón...&quot;'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TAmxZwOTctI/AAAAAAAAAPs/uLDqSX0ZRMo/s72-c/Imagen+blog+036a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4748840399970643560</id><published>2010-06-04T22:51:00.004-03:00</published><updated>2010-06-04T22:57:10.302-03:00</updated><title type='text'>Santos Unzué</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TAmuVc1iHzI/AAAAAAAAAPk/lxpsgnqz3Oc/s1600/Imagen+blog+035a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5479102105214132018" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 257px; CURSOR: hand; HEIGHT: 195px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TAmuVc1iHzI/AAAAAAAAAPk/lxpsgnqz3Oc/s320/Imagen+blog+035a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ruta Provincial 65, entre Nueve de Julio y San Carlos de Bolívar. El último sol del verano, a pleno en la mañana. A mano derecha, la entrada a un pequeño paraje llamado Santos Unzué. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Antes pasaba por allí el Ferrocarril Midland de Buenos Aires. Sus vías fueron levantadas hace muchos años, pero la estación quedó; una bonita estación de ladrillos a la vista, en la que es agradable buscar rincones y detalles: arbustos sombreando el pasillo del lateral hacia Corbett, la pequeña ménsula de nivel del Instituto Geográfico Militar, o una puerta original de su época de gloria. Convertida en establecimiento rural, aprovecharon los galpones de chapa y montaron silos al lado del tanque de agua ferroviario. El cuadro de la estación ahora es lugar de pastoreo de vacas. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nos vamos. Al retomar el camino, vemos lo único que sobrevivió de las vías en aquella zona: unos pedazos de riel —apenas unos centímetros— asomando en la banquina, como queriendo escapar del asfalto que los cubrió. &lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4748840399970643560?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4748840399970643560/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4748840399970643560' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4748840399970643560'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4748840399970643560'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/santos-unzue.html' title='Santos Unzué'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TAmuVc1iHzI/AAAAAAAAAPk/lxpsgnqz3Oc/s72-c/Imagen+blog+035a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7580403907230732104</id><published>2010-06-01T21:33:00.008-03:00</published><updated>2010-06-01T21:48:28.941-03:00</updated><title type='text'>Aviso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El autor anuncia que desde el martes 1 de junio tiene abierto otro establecimiento y convida a todos los lectores a visitarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se llama &lt;span style="font-family:arial;color:#3366ff;"&gt;&lt;strong&gt;La Periferia de Angkor&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; y puede hallárselo en el domicilio &lt;a href="http://laperiferiadeangkor.blogspot.com/"&gt;http://laperiferiadeangkor.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7580403907230732104?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7580403907230732104/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7580403907230732104' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7580403907230732104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7580403907230732104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/06/aviso.html' title='Aviso'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-9141235742461545447</id><published>2010-05-28T19:26:00.008-03:00</published><updated>2010-05-28T19:41:13.008-03:00</updated><title type='text'>Un escritor argentino: Lascano Tegui</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TABD2BHe8oI/AAAAAAAAAMQ/7kGmYhf0Wbk/s1600/Imagen+blog+034a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5476451742174343810" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 185px; CURSOR: hand; HEIGHT: 219px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TABD2BHe8oI/AAAAAAAAAMQ/7kGmYhf0Wbk/s320/Imagen+blog+034a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Entre 1887 y 1966 discurrió la luminiscente vida de Emilio Lascano Tegui (&lt;em&gt;Lascanotegui&lt;/em&gt; en realidad), hombre de letras que hacia 1909 comenzó a firmar anteponiendo un título ficticio de vizconde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Concepción del Uruguay fue su cuna. Cierto azar administrativo (trabajaba en la Oficina Internacional de Correos) lo puso a recorrer Francia, Italia y el Norte de África; en esas tierras descubrió el hechizo de la poesía. Conoció a Apollinaire y a Picasso, con quienes trabó amistad. En Montmartre se hizo pintor: llegó a exponer junto a Utrillo y Modigliani. Los años de la Gran Guerra lo encuentran en París como mecánico dental, hasta que es designado canciller de segunda clase por recomendación de Marcelo T. de Alvear. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero más que las prótesis o la diplomacia, las pasiones del Vizconde eran la literatura, la pintura y el arte culinario. Un cronista le apunta cierta curiosidad que dataría de varios años antes: en Plaza Lavalle, siendo orador por la Unión Cívica Radical, se le ocurrió improvisar un discurso político en versos octosílabos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde entonces, la mayor parte de su tiempo la dedicó a satisfacer su exuberante numen literario. Como se observará luego, el género que mejor le cuadraba era —sin dudas— la poligrafía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“He dicho que escribo por pura voluptuosidad. Y como una cortesana, en este sentido, he tirado la zapatilla”. Estas palabras del Vizconde de Lascano Tegui son una definición perfecta para la muestra que sigue. Se omiten deliberadamente muchos textos, por lo que apenas será una pálida muestra de su producción; pero entre los que mejor representan su carácter están: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TABDq2I2DzI/AAAAAAAAAMI/34HEpvhZeNI/s1600/Imagen+blog+034b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5476451550248701746" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 203px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TABDq2I2DzI/AAAAAAAAAMI/34HEpvhZeNI/s320/Imagen+blog+034b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La sombra de la Empusa.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; Su primer libro de poemas (1910), que despertó el aplauso de los vanguardistas y la reprobación de Lugones. Pocos lo reconocen, pero prefiguró la renovación estética de los años veinte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El libro celeste.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; Un volumen desconcertante: comienza hablando de la Patria y termina con una catalogación de piedras semipreciosas, pasando por un análisis de las etimologías de Isidoro de Sevilla. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La esposa de Don Juan.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; Obra de teatro cuyo original se perdió al incendiarse el camarote de un barco que lo traía a Buenos Aires, tras retirarse como cónsul de tercera clase en Los Ángeles. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Mis queridas se murieron.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; Complicada reunión, típica en un enciclopedista como él, de artículos en publicaciones periódicas: &lt;em&gt;Caras y Caretas&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Patoruzú&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Imán&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Plus Ultra&lt;/em&gt;, etcétera. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Vía Láctea de polillas&lt;/em&gt;.&lt;/strong&gt; Ensayo inédito y presumiblemente perdido. Se conservaba en una habitación clausurada de un departamento de la calle Paraná, junto a otros escritos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Cuando La Plata era señorita.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; Título mencionado en su testamento hológrafo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;De la elegancia mientras se duerme.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; El gran clásico de Lascano Tegui. Se trata de una novela disfrazada de diario íntimo. Fue publicada en 1925. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Muchacho de San Telmo.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; Una colección de poemas en donde evoca, entre otras cosas perdidas, su propia infancia. Es su último libro editado (1944); a partir de este solo publicará en revistas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Mujeres detrás de un novio.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; Poco se conoce de este escrito, salvo que estaba concluido al momento de fallecer su autor. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por lo visto, cualquier balance de su vida pecaría de solapado, ya que lo curioso de este hombre es que no perteneció a la fantasía de un novelista afiebrado. La lista de sus obras no fue concebida para dar atmósfera a un relato. ¡Nada de esto! Muy por el contrario: lo único falsificado en Lascano Tegui fue su título de vizconde; todo lo demás existió. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy pueden (y deben) asombrar la inventiva de Macedonio Fernández, la heterodoxia de Xul Solar o la erudición de Jorge Luis Borges. Sin embargo, el olvidado autor de &lt;em&gt;La sombra de la Empusa&lt;/em&gt; fue la síntesis de todos ellos y de muchos otros también, y a ese estado llegó antes y por sus propios medios. “Tengo la pretensión de no repetirme nunca, de no pedir prestado glorias ajenas”, declaró en una oportunidad; “la pretensión de ser siempre virgen, y este narcisismo se paga muy caro: con la indiferencia de los demás…” &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Vizconde de Lascano Tegui murió en Buenos Aires el 23 de abril de 1966. A veces reaparece su nombre en alguna amarillenta ficha de biblioteca. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-9141235742461545447?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/9141235742461545447/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=9141235742461545447' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9141235742461545447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9141235742461545447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/05/un-escritor-argentino-lascano-tegui.html' title='Un escritor argentino: Lascano Tegui'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/TABD2BHe8oI/AAAAAAAAAMQ/7kGmYhf0Wbk/s72-c/Imagen+blog+034a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7481452204391115631</id><published>2010-05-22T11:13:00.009-03:00</published><updated>2010-05-22T11:22:01.773-03:00</updated><title type='text'>El Cometa del Centenario</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_foBgCWQ8I/AAAAAAAAALw/Vt4AGOgW_Mg/s1600/Imagen+blog+033a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474098984569422786" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 180px; CURSOR: hand; HEIGHT: 234px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_foBgCWQ8I/AAAAAAAAALw/Vt4AGOgW_Mg/s320/Imagen+blog+033a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En la Argentina lo pronunciaban Ha’lei (= &lt;em&gt;Jálei&lt;/em&gt;), pero no era la forma ideal. En realidad, la fonética del nombre Halley es motivo de controversia, admitiendo principalmente tres posibilidades: &lt;em&gt;Jali&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Jeili&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Joli&lt;/em&gt;. Nigel Calder, autor del libro &lt;em&gt;The Comet Is Coming: The Feverish Legacy of Mr. Halley&lt;/em&gt;, hizo una interesante comprobación: llamó a los dieciséis Halley de la guía telefónica de Londres, preguntándoles cómo pronunciaban su propio apellido. Tres se negaron a contestar; el resto afirmó que lo correcto era &lt;em&gt;Jali&lt;/em&gt;, aunque uno tenía un hermano que se hacía decir &lt;em&gt;Jeili&lt;/em&gt;. Esto dicta una tendencia, pero lo cierto es que se desconoce como lo hacía el mismísimo Edmond Halley (1656-1742), el astrónomo inglés con quien comienza esta historia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La epopeya del cometa de Halley es bien conocida. Naturalmente, no fue Sir Edmond quien lo descubrió, pero sí fue el primero en darse cuenta que los cometas de 1607 y de 1682 eran el mismo y que —yendo hacia atrás— también lo habían sido el de 1531 y el de 1456. Gracias a sus ecuaciones comprendió que los cometas no iban y venían en líneas rectas, como postulaba Kepler, sino que describían órbitas elípticas; y predijo que este objeto volvería a presentarse en 1758. Tenía razón, aunque no vivió para verlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A partir de entonces, dicho cometa (cuyas visitas se venían registrando desde el año 87 d. C. sin que nadie se percatase de que era siempre el mismo, que regresaba cíclicamente) comenzó a llevar el apellido de su eminente calculista. Después de 1758 regresó en 1835. Y prometía hacerlo en 1910…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;…Pero aquí conviene recordar que la aparición de un cometa en el cielo nunca fue un fenómeno gratuito. Desde la Antigüedad más remota los cometas sembraban en la gente toda clase de temores, adjudicándoles pestes, locuras, crímenes, muertes de príncipes, caídas de imperios y cualquier otra calamidad. La presencia del comenta en pleno siglo XX no fue la excepción, aunque una época tan vertiginosa por sus avances exigía que esta superchería se disfrazase por lo menos bajo una máscara pseudocientífica. Solo así podrían justificarse en 1910 los disparates hijos de una superstición de tres milenios.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_fnanl6-sI/AAAAAAAAALY/eXLw5GcmUE8/s1600/Imagen+blog+033b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474098316582779586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 264px; CURSOR: hand; HEIGHT: 211px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_fnanl6-sI/AAAAAAAAALY/eXLw5GcmUE8/s320/Imagen+blog+033b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Esta vez el principal motivo de inquietud era la noticia de que la Tierra pasaría a través de la cola del cometa, quizá provocado nuestra total destrucción.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los astrónomos se cansaron de advertir que semejante cruce no era en absoluto motivo de alarma. Y que durante el siglo XIX las colas de otros dos cometas habían atravesado el planeta sin consecuencia alguna. Y que tan leve era la cola del Halley, que sobre la Tierra dejaría las mismas huellas que el aliento de un bebé al paso de un ferrocarril a toda máquina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin embargo, todo se complicó cuando se supo que los científicos habían descubierto gas cianógeno en la cola del cometa de Morehouse, que había pasado en 1908. Un gas venenoso. De nada sirvió aclarar que este gas se encontraba tan diluido que su contacto con la atmósfera terrestre sería menos que imperceptible: igualmente no pudieron evitar la proliferación de las teorías más absurdas (por ejemplo, que el aire mismo “iba a estallar”) ni que se multiplicaran los anuncios de un próximo Día del Juicio. Para colmo, el gran sabio Flammarion estaba de acuerdo con esta postura apocalíptica, y ¿cómo podría equivocarse un sabio tan importante?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quienes sacaron provecho de este revuelo fueron los iluminados que, entre profecía y profecía, vendían escafandras protectoras, píldoras “anti-cometa” y manuales para salvarse del fin del mundo. Sin embargo, debe desterrarse la idea de una psicosis colectiva, con gente encerrándose bajo siete llaves o suicidándose en masa. No se vio nada de eso ni en la Argentina ni en ninguna otra parte del mundo. La prensa local insistió con decir que en el país hubo casi 430 suicidios por miedo al cometa, pero a la luz de las pruebas solo pudieron verificarse cuatro casos reales de suicidio y, en rigor, de ninguno podía afirmarse taxativamente que fuese por culpa del Halley.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_fnm6u62yI/AAAAAAAAALg/Y-jN6vV6TKA/s1600/Imagen+blog+033c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474098527879224098" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 262px; CURSOR: hand; HEIGHT: 189px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_fnm6u62yI/AAAAAAAAALg/Y-jN6vV6TKA/s320/Imagen+blog+033c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Algunas revistas de la época se divertían en vincular al visitante celeste con episodios políticos o picarescos. Puede decirse que en la sociedad porteña el clima general era más bien de escepticismo, aunque todavía se guardaba algún discreto recelo en determinados estratos culturales. Estos eran, desde luego, los principales consumidores de aquellos peregrinos elixires anticometarios.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El 18 de mayo de 1910, coincidiendo con la llegada de la Infanta Isabel al puerto de Buenos Aires, el Halley estuvo en conjunción inferior; es decir, alcanzó el punto más cercano entre el Sol y la Tierra. En la madrugada del 19 fue cuando mejor se lo pudo observar, llegando a desplegar una hermosa cabellera sobre el horizonte. A partir de entonces comenzó a alejarse, siguiendo su prolongado viaje elíptico que recién volvería a acercarlo en abril de 1986. Noche a noche fue haciéndose cada vez más tenue en el cielo, hasta que ya no se lo vio más y la Humanidad respiró aliviada. Para el 25 de mayo —la principal jornada de los festejos por el Centenario— el cometa solo era visible con telescopio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7481452204391115631?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7481452204391115631/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7481452204391115631' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7481452204391115631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7481452204391115631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/05/el-cometa-del-centenario.html' title='El Cometa del Centenario'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S_foBgCWQ8I/AAAAAAAAALw/Vt4AGOgW_Mg/s72-c/Imagen+blog+033a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-9124669493211637200</id><published>2010-05-15T12:11:00.006-03:00</published><updated>2010-05-15T12:16:46.777-03:00</updated><title type='text'>Cinco haikus recientes</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-66FYPaV6I/AAAAAAAAALI/wx-1etT60dI/s1600/Imagen+blog+032a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5471515198870935458" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 228px; CURSOR: hand; HEIGHT: 136px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-66FYPaV6I/AAAAAAAAALI/wx-1etT60dI/s320/Imagen+blog+032a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Aclara apenas&lt;br /&gt;un tragaluz oval&lt;br /&gt;la antigua buharda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cometa azul&lt;br /&gt;que en lo alto entre las nubes&lt;br /&gt;grácil se mece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un viejo patio&lt;br /&gt;la cesta de manzanas&lt;br /&gt;el sol en haces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fuente seca&lt;br /&gt;con su estatua de Orfeo&lt;br /&gt;y unas guirnaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira en el río&lt;br /&gt;cómo la vela blanca&lt;br /&gt;pasa y se aleja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-9124669493211637200?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/9124669493211637200/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=9124669493211637200' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9124669493211637200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9124669493211637200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/05/cinco-haikus-recientes.html' title='Cinco haikus recientes'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-66FYPaV6I/AAAAAAAAALI/wx-1etT60dI/s72-c/Imagen+blog+032a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7887161045099736350</id><published>2010-05-07T20:25:00.004-03:00</published><updated>2010-05-07T20:30:25.485-03:00</updated><title type='text'>El Pabellón de las Rosas</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-SiPc1i-LI/AAAAAAAAALA/8lzpT2XzOf0/s1600/Imagen+blog+101.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5468674233857145010" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 277px; CURSOR: hand; HEIGHT: 163px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-SiPc1i-LI/AAAAAAAAALA/8lzpT2XzOf0/s320/Imagen+blog+101.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quien siga la historia de los lugares de baile del Buenos Aires antiguo, notará que la mayoría de las veces se describen lugares reprochables, cuando no deteriorados y sucios. Para no abrumar con esta cantinela, y sobre todo para no quedarse con la imagen de que el tango fue cosa exclusiva de un ambiente de avería (de hecho no lo era), vamos a pasear un poco por un bonito establecimiento cuyo solo nombre ya es evocación de la &lt;em&gt;belle époque&lt;/em&gt; porteña: el Pabellón de las Rosas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aunque ¿era realmente la cita romántica del Buenos Aires de ayer? Sí… y más o menos. Ocurre que tenía una moderada doble identidad. Mediodía y tarde, funcionaba como restaurante y salón de baile elegante para familias. Por las noches, sacrificaba un poco su refinamiento y abría sus puertas a milongueros menos recatados cuyas compañías, a veces, no eran de las más virtuosas. Pero esto no debería rebajarlo: el Pabellón de las Rosas nunca fue un sitio vulgar. Claramente se lo identificaba con el buen gusto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba en el 2855 de la avenida Alvear (hoy Del Libertador), esquina Tagle; es decir cerca del Armenonville, otro de los lugares célebres para el tango. Comenzó a funcionar a comienzos del siglo XX. Era un gran edificio señorial, simétrico, con ventanales al frente, que en cierta medida recordaba a los pabellones de las exposiciones mundiales europeas; se ingresaba a él trasponiendo una rotonda entre hermosos jardines que seguían el criterio paisajista de la época. Además del restaurante y el salón de baile, tenía pista de patinaje; ocasionalmente también se dieron funciones de teatro. En torno al Centenario llegó a tener una banda de música propia dirigida por Gaetano D’Alo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-Sh6jxfeoI/AAAAAAAAAK4/nvNPzgzLIMk/s1600/Imagen+blog+102.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5468673874941934210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 258px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-Sh6jxfeoI/AAAAAAAAAK4/nvNPzgzLIMk/s320/Imagen+blog+102.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En el Pabellón se ofrecieron los más recordados “bailes del internado” que dieron los estudiantes de medicina una vez al año, y para los que actuaron grandes típicas —Canaro, Berto, Castriota, Brignolo, Firpo— incluyendo una orquesta gigante de Fresedo, en 1919, de treinta profesores y con dos pianos: Cobián y Delfino. La Asistencia Pública escogió este lugar para auspiciar un concurso de tangos a finales de la década del ’20, bajo la conducción musical de Juan Maglio; y este resultó ser el vencedor, pues su propia obra &lt;em&gt;Cuando llora el corazón&lt;/em&gt; se llevó el primer premio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La última actividad bailable del Pabellón de las Rosas fue durante 1929, en Carnaval. Al llegar Cuaresma fue cerrado, y para Pascua se lo demolió. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo recuerda un famoso vals de José Felipetti. &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7887161045099736350?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7887161045099736350/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7887161045099736350' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7887161045099736350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7887161045099736350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/05/el-pabellon-de-las-rosas.html' title='El Pabellón de las Rosas'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S-SiPc1i-LI/AAAAAAAAALA/8lzpT2XzOf0/s72-c/Imagen+blog+101.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4423462394318419278</id><published>2010-05-01T10:47:00.008-03:00</published><updated>2010-05-01T10:58:01.872-03:00</updated><title type='text'>Tres angelitos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S9wx64VJHCI/AAAAAAAAAKo/lMhoWnKYgaY/s1600/Imagen+blog+099.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5466298935344176162" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 169px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S9wx64VJHCI/AAAAAAAAAKo/lMhoWnKYgaY/s320/Imagen+blog+099.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¡Les digo que todos los niños tienen algo desconcertante! Estoy convencido de ello. Son capaces de guardar secretos que para cualquier adulto serían insoportables. Entre sí suelen sellar pactos muy extraños. Ocurre que los niños en raras ocasiones hacen cosas de niños. Después llega la edad adulta y uno se olvida que alguna vez pensó u obró de tal o cual manera; y si en verdad lo recuerda, trata de justificar aquellos actos como simples travesuras. No lo son. Ellos razonan de una manera muy compleja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Han visto el recordatorio que está sobre el camino que lleva a Santos Unzué? Una ermita pequeña, blanca, que tendrá medio metro de alto o poco más. Adentro había una imagen de la Virgen; se la robaron hace tiempo, pero en el hueco todavía hay restos de velas y quizá queden algunas viejas flores de tela y una botella de yeso, ennegrecida por el humo. ¿Se fijaron en lo que está escrito en esa capillita? Acérquense, corran los yuyos. Leerán “Julián, Esteban y Rosa”. Son los nombres de tres chicos que murieron hace veinte años, cuando volvían de la escuela, caminando sobre el terraplén del Midland; el tren los agarró de atrás. A la semana algún chacarero ya había construido la ermita como testimonio. Durante un tiempo, pasando por el lugar del accidente aún se podía encontrar tirado un lápiz, un sacapuntas… Pregunto: ¿cómo fue que no sintieron el tren? Y no me digan que “eran criaturas”; eso pasó al mediodía, y el maquinista seguramente hizo sonar el silbato. Por más distraídos que fueran, tendrían que haberse dado cuenta que venía algo. Lo que pienso —aunque más de uno me critique— es que jugaron a sentir riesgo, que se pusieron de acuerdo para ver si morían o no. Por eso reitero que los niños hacen alianzas insólitas, que la mayoría de las veces no entendemos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De tanto recorrer los mismos pueblos uno termina sabiendo el nombre de las familias y se hace amigo de bolicheros, de peones, de puesteros; incluso de los más perdidos entre las vueltas y vueltas de una calle vecinal. Y se aprende a escucharlos. Cuando un borracho me asegura que en Indacochea se ven luces raras en el cielo, no le doy fe; pero si me cuentan que en Norumbega nació un ternero con dos cabezas, según quien lo diga ya es para creerlo. Aclaro esto para que no piensen que me dejo llevar por cualquier historia. Si aseguro que los tres nenes de Santos Unzué tenían un arreglo entre sí, no es por invento de nadie. Iban juntos, y entiendo que &lt;em&gt;decidieron&lt;/em&gt; quedarse en &lt;em&gt;ese&lt;/em&gt; lugar en &lt;em&gt;ese&lt;/em&gt; momento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Son compromisos misteriosos. Los he visto cuando juegan, mientras repiten situaciones y reglas que vienen de muchas generaciones atrás. Vendan los ojos de uno y lo ponen en el centro de una ronda; los demás giran alrededor como locos o ebrios, tomados de las manos, cantando letrillas que quizá no entienden cabalmente. De pronto, obedeciendo a un impulso desconocido, se detienen y callan todos a la vez. ¿Un impulso? Mejor decir: ¡un acuerdo! Eso no es inocente, y me inquieta pensar que yo mismo lo hice cuando era niño. Fíjense en los nombres que ponen a sus juegos; parecen los naipes de un adivino: el gallo ciego, la gata parida, la torre en guardia, el ahorcado… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como todos, creí que la desgracia de Santos Unzué había sido una fatalidad; pero diez años más tarde, en 1946, ocurrió algo parecido. Fue en Morea. Tres escolares: dos varones y una nena, en esa calle que tiene un cantero central frente a la estación; esta vez se le cruzaron a un camionero. El pobre hombre (digo “pobre” porque lo comprendo perfectamente) juró que la chiquilina se pasó al otro carril de golpe y que los otros dos saltaron de inmediato tras ella. No hubo margen para nada. Los vecinos no atendieron a la versión del conductor y los pocos policías del destacamento de Morea tuvieron que protegerlo, porque los familiares de los chicos muertos lo querían linchar. Se lo llevaron a Nueve de Julio y no se supo más. El camión quedó arrumbado durante cinco años, más o menos, en un terreno municipal; si pasaba alguien que no era de la zona, no faltaba el comedido que se lo señalara como una curiosidad, porque Morea es de esos lugares que poco tienen para mostrar al forastero. También era una referencia: &lt;em&gt;el almacén de López queda a la vuelta de donde está el camión que mató a los tres chicos.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S9wxvBPs7QI/AAAAAAAAAKg/7pf9d0piuRQ/s1600/Imagen+blog+100.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5466298731578846466" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 221px; CURSOR: hand; HEIGHT: 257px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S9wxvBPs7QI/AAAAAAAAAKg/7pf9d0piuRQ/s320/Imagen+blog+100.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;A esos también les dedicaron un testimonio, un pequeño monolito de cemento pintado con cal. Años después lo quitaron porque estaba justo sobre la línea de un alambrado que debieron renovar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hasta aquí podría considerarse una casualidad. Pero pasó otra década, y de nuevo murieron tres chicos de delantal y llevando carteritas de colegio, aunque fue en plena noche; caminaban por el medio de una calle de tierra que parecía una boca de lobo, a cinco kilómetros de Ortiz de Rozas. Hay una escuela más adelante, a mano izquierda; lo que a todos sigue intrigando es la hora, porque ni los perros andarían sueltos por ahí, en aquella oscuridad. El automóvil que los atropelló venía de atrás. La bocina sonó dos veces. El vehículo respondió bien a una maniobra desesperada, pero ya los tenía encima. La más chica llegó a darse vuelta y por un segundo quedó encandilada con los faros; los dos varoncitos ni siquiera voltearon.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Señores: piensen lo que quieran, pero tres veces en veinte años no puede ser una coincidencia. Yo digo que es una confabulación. Ni se imaginan cómo era la mirada que me clavó la nena. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4423462394318419278?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4423462394318419278/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4423462394318419278' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4423462394318419278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4423462394318419278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/05/tres-angelitos.html' title='Tres angelitos'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S9wx64VJHCI/AAAAAAAAAKo/lMhoWnKYgaY/s72-c/Imagen+blog+099.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8363268852167959338</id><published>2010-04-17T12:16:00.013-03:00</published><updated>2010-04-17T12:37:48.568-03:00</updated><title type='text'>Un castillo en Villa Lago Epecuén</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nS5_tKM7I/AAAAAAAAAJo/bS9hCfpj8e8/s1600/Imagen+blog+093.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461127916958659506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 250px; CURSOR: hand; HEIGHT: 209px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nS5_tKM7I/AAAAAAAAAJo/bS9hCfpj8e8/s320/Imagen+blog+093.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;A&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nSmUmyD_I/AAAAAAAAAJg/_V0PF5Zgc-0/s1600/Imagen+blog+093.jpg"&gt;&lt;/a&gt; seiscientos veinte kilómetros al sudoeste de Buenos Aires, frente al lago Epecuén, existió un hermoso castillo edificado en los años ’20. El desborde descontrolado de las aguas en 1985 lo redujo a escombros. Informa la Secretaría de Turismo de la Municipalidad de Adolfo Alsina (Carhué): &lt;em&gt;“Fue un chalet de veraneo que hizo construir la arquitecta francesa Ernestina María Leontina Allaire, casada en su patria con un noble polaco apellidado Mestchevsky, coronel de la Legión Extranjera en Francia, quien falleció durante la 1ª Guerra Mundial. Enterada de las bondades terapéuticas del lago, resolvió trasladarse a Carhué, en donde ya estaba su hermano, propietario del Plage Hotel. Su construcción se llevó a cabo entre 1924 y 1925, convirtiéndose en una postal de la villa. Su parque arbolado contenía una reproducción de la gruta de Lourdes, que junto a la edificación era uno de los sitios más visitados…”&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Visité lo que queda de Villa Lago Epecuén en febrero de 2010. El pueblo, que antaño fuera un importante destino turístico, después de la gran inundación ha quedado completamente vacío y blanqueado. Del castillo, que era un palacio en miniatura con varios pisos, torres almenadas y ventanas ojivales, solo hay ruinas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461129659130561426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nUfZzTw5I/AAAAAAAAAJw/wqzE4-TL-lk/s320/Imagen+blog+094.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nRRo5Us-I/AAAAAAAAAI4/0rKvlz343Ig/s1600/Imagen+blog+094.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nRfvNohtI/AAAAAAAAAJA/KKt1ij0O-F0/s1600/Imagen+blog+095.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nRzGDXJ9I/AAAAAAAAAJQ/T_1YQOCmuMM/s1600/Imagen+blog+097.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nR5h6a3UI/AAAAAAAAAJY/b2_axOG3wW8/s1600/Imagen+blog+098.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461129747037037602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nUkhR2JCI/AAAAAAAAAJ4/LZRayrrem-I/s320/Imagen+blog+095.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461129950644410242" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nUwXxoF4I/AAAAAAAAAKI/H-lYKWUztlg/s320/Imagen+blog+097.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461130038730507794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nU1f6_RhI/AAAAAAAAAKQ/3AN2juI1UPM/s320/Imagen+blog+098.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461129849407047186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nUqeowhhI/AAAAAAAAAKA/_eD-zAGOxCY/s320/Imagen+blog+096.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nRtn253pI/AAAAAAAAAJI/5OetxoAVZ5Y/s1600/Imagen+blog+096.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8363268852167959338?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8363268852167959338/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8363268852167959338' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8363268852167959338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8363268852167959338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/04/un-castillo-en-villa-lago-epecuen.html' title='Un castillo en Villa Lago Epecuén'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S8nS5_tKM7I/AAAAAAAAAJo/bS9hCfpj8e8/s72-c/Imagen+blog+093.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-7132532717384122855</id><published>2010-04-03T11:34:00.009-03:00</published><updated>2010-07-02T20:34:38.759-03:00</updated><title type='text'>El tabaco holandés</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S7dVmzZ80hI/AAAAAAAAAIo/ugQIWbrnJfE/s1600/Imagen+blog+092.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5455923598705086994" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 219px; CURSOR: hand; HEIGHT: 281px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S7dVmzZ80hI/AAAAAAAAAIo/ugQIWbrnJfE/s320/Imagen+blog+092.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Blaquier, guardado en un brilloso &lt;em&gt;robe de chambre&lt;/em&gt; y apoltronado en su sillón de lectura, repasaba sin interés evidente un libro decimonónico mientras fumaba su pipa favorita de cánula alargada; y en ese aburrimiento estaba cuando de pronto notó que las paredes de su habitación cobraban otras dimensiones y se pandeaban horrorosamente, a la vez que el empapelado estilo William Morris mutaba en un revoltijo de tallos y flores aberrantes que parecían estrangular la cabeza de jabalí, también deformada hasta lo grotesco; las llamas de la estufa eran salamandras danzantes, el jarrón inglés latía como si estuviese animado, y el paisaje de Constable adquiría una profundidad decididamente impropia en un cuadro al óleo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Poco después todo estaba de nuevo en su sitio y la sonería del reloj sobre la estufa anunciaba las doce.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Buena porquería resultó este tabaco de Holanda”, se dijo Blaquier observando con preocupación la pipa. Vació las cenizas de la cazoleta, dispersó un poco los leños de la estufa para que se apagasen, y enfiló al dormitorio. Aquella noche tuvo un sueño feliz, sin cuartos alabeados ni jabalíes sonrientes, con empapelados William Morris en estado de perfecta quietud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Solo tuvo un inconveniente: despertó antes de que amaneciera del todo, convertido en un búho. Pero a fuerza de golpear contra la ventana del dormitorio logró salir y volar hasta el campanario de St. Ambrose. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-7132532717384122855?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/7132532717384122855/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=7132532717384122855' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7132532717384122855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/7132532717384122855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/04/el-tabaco-holandes.html' title='El tabaco holandés'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S7dVmzZ80hI/AAAAAAAAAIo/ugQIWbrnJfE/s72-c/Imagen+blog+092.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-4507569551876591517</id><published>2010-03-16T10:21:00.022-03:00</published><updated>2010-03-16T11:08:33.435-03:00</updated><title type='text'>El accidentado descanso de Catherine Parr</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IEdakNEI/AAAAAAAAAH8/4dE0LgoekkA/s1600-h/Imagen+blog+088.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 231px; FLOAT: left; HEIGHT: 222px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5449223684338496578" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IEdakNEI/AAAAAAAAAH8/4dE0LgoekkA/s320/Imagen+blog+088.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;(Escrito por &lt;span style="color:#cc6600;"&gt;&lt;strong&gt;Guada Aballe&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; para &lt;em&gt;El Sextante de Hevelius&lt;/em&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Catherine Parr (1512-1548), la hija de William Parr y Maude Green, fue una mujer con inquietudes intelectuales en pleno siglo XVI y autora de dos libros; pero fue, es y será siempre recordada por haber sido la sexta esposa de Enrique VIII, con el alucinante detalle de haber sobrevivido al rey como reina viuda. Todo un logro teniendo en cuenta la historia marital del rey más famoso de Inglaterra. Es suficiente decir “la sexta reina” para saber de quién se trata. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El rey Enrique había sido su tercer esposo y, tras enviudar, contrajo matrimonio con Thomas Seymour, hermano de la tercera esposa de su difunto marido (si aquí el lector comienza a complicarse, no desespere, porque aún hay más: con el flamante matrimonio vivía la princesa Elizabeth, hija de Enrique y Ana Bolena, segunda esposa del difunto rey). Pero no es el objeto de este artículo narrar aspectos de la vida de Catherine Parr, sino lo que ocurrió con ella después de su muerte. Como si los protagonistas de la época Tudor quisieran, a través de los siglos, seguir regalándonos historias insólitas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Catherine murió el 5 de septiembre de 1548 y fue sepultada en la capilla del Castillo de Sudeley, algo natural dado que &lt;em&gt;Sudeley Castle&lt;/em&gt; era su residencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por el paso de los siglos y tras vicisitudes por las que atravesó el mencionado castillo durante la guerra civil del siglo XVII, las cuales serían tediosas relatar aquí, la capilla fue deteriorándose y el lugar de sepulcro de Catherine Parr se perdió. Hacia 1752 George Ballard refirió como “desconocido” el lugar de descanso de esta reina, hecho curioso dado el interés que Inglaterra mostró siempre con todo lo relacionado con Enrique VIII. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IV18FCWI/AAAAAAAAAIE/JehrtJzJX2c/s1600-h/Imagen+blog+089.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 205px; FLOAT: right; HEIGHT: 275px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5449223982979287394" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IV18FCWI/AAAAAAAAAIE/JehrtJzJX2c/s320/Imagen+blog+089.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Pero las cosas no iban a quedar así. En 1782 un tal John Lucas, ocupante de las tierras que incluían las ruinas de esa capilla, por accidente encontró el ataúd de la reina; abrió el plomo y se encontró cara a cara con ella. Expresión correcta, ya que la reina se encontraba en perfecto estado de conservación. Llevaba un vestido costoso y zapatos pequeños. Pudo apreciarse que era de complexión delicada y que había sido una mujer alta. Y podía admirarse su cabello, de una coloración que los ingleses llamaban &lt;em&gt;auburn&lt;/em&gt;. (Actualmente se usa ese término para describir una coloración moderada entre marrón y rojo. El vocablo puede traducirse como “castaño”. Y en tiempos medievales también hacía referencia a los cabellos rubios). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A partir de ese momento el cuerpo empezó a llamar la atención de la gente y hay indicios para creer que se abrió el ataúd en varias ocasiones, y que también hubo quejas: un año más tarde los restos ya no estaban en tan buenas condiciones. El vicario insistía en que fuera enterrado nuevamente. Como todos iban a mirar, se le colocó encima una losa de mármol. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Diez años después, en 1782, ocurrió algo lamentable: unos borrachos se pusieron a hacer bromas alrededor del ataúd, decidieron cavarle una tumba y sepultarlo; pero estaban tan ebrios que lo enterraron… boca abajo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dos años más tarde el cuerpo estaba otra vez afuera de la capilla. El vicario Tredway Nash pedía que “más respeto sean presentados a los restos de esta amable reina” y deseaba que fuera puesta en un nuevo ataúd para que “al fin su cuerpo pueda descansar en paz”. Como en esa época la capilla se usaba como criadero de conejos, Nash lamentaba que los conejos “rasguñaban muy irreverentemente sobre el real cadáver”. Cubrieron al ataúd con escombros. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En 1817 parecía que iban a mejorar las cosas. Se iniciaron trabajos de restauración en la capilla autorizados por el propietario de Sudeley, Lord Chandos. Buscaron el ataúd, lo encontraron cubierto de hiedra y dañado. Dentro, el esqueleto de la reina. También hallaron la placa original que decía:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;KATHERINE PARR&lt;br /&gt;AQUÍ YACE LA REINA CATHERINE, ESPOSA DEL REY ENRIQUE VIII Y ÚLTIMA ESPOSA DE THOMAS LORD SUDELEY GRAN ALMIRANTE DE INGLATERRA Y TÍO DEL REY EDUARDO VI, MUERTA EN SEPTIEMBRE DE 1548&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IoXah2-I/AAAAAAAAAIM/kM9v09Bha_c/s1600-h/Imagen+blog+090.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 285px; FLOAT: left; HEIGHT: 187px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5449224301203020770" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IoXah2-I/AAAAAAAAAIM/kM9v09Bha_c/s320/Imagen+blog+090.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; En La sepultaron en la bóveda de Lord Chandos. En 1837 Sudeley tenía nuevo dueño (familia Dent) y se terminó de restaurar la capilla. Sir George Gilbert Scout fue el responsable del diseño del imponente mausoleo que hoy alberga los restos de la reina Catherine Parr tras tantas vicisitudes. En 1862 dicho mausoleo estaba terminado. Hoy es lugar de visita obligada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-JC9Ied6I/AAAAAAAAAIU/SJQ5hCDkhAM/s1600-h/Imagen+blog+091.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 203px; FLOAT: right; HEIGHT: 163px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5449224758004447138" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-JC9Ied6I/AAAAAAAAAIU/SJQ5hCDkhAM/s320/Imagen+blog+091.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Fuentes principales: Weir, Alison: &lt;em&gt;The six wives of Henry VIII&lt;/em&gt;; Fraser, Antonia: &lt;em&gt;Las seis esposas de Enrique VIII&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imperdible: vea Sudeley Castle en: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.sudeleycastle.co.uk/"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;http://www.sudeleycastle.co.uk/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Guada Aballe &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-4507569551876591517?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/4507569551876591517/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=4507569551876591517' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4507569551876591517'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/4507569551876591517'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/03/el-accidentado-descanso-de-catherine.html' title='El accidentado descanso de Catherine Parr'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5-IEdakNEI/AAAAAAAAAH8/4dE0LgoekkA/s72-c/Imagen+blog+088.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-8848317046046948705</id><published>2010-03-04T20:19:00.017-03:00</published><updated>2010-03-04T20:47:53.629-03:00</updated><title type='text'>El medicastro Fernando Asuero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BC_oBxBMI/AAAAAAAAAHU/g8PNfeKzaHA/s1600-h/Imagen+blog+085.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444925610334946498" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 217px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BC_oBxBMI/AAAAAAAAAHU/g8PNfeKzaHA/s320/Imagen+blog+085.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pocas veces Buenos Aires había estado tan irritada como en aquellos días de 1930. La segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen no cumplía con las expectativas de los ciudadanos, y el fuerte apoyo que le brindaran al principio día a día iba decreciendo. El clima inestable no solo se reflejaba en la política, sino también en las minucias de la vida cotidiana. Y en ese marco de nerviosismo y de peligrosos pedidos de soluciones rápidas, una mañana los porteños desayunaron con la noticia de que había desembarcado en el país un médico español llamado Fernando Asuero, algo así como un Salvador de la Humanidad que llegaba para aplicar un insólito método de curación a todo tipo de enfermos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Asuero había nacido en San Sebastián, Guipúzcoa, en 1886. Como cirujano, aseguraba que con sutiles incisiones en el nervio trigémino, a donde podía acceder desde la nariz, lograba curar cualquier dolencia. El trigémino es el nervio sensitivo de la cara; Asuero decía que en realidad provocaba &lt;em&gt;todos&lt;/em&gt; los males del cuerpo humano y que él podía sanarlos; principalmente la parálisis, la artritis, las hemorroides, la sordera y las úlceras. Para ello punzaba el nervio con agujas o estiletes, obteniendo resultados “completos y definitivos”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El doctor se convirtió rápidamente en un personaje popular. Su pensamiento se divulgaba gracias a reportajes; su retrato ya circulaba en miles de fotografías firmadas; le dedicaban artículos de varias páginas en &lt;em&gt;Caras y Caretas&lt;/em&gt; y sus seguidores brotaban por doquier. LR3 Radio Belgrano propalaba &lt;em&gt;La Hora de la Asueroterapia&lt;/em&gt;, animada por la orquesta de Antonio Sureda con el cantor Santiago Devin. En este programa debutó un muchacho que después sería conocido como libretista, pero que por entonces escribía poesías: Abel Santa Cruz.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BB7tV4YLI/AAAAAAAAAG0/__ndUtzoj5E/s1600-h/Imagen+blog+086.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444924443530387634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 260px; CURSOR: hand; HEIGHT: 224px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BB7tV4YLI/AAAAAAAAAG0/__ndUtzoj5E/s320/Imagen+blog+086.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Mientras tanto, todo el mundo hacía cola en el hotel Español, de Avenida de Mayo al 900, para atenderse con Asuero. Cobraba fortunas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero en los círculos académicos comenzaron a sospechar. Se supo que en el Uruguay le habían prohibido la entrada, y esto ya puso en guardia a los médicos argentinos. Tras unas pocas averiguaciones detectaron que lo de Asuero era un fraude hecho y derecho. Había pasado por Cuba en 1929, dejando un prontuario tan grande como la guía de teléfonos de La Habana. Sus ayudantes eran cualquier cosa menos enfermeros; se recuerda a un tal Gómez Llueca, de hermosa traza de timador, y a una secretaria de apellido Garay, que era directamente impresentable. Las instituciones médicas se cansaban de advertir que lo único que mejoraba el “Método Asuero” era la billetera del doctor.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde España, intelectuales como Gregorio Marañón, Pío Baroja y José Ortega y Gasset alertaban que Asuero era un embaucador, y hasta desconfiaban de que realmente fuese médico: sus únicos antecedentes comprobables eran que había sido futbolista y que en las canchas lo apodaban Pistón.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo esto del trigémino terminó en un escándalo político que puso al descubierto otro de los flancos débiles de la presidencia. Don Hipólito se emperraba en defender la asueroterapia, mientras que los más destacados científicos locales y extranjeros denunciaban que era un fraude descomunal, y que encima este sujeto ni siquiera estaba habilitado para ejercer la medicina en territorio argentino al no haber revalidado su título (un título, por lo demás, bastante difuso). Cuando se propagó que Yrigoyen sería atendido por Asuero, se agregó otro motivo para las hirientes caricaturas y chistes sobre el gobierno que publicaba el diario &lt;em&gt;Crítica&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los opositores aprovecharon muy bien estas torpezas. Cuando Asuero informó que le regalaría al presidente su estilete de cirujano, anunciaron que ese estilete no era un aparato quirúrgico, sino una herramienta común que se conseguía en cualquier ferretería de España por dieciséis pesetas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La autoridad presidencial había caído en un pozo. Asuero atendió a Yrigoyen; apenas terminó la sesión, salió Yrigoyen por una puerta, entró la policía por otra y se llevó detenido al médico. A los tres días lo embarcaron por la fuerza y lo deportaron a España.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tiempo después publicará un libro: &lt;em&gt;Mi viaje a la Argentina&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BCIQaxCuI/AAAAAAAAAG8/O2fZh6m_-Zk/s1600-h/Imagen+blog+087.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444924659104549602" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 228px; CURSOR: hand; HEIGHT: 399px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BCIQaxCuI/AAAAAAAAAG8/O2fZh6m_-Zk/s320/Imagen+blog+087.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En lo que iba de 1930 Asuero había agregado su grano de arena en la alterada política del país, resultando una bendición para la oposición sarcástica.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ejemplo, circuló una canción satírica llamada &lt;em&gt;El Cuatrigémino&lt;/em&gt;; y también hubo un charlestón que se refería al frustrado viaje de Asuero a Montevideo, diciendo algo así como “A Uruguay, guay, yo no voy, Boy…”&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El actor Florencio Parravicini llegó a montar un espectáculo titulado, previsiblemente, &lt;em&gt;Nena tocame el trigémino&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las orquestas de tango no desconocieron el asunto. Por esos años interpretaban &lt;em&gt;Operate el trigémino&lt;/em&gt; (tango de Manuel Colominas), &lt;em&gt;Asuero&lt;/em&gt; (paso doble de Juan Caldarella), &lt;em&gt;Asueroterapia&lt;/em&gt; (de Luis Amengual)… En estas canciones se recomendaba el “Método Asuero” para curarlo todo; incluso la jettatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Semanas más tarde, el 6 de septiembre de aquel fatídico año, una revolución depuso a Yrigoyen. Mucho después, en 1942, allá en España, Asuero tranquilamente murió. Su trigémino nada tuvo que ver con ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alcanzó a editar otro libro para defenderse, &lt;em&gt;Ahora hablo yo&lt;/em&gt;, en el que escribió: “[…] mi título es tan bueno como el de los otros médicos, y mi ciencia un poco más eficaz”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-8848317046046948705?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/8848317046046948705/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=8848317046046948705' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8848317046046948705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/8848317046046948705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/03/el-medicastro-fernando-asuero.html' title='El medicastro Fernando Asuero'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S5BC_oBxBMI/AAAAAAAAAHU/g8PNfeKzaHA/s72-c/Imagen+blog+085.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-3199306794898904330</id><published>2010-02-21T13:03:00.013-03:00</published><updated>2010-02-21T13:27:32.478-03:00</updated><title type='text'>Silva Valdés: sus "Cuentos del Uruguay" (1945)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4FcEhU3cwI/AAAAAAAAAGc/XotxMyRVtqI/s1600-h/Imagen+blog+081.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440731057575392002" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 271px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4FcEhU3cwI/AAAAAAAAAGc/XotxMyRVtqI/s320/Imagen+blog+081.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;(Sobre &lt;em&gt;Cuentos del Uruguay: Evocación de mitos, tradiciones y costumbres&lt;/em&gt;, de Fernán Silva Valdés. Compañía Editora Espasa-Calpe Argentina, colección Austral nº 538, Buenos Aires, 1945)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedro Leandro Ipuche, poeta oriental nacido en Treinta y Tres, descreía del nativismo de Fernán Silva Valdés, poeta oriental nacido en Montevideo, y lo descalificaba diciendo que era un “gaucho de Paso del Molino”. Con esto denunciaba que Silva Valdés pasaba por paisano cuando en realidad provenía de un barrio de la capital. Tal acusación sería justa si el creador de los &lt;em&gt;Romances chúcaros&lt;/em&gt; fingiera, pero la verdad es que no lo parece.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su nombre real era Fernando. Inteligentemente optó por el apócope Fernán, más eufónico para un poeta; y con mayor sabiduría aún descartó su pseudónimo “Juan Corrales”. Dijo que comenzó a escribir a los catorce años, edad a la que casi nadie llega invicto de poesía; a los veintiséis, devenido en un literato brillante, pudo ver cómo una imprenta componía su apellido en una portada. Sabía escoger títulos: su libro inicial (1913) se llamó &lt;em&gt;Ánforas de barro&lt;/em&gt;; el segundo (1917), &lt;em&gt;Humo de incienso&lt;/em&gt;; el tercero (1921), &lt;em&gt;Agua del tiempo&lt;/em&gt;. Fue miembro de la Academia Nacional de Letras, pero salió airoso de este trance.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quizá de Silva Valdés se evoquen, antes que sus narraciones, sus poemas; y antes que sus poemas, sus canciones criollas y sus tangos. Alguien lo despreció por ello. &lt;em&gt;¿Qué clase de académico&lt;/em&gt; —debían preguntarse por los pasillos— &lt;em&gt;admite haber bailado en peringundines del barrio Unión?&lt;/em&gt; Por suerte hoy no se discute su jerarquía, salvo por el sujeto de café literario que no tolera la convivencia de los autores “sagrados” con los “populares”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4Fax8hRNXI/AAAAAAAAAGE/bQYNjVvRWGg/s1600-h/Imagen+blog+082.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440729638946026866" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 144px; CURSOR: hand; HEIGHT: 217px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4Fax8hRNXI/AAAAAAAAAGE/bQYNjVvRWGg/s320/Imagen+blog+082.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Cuentos del Uruguay&lt;/em&gt; no tuvo la misma difusión de otras publicaciones de Silva Valdés. Apareció en la célebre colección Austral, una de las maravillas en la historia editorial del siglo XX. No porque estos libritos albergaran un aparato crítico riguroso, ni tuvieran características para convertirlos en piezas de bibliófilos; sino porque recorrer su catálogo aún causa placer. Allí están (y en muchos casos, quedaron) &lt;em&gt;La astronomía en el Antiguo Testamento&lt;/em&gt; de Schiaparelli, &lt;em&gt;La ciudad y las sierras&lt;/em&gt; de Eça de Queiroz, los &lt;em&gt;Rincones de la historia&lt;/em&gt; de Maura y Gamazo, las &lt;em&gt;Leyendas suizas&lt;/em&gt; seleccionadas por Keller, el &lt;em&gt;Tercer viaje para el descubrimiento de un paso por el noroeste&lt;/em&gt; del almirante Parry, el &lt;em&gt;Kwaidan&lt;/em&gt; de Hearn, y casi dos mil títulos más. Después de Silva Valdés no hay mucho más sobre Uruguay, salvo una biografía de Fructuoso Rivera, un florilegio de Juana de Ibarbourou, una sección en la &lt;em&gt;Poesía popular y tradicional americana&lt;/em&gt; de Lidia R. de Jijena Sánchez, y alguna que otra cosilla suelta por ahí.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4FbRxwJcXI/AAAAAAAAAGM/Df3cipyfaHI/s1600-h/Imagen+blog+083.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440730185811456370" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 229px; CURSOR: hand; HEIGHT: 161px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4FbRxwJcXI/AAAAAAAAAGM/Df3cipyfaHI/s320/Imagen+blog+083.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Para el lector acostumbrado a los relatos camperos de la orilla occidental del Plata, estos &lt;em&gt;Cuentos del Uruguay&lt;/em&gt; no presentan grandes sorpresas descriptivas. Las diferencias son módicas: el río Yi en lugar del Salado, Tacuarembó en vez de Areco, alguna palabra que deberá dilucidarse en el vocabulario del final, un juego de truco más florido. Pero en muchas ocasiones las referencias de lugar y tiempo son tan imprecisas que estos cuentos bien podrían acontecer tanto en la Banda Oriental como en la Argentina e incluso en el sur brasileño. El autor, por afinidad, escogió Uruguay; eso ya obliga a encararlos con otro matiz.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los veintisiete relatos que abraza este volumen tienen un raro semblante poético que los distancia con amplitud de otros autores contemporáneos. Sin embargo, no solo son cuentos camperos los que compila este libro. La ciudad también está presente, y con fuerza. El Uruguay de Silva Valdés es el país todo: campo y urbe, costa y cuchilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El primer cuento, “Historia de un rancho y una guitarra”, rompe con el realismo que venía estropeando la literatura oriental y que tanto alarmara a Silva Valdés, al punto de iniciar el prólogo con una invectiva contra este género. La idea de una guitarra devenida en oráculo es interesante, pero predecible; Silva Valdés, en esta narración, da una vuelta de tuerca y hace que el oráculo sea redondamente inútil. Al confiarle una pena la guitarra responde “no me vengás con chicas, yo estoy cortada para cosas grandes”, o “esta historia también la conozco, la tengo anotada en mis voces”. Es lógico que su dueño, irritado, termine tirándola arriba de un carro. Por algún motivo oculto entre los artificios de su escritura (tal vez el recurso de excluir una moraleja edificante), este cuento recuerda a los de Ambrose Bierce.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Historia de un rancho y una guitarra” es el cuento inaugural y su lectura promete mantener el hálito fantástico por el resto del libro, aunque pocos relatos después Silva Valdés se abre a una variedad temática por demás interesante. Sus puntos cardinales —según su propia declaración— son el mito, la superstición, la leyenda y la descripción de costumbres. Sobre estas cuatro materias gravita Cuentos del Uruguay, pero lo cierto es que el lector terminará recordando “Los niños enlunados”, “Payé”, o aquel del curandero en un arrabal sobre la costa del Cuareim. Es decir, los de ambiente más misterioso; es decir, los primeros cuentos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El autor era experto en esta atmósfera extraña y a veces sibilina. Ya había probado la fórmula: como testimonios están &lt;em&gt;Poesías y leyendas para niños&lt;/em&gt; (1930), &lt;em&gt;Leyendas&lt;/em&gt; (1936), &lt;em&gt;Cuentos y leyendas del Río de la Plata&lt;/em&gt; (1941) y &lt;em&gt;Leyendas americanas&lt;/em&gt; (1945). Casi está de más aclararlo, pero ninguna de sus compilaciones perseguía un fin científico, etnográfico. Silva Valdés prefería la recreación literaria y poco podían importarle la fuente previa o el análisis posterior. Si como folklorista resulta primitivo, como narrador acaba siendo incomparable. Y en esto último está la importancia de sus cuentos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tras haberlos leído, todas las personas tienden a reconstruir las mismas imágenes. Dos lectores distintos deducirán al mismo rancho, verán al mismo viejo. Curiosa facultad que tienen varios escritores orientales; Yamandú Rodríguez y José Alonso y Trelles entre otros.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440730514477911410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4Fbk6IVjXI/AAAAAAAAAGU/Xxy3PCLJAT4/s320/Imagen+blog+084.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-3199306794898904330?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/3199306794898904330/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=3199306794898904330' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3199306794898904330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/3199306794898904330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/02/silva-valdes-sus-cuentos-del-uruguay.html' title='Silva Valdés: sus &quot;Cuentos del Uruguay&quot; (1945)'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S4FcEhU3cwI/AAAAAAAAAGc/XotxMyRVtqI/s72-c/Imagen+blog+081.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-2034143062159319603</id><published>2010-02-07T10:42:00.006-03:00</published><updated>2010-02-07T11:45:28.350-03:00</updated><title type='text'>Arqueología en un terreno baldío</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S27Rp68bwpI/AAAAAAAAAFs/BbT8ZKLMKPQ/s1600-h/Imagen+Blog+079.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435512318410343058" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 254px; CURSOR: hand; HEIGHT: 181px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S27Rp68bwpI/AAAAAAAAAFs/BbT8ZKLMKPQ/s320/Imagen+Blog+079.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hacia enero de 1979, mientras gozaba de mis inmerecidas vacaciones de verano, incorporé una actividad que al principio sería solo una distracción, pero que con el correr de las semanas se transformaría en algo muy importante, llegando a ocupar mañanas y tardes enteras: trepar y vivir en el árbol de mi casa. Se trataba de un típico árbol gomero, de los que tanto abundan en plazas y veredas; este —alto, frondoso, umbrío— moraba en el patio trasero desde hacía décadas. Tenía una historia propia interesante: donde se alzaba este árbol, en realidad se había plantado un rosal; alguien clavó a su costado un palo para que hiciese de tutor, con tan extraña fortuna que el rosal acabó secándose y lo que comenzó a echar raíces fue el palo… para devenir luego en ese enorme árbol gomero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aprendí a subirme a él y cada día lo hacía con mayor facilidad, trepándome entre aquella exuberancia hasta alcanzar las ramas más difíciles y alejadas; me abría paso entre la fronda color oliva y llegaba hasta un sector muy tupido de la copa en donde tranquilamente podía quedarme casi todo el día imaginando historias, mirando las nubes a través de un pequeño claro, o tan solo esperando que apareciese un pájaro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde aquella altura, una visión me conquistaba especialmente: la del techo de mi casa. No tenía una escalera que condujese a él, por lo que yo nunca había estado ahí. En mi propio hogar, aquel era un distrito misterioso. Comencé a preguntarme qué ocurriría si desde el árbol yo intentase dar un paso más y saltar a la terraza… Día a día me acercaba más por entre la enramada lujuriante hasta casi tocar la azotea; pero bien dicen que “el viaje no termina con avistar la torre”, por lo que me decidí y no sin alguna dificultad inicial brinqué desde el árbol para llegar hasta ese mundo completamente nuevo para mí; nuevo y exclusivo, ya que ninguna otra persona en la casa quería o podía subir al techo. Este no tenía nada extraordinario, aunque cualquier elemento cobraba allí una relevancia especial y hasta dramática (como una maceta olvidada, o un balaustre suelto cuando en realidad no había ningún balcón), sintiendo la impresión de que aquel era un lugar levemente perturbador. ¿A qué atribuirlo? Quizá a la pequeña sensación de vértigo que me ofrecía el cielo abierto, o a la percepción diferente del paisaje urbano. Desde la terraza podía verse mucho más allá que a nivel de la calle; entre otras cosas, se divisaban las agujas de la iglesia de Lourdes, la vieja chimenea de ladrillo colorado de la papelera, los patios traseros (y hasta entonces no intuidos) de las casas vecinas, algunos edificios altos de los alrededores de la plaza, ciertos tanques de agua con formas caprichosas (en especial uno con forma de nave espacial, perteneciente a una fábrica de la calle Canale), y muchos tejados de la zona, con sus caperuzas, remates, antenas y veletas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero si algo me atraía de modo particular, era la visión del terreno baldío que daba al fondo de mi casa; un lote enorme, tal vez el más grande de la manzana, y completamente abandonado. Su frente daba al Pasaje Fernández, pero estaba cegado por una tapia: por lo tanto, nadie conocía su interior. Y resultó que, evaluado desde el techo, el terreno superaba mis cálculos. Casi todo lo cubría la maleza, aunque entre los yuyos se dejaban ver de tanto en tanto unos montones de escombros y algunas flores de cardo. En su parte más alejada había un cañaveral.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Decidí llegar hasta él bajando desde mi terraza. Una empresa bastante audaz, pero que estaba en condiciones de hacer si cuidaba muy bien donde poner el pie, mientras maniobraba aferrándome a una especie de contrafuerte que tenía la pared del fondo. Y así fue. Cuando me hallé dentro del terreno, me pareció estar viviendo una gran aventura, una expedición por la jungla. Me perdí entre la espesura, buscando abrirme paso entre plantas de altísimos tallos que apartaba para volverse a cerrar tras de mí; me acompañaban unas mariposas que parecían papelitos blancos. Llegué a encontrar entre los pastos unos restos de cimientos y parte de un antiguo piso embaldosado (señal de que alguna vez ese terreno tuvo una edificación); más tarde alcancé la zona de cañas: erguidas y recias tacuaras que habrían de servirme para confeccionar lanzas, cerbatanas y estandartes. Solo un gato o un gorrión rompían a veces mi soledad. Volví a mi casa cuando ya anochecía, muy excitado por la andanza; regresé por el único medio disponible (trepar la pared, llegar al techo, bajar por el árbol) y me preparé para repetir el periplo al día siguiente, pero ya con fines científicos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy inventan para los chicos toda clase de precauciones; en aquella época, yo me iba por los techos (carentes de barandas y abundantes, en cambio, en cables de luz y esas cosas), subiendo cual mono por entre las ramas de un árbol, y de ahí saltaba a un terreno agreste que era poco menos que un zarzal y al que no podía entrarse desde la calle en caso de una emergencia; y hacía todo esto llevando un cuchillo oxidado o una pala de punta. Nunca me pasó nada, ¿por qué habría de pasarme? Y eso que yo no era ni más ni menos avispado que el resto, aunque a juzgar por mi aspecto algunos pudieran asegurar que sí, que tenía menos luces.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La idea de mi nueva visita era cavar un pozo para ver si hallaba algo. Cualquier cosa, así fuese una lata vieja o un lingote de oro. Honestamente yo prefería el lingote, pero razoné que en ese lugar había más posibilidades a favor de la lata. Comenzé con entusiasmo y a las pocas paladas hallé el primero de varios estratos de mugre, conteniendo un disco &lt;em&gt;long play&lt;/em&gt; de etiqueta azul, quebrado en varias partes. Seguí y encontré el segundo nivel: una matrícula de automóvil de la provincia de Buenos Aires. Algo cansado, porque el suelo era más pedregoso a esa profundidad, di luego con la tercera capa, que consistía en un esqueleto de gallina. Y después, la tierra propiamente dicha; tierra libre de toda esa antigua y respetada cochambre, ante la que no pude avanzar demasiado por estar atravesada de raíces.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otra tarde descubrí un verdadero yacimiento arqueológico. Uno de los lados del terreno daba contra la pared de un taller que fabricaba adornos de yeso y cerámica: miniaturas, estatuillas, medallones, pequeñas molduras, etcétera; aquellos que salían levemente fallados (una minúscula burbuja de aire bastaba para que lo considerasen material a descartar) los arrojaban al terreno desde un ventilete. Al igual que Howard Carter al espiar la tumba de Tutankhamón, yo también vi “cosas maravillosas” cuando entre los pastos encontré la pequeña cabeza de un Tom Sawyer de repisa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S27RAnQNcSI/AAAAAAAAAFk/cb8w-f9kK-M/s1600-h/Imagen+Blog+080.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435511608749945122" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 282px; CURSOR: hand; HEIGHT: 173px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S27RAnQNcSI/AAAAAAAAAFk/cb8w-f9kK-M/s320/Imagen+Blog+080.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Fue un hallazgo portentoso. El terreno baldío se transformó de golpe en un Valle de los Reyes, en una Pompeya, en una Troya, en una Zimbabue; yo me sentí a la altura de Schliemann, Leakey o Wooley, y más aún cuando al seguir revisando aparecieron un par de hojas de acanto y los fragmentos de otras estatuillas. Recuerdo nítidamente una &lt;em&gt;Madonna&lt;/em&gt; muy bien conservada, que luego pinté y regalé a mi abuela; y un pequeño antebrazo con distintivo, que terminaba en una mano con un tambor: tenía no más de tres centímetros y seguramente pertenecía a la figurilla de un músico indio, pero nunca hallé el resto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Qué magníficos tesoros me parecían aquellas esculturas tiradas entre los matorrales del campito! Los buscaba con tesón, y regresaba a mi casa hacia el atardecer de cada día con dos o tres bellísimas piezas: un calendario azteca del diámetro de un vaso, la parte superior de una Venus de Milo, un ánfora etrusca del tamaño de mi mano. También solían aparecer antigüedades más autóctonas. Imposible olvidar un mate con escenas gauchescas y estrofas del &lt;em&gt;Martín Fierro&lt;/em&gt;, y un cenicero con la forma del estadio de River Plate, donde se habían disputado los partidos más importantes del todavía reciente campeonato mundial de fútbol. Para explotar debidamente el filón, establecí una “base de operaciones” en un sector algo resguardado de mi terraza, donde construí un refugio con varios ladrillos que encontré en el terreno, más unas ramas secas y un mosquitero con armazón que puse como cubierta, y que resultó muy útil porque servía de tamiz para el fuerte sol veraniego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasé muchas tardes en este cobertizo limpiando y estudiando las tallas obtenidas, hasta que una tormenta grande lo desmoronó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-2034143062159319603?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/2034143062159319603/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=2034143062159319603' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2034143062159319603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/2034143062159319603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/02/arqueologia-en-un-terreno-baldio.html' title='Arqueología en un terreno baldío'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S27Rp68bwpI/AAAAAAAAAFs/BbT8ZKLMKPQ/s72-c/Imagen+Blog+079.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-5694369844766317489</id><published>2010-01-30T09:41:00.006-03:00</published><updated>2010-01-30T10:14:19.334-03:00</updated><title type='text'>Estación La Beba, FCCBA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S2Qpg5e8-mI/AAAAAAAAAEw/0TBtPz4kVdc/s1600-h/Imagen+blog+078.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5432512695678859874" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S2Qpg5e8-mI/AAAAAAAAAEw/0TBtPz4kVdc/s200/Imagen+blog+078.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;Un caserío minúsculo sobre los campos que fueron de María Unzué de Alvear. Varias viviendas, una escuela (la nº 25), unos tinglados, molinos de viento, la polícroma estación de chapa y madera, y las calles polvorientas, arboladas y vacías en la tarde del sábado; nada diferente de otros pueblos de la región, pero La Beba de todas formas da su bienvenida al viajero, quiza algo ostentosamente, con un gran cartel de letras de cemento. Un kilómetro antes lo precede, con mayor humildad, el cartelito blanco de Vialidad Nacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casas antiguas y otras no tanto suelen resguardarse tras los arbustos; en ocasiones desde una esquina apenas se ve un techo rojo y un difuso manchón amarillo -que son las paredes- tras un seto alto y espeso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Saliendo de La Beba en dirección a La Trinidad se cruza el Manantial de las Piedras, afluente del río de Rojas, por un viejo puente caminero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasa un vehículo dejando tras de sí una nube terrosa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-5694369844766317489?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/5694369844766317489/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=5694369844766317489' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5694369844766317489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/5694369844766317489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/01/estacion-la-beba-fccba.html' title='Estación La Beba, FCCBA'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S2Qpg5e8-mI/AAAAAAAAAEw/0TBtPz4kVdc/s72-c/Imagen+blog+078.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-9201329305927413257</id><published>2010-01-19T20:27:00.014-03:00</published><updated>2010-01-23T23:25:39.325-03:00</updated><title type='text'>Variaciones sobre Tom Thumb</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S1ZEELZu3YI/AAAAAAAAAEg/cp4SJLC0UZI/s1600-h/Imagen+blog+076.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5428601239412596098" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 285px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S1ZEELZu3YI/AAAAAAAAAEg/cp4SJLC0UZI/s320/Imagen+blog+076.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Charles Dickens tenía en su residencia de Gad’s Hill una biblioteca ornada con unas tallas de madera de tan mal gusto que prefería cubrirlas con falsos lomos de libros. Uno de estos volúmenes (que jamás nadie escribió) llevaba por título &lt;em&gt;La guerra moderna&lt;/em&gt;, y su autor era un tal General Tom Thumb.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el Tom Thumb auténtico, el original, existió. Sin galones, aunque repleto de andanzas, ocupó por varios siglos la imaginación de niños y adultos. Los lectores de habla hispana seguramente lo reconocerán por su versión castellanizada: Pulgarcito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tom Thumb es la variante inglesa, corregida y aumentada, del Pulgarcito tradicional que recogiera el francés Charles Perrault (1628-1703). Curioso destino, el de Perrault. Su fama comienza con un erudito discurso en verso que dio en la Academia Francesa sobre el siglo de Luis el Grande, que reavivó una polémica literaria entre &lt;em&gt;anciens et modernes&lt;/em&gt; (Perrault defendía los méritos de los escritores modernos, mientras que Boileau, su oponente, era partidario de los antiguos); esto lo llevaría a escribir un libro comparando unos y otros. Luego vendría una defensa del feminismo, una colección de biografías de los franceses ilustres del siglo XVII, unos cuantos poemas y sus olvidadas memorias. Pero no hubiera ascendido de su oscura condición de polemista, de no ser por su ciclo de cuentos de la Mamá Oca; es decir, fue el público infantil quien terminó otorgándole una celebridad brillante y perpetua, cuando en el ambiente académico su suerte estaba acotada a un busto y una placa. &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S1ZFfjLjJhI/AAAAAAAAAEo/02vSmaoNeqk/s1600-h/Imagen+blog+077.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5428602809163654674" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 176px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S1ZFfjLjJhI/AAAAAAAAAEo/02vSmaoNeqk/s200/Imagen+blog+077.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estimación de los niños llegó porque solo ellos pueden disfrutar con la crueldad de un relato como Pulgarcito. Hay quienes se asustan; solo fingen: más tarde pedirán que les repitan el cuento. No vale la pena recrear aquí las andanzas del personaje, que son bien conocidas; es suficiente una selección de sus peores momentos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1) &lt;em&gt;Un niño con problemas de desarrollo puede y debe ser relegado de la familia.&lt;/em&gt; (Justificación: No tiene sentido gastar energías en quien tiene menos posibilidades de continuar la especie.) "Y lo que les causaba más dificultad era que el menor era muy delicado, y difícilmente pronunciaba una palabra […] Él era pequeñito, y cuando nació no era más grande que el dedo pulgar [...] El pobre niño era el menospreciado de la familia, y siempre lo hacían a un lado..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2) &lt;em&gt;Ante una hambruna, la prioridad de supervivencia la tienen los padres.&lt;/em&gt; (Justificación: Debido a su experiencia, ellos estarán más capacitados para criar nuevos hijos más adelante.) "No estamos en condiciones de seguir dándole alimento a nuestros hijos [...] por lo que he resuelto perderlos en el bosque mañana, lo cual es muy fácil de hacer..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3) &lt;em&gt;De varios hijos, el preferido será el primogénito; y si responde a los cánones raciales, mejor.&lt;/em&gt; (Justificación: Lo recomiendan las Escrituras.) "Pedro era el mayor de ellos, a quien ella amaba más que al resto, porque él era pelirrojo, igual que ella..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4) &lt;em&gt;La antropofagia no tiene por qué ser cosa primitiva.&lt;/em&gt; (Justificación: Puede hacerse con "estilo".) "Los pobres chicos cayeron sobre sus rodillas implorando perdón, pero estaban tratando con uno de los más crueles ogros, quien, lejos de tener piedad de ellos, ya los estaba devorando mentalmente, y le dijo a su esposa que ellos serían una comida delicada cuando ella haya cocinado una buena salsa..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5) &lt;em&gt;El filicidio suele ocurrir.&lt;/em&gt; (Justificación: Si pasa en las mejores familias, ¿por qué no habría de pasar en el hogar de un ogro?) "Sin mayor dificultad, [el ogro] cruelmente mató a sus siete hijas. Y bien satisfecho con lo que había hecho, regresó a su cama..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ciertas innovaciones, el mismo cuento fue difundido años después por los hermanos Grimm. Esto, en el Continente; en Inglaterra hacía buen tiempo que tenía fuerza bajo la figura de Tom Thumb, agraciado con el añadido de viejos episodios artúricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Argentina, Tom Thumb fue despojado de su macabra historia. Claro que no apareció bajo la forma de un pigmeo legendario, sino como algo más inocente: Tom Thumb Golf era el nombre de unos &lt;em&gt;links&lt;/em&gt; de fantasía, que hicieron furor a comienzos de los años '30. En él se jugaba con un palo tipo &lt;em&gt;putter&lt;/em&gt; y debían sortearse, a cambio de puntos, obstáculos consistentes en muñecos, laberintos, plantas decorativas, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;© 2010, Héctor Ángel Benedetti &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21806560-9201329305927413257?l=elsextantedehevelius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/feeds/9201329305927413257/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21806560&amp;postID=9201329305927413257' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9201329305927413257'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21806560/posts/default/9201329305927413257'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elsextantedehevelius.blogspot.com/2010/01/variaciones-sobre-tom-thumb.html' title='Variaciones sobre Tom Thumb'/><author><name>Héctor Ángel Benedetti</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16735185315346495583</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-R7mMPW9zybI/Tn8kYzoyWwI/AAAAAAAAA_E/wyWtEYmIjmo/s220/308628_2255832087884_1610791945_2309572_2032016837_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S1ZEELZu3YI/AAAAAAAAAEg/cp4SJLC0UZI/s72-c/Imagen+blog+076.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21806560.post-813505004150612426</id><published>2010-01-11T21:11:00.006-03:00</published><updated>2010-01-11T21:26:08.642-03:00</updated><title type='text'>Incapacidad de abstracción</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S0u_ZZTQrUI/AAAAAAAAAEY/uiF85fhEzBM/s1600-h/Imagen+blog+075.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425640619107200322" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 215px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_dDbY591hBak/S0u_ZZTQrUI/AAAAAAAAAEY/uiF85fhEzBM/s320/Imagen+blog+075.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Sospeché que el mundo estaba perdiendo abstracciones al oír cierta adivinanza en los alrededores de Magdala, provincia de Buenos Aires. “Vuelta arriba, vuelta abajo y dele vuelta, carajo”, dijo un paisano. Al verme ignorante de cualquier respuesta, aclaró: “Es la manivela de la bomba de agua que está en el puesto de Don Sepúlveda”. Podía haber sido esa u otra
