jueves, 14 de abril de 2011

Velódromos

Hubo una época en que ciclistas y bailarines compartieron el lugar para mostrar sus habilidades. Esto, a priori, puede sonar extraño; no lo es tanto si se tiene en cuenta que ambas aficiones coincidían en que eran prácticas de moda con una amplia convocatoria social. Alguien tuvo la feliz ocurrencia de que bicicletas y tangos coexistieran: los sitios eran adecuados, los concurrentes bien podían ser los mismos. Y de esta forma, hacia principios del siglo XX varios velódromos comenzaron a albergar, cuando finalizaba la hora de deporte, la hora de la danza.

El emblemático, el que todos los autores citan, fue el del Parque 3 de Febrero. Había sido concesionado a la Unión Velocípeda Argentina en diciembre de 1899. Su ubicación era a un paso de la estación Palermo (no la actual, sino otra, que ya no existe: la del Ferrocarril Norte de Buenos Aires, que para la época del velódromo ya estaba transferido al Central Argentino), muy cerca del célebre Hansen; y tenía una impresionante capacidad para dos mil personas disputando carreras y otras dos mil alentándolas. Después de la medianoche entraban los músicos: Bazán y Firpo entre ellos, que con un toque de clarín (eso dicen) daban comienzo a la velada.

Pero su fama como lugar de baile duró bien poco: tenía un permiso municipal para ello, pero era un permiso otorgado en forma precaria y a nombre de una entidad cuya personería jurídica pronto expiró. Quien se hizo cargo de las instalaciones no pudo demostrar que los papeles estaban totalmente en regla, y el local terminó clausurado en 1908 luego de muchas recomendaciones de que esto fuese efectivamente cumplido, pues parece que allí se armaban unos batifondos terribles. Al velódromo no iba la runfla de los bailes más modestos; pero es evidente que los desórdenes tenían el mismo calibre en todas partes. Véase al respecto el notable estudio de Hugo Lamas y Norberto Binda: El tango en la sociedad porteña, 1880-1920 (Buenos Aires, 1998).

Otro velódromo porteño donde también se armaron milongas fue el que estuvo en Las Heras y Lafinur, cerca del actual Jardín Botánico. En ocasiones se lo ha confundido con el anterior; este era otro: cercano, pero otro. Entre 1926 y 1938 se lo adaptó para matchs de boxeo y fue llamado Parque Romano (luego Norte); el edificio acabó demolido en 1973.

Hubo aún otro velódromo más con pista de baile junto a la de ciclismo: como tal lo cita el trabajo del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega (Antología del Tango Rioplatense: Desde sus comienzos hasta 1920, Buenos Aires, 1980). Fue el Belvedere, sobre avenida Alvear 581-599.

© 2011, Héctor Ángel Benedetti

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