domingo, 15 de abril de 2012

Esmerdis el Mago, en la Historia de Heródoto

Jorge Luis Borges, en un conocido párrafo de su cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (revista Sur, año 10, nº 68, mayo de 1940), dice:

Leímos con algún cuidado el artículo. El pasaje recordado por Bioy era tal vez el único sorprendente. El resto parecía muy verosímil, muy ajustado al tono general de la obra y (como es natural) un poco aburrido. Releyéndolo, descubrimos bajo su rigurosa escritura una fundamental vaguedad. De los catorce nombres que figuraban en la parte geográfica, sólo reconocimos tres —Jorasán, Armenia, Erzerum—, interpolados en el texto de un modo ambiguo. De los nombres históricos, uno solo: el impostor Esmerdis el mago, invocado más bien como una metáfora.

Su mención de Esmerdis remite a Heródoto y su Historia, quien menciona dos personajes con este nombre. Uno es el príncipe persa hermano del rey Cambises, hecho asesinar por este; el otro es un mago homónimo que suplanta al príncipe asesinado, con el propósito de usurpar el trono en ausencia del rey. Leemos en Heródoto (III, 63):

Entretanto, mientras Cambises, hijo de Ciro, prolongaba su estancia en Egipto y se dedicaba a cometer locuras, se sublevaron contra él dos magos que eran hermanos, a uno de los cuales Cambises, al ausentarse, había dejado al cuidado de su palacio. Pues bien, este sujeto se sublevó contra él al percatarse de que, una vez perpetrada, la muerte de Esmerdis se mantenía en secreto; que eran pocos los persas que estaban al corriente de ella, y que los más creían que todavía se hallaba con vida. Por todo ello, urdió el siguiente plan para atentar contra el poder real: tenía un hermano —que, como he dicho, cooperó con él en la sublevación— que, por su fisonomía, era el vivo retrato de Esmerdis, hijo de Ciro (a quien Cambises, pese a que era su propio hermano, había hecho asesinar); y por cierto que, además de poseer la misma fisonomía que Esmerdis, se daba también la coincidencia de que tenía su mismo nombre: Esmerdis. El mago Paticites convenció a este individuo de que él personalmente se encargaría de resolverlo todo en su nombre, lo condujo hasta el trono real y le hizo tomar asiento. Hecho esto, despachó heraldos a muy distintos lugares —incluido, como es natural, Egipto—, para notificar a las tropas que en lo sucesivo debían obedecer a Esmerdis, hijo de Ciro, y no a Cambises.

Tras someter a interrogatorio al heraldo de Egipto, Cambises comprende la situación y se arrepiente de haber ordenado la muerte de su hermano Esmerdis. Decide entonces volver con sus tropas a Susa, donde estaba el palacio, para castigar al impostor. Pero en el camino sufre un accidente y muere (Heródoto, III, 67):

Así, pues, a la muerte de Cambises, el mago, usurpando la personalidad de su homónimo Esmerdis, el hijo de Ciro, reinó sin problemas durante siete meses (los meses que le faltaban a Cambises para completar sus ocho años de reinado), en el transcurso de los cuales concedió grandes mercedes a todos sus súbditos, de manera que, a su muerte, todos los pueblos de Asia, a excepción de los persas propiamente dichos, lo echaron de menos. En efecto, el mago despachó emisarios a todos los pueblos de su imperio e hizo proclamar que iba a haber exención de reclutamiento y de tributación por espacio de tres años.

Finalmente, Esmerdis el mago es desenmascarado por Fedimia, una mujer del harén real que había sido esposa de Cambises y ahora lo era de Esmerdis. Era hija de Ótanes, un persa destacado que albergaba sospechas sobre la identidad del rey. Ótanes le pide a su hija que compruebe si este Esmerdis tiene o no orejas.



El traductor Carlos Schrader esclarece el por qué de las orejas: “El término mago, que indicaba al individuo perteneciente a una tribu meda que, con el tiempo, se convirtió en casta sacerdotal [...] se ha interpretado en el sentido de «hombre que carece de orejas», a partir del adverbio negativo persa (= «no») y del sustantivo gauša (= «oreja», atestiguado en la forma avéstica gaošõ, del mismo significado), con lo que el relato de Heródoto tendría un sentido etiológico”.

Al notar que no las tiene, queda descubierta la impostura y se organiza una conjuración para dar muerte a los magos.



Pero la verdad histórica pareciera ser distinta de la que narra Heródoto. La Inscripción de Behistun, esculpida en una roca por orden del rey persa Darío para perpetuar sus hazañas, informa el episodio dándole el nombre de Bardiya al hermano de Cambises (el “auténtico” Esmerdis) y Gaumata al mago (el “falso” Esmerdis, el impostor):

El trono que Gaumata el Mago desposeyó a Cambises, había pertenecido a nuestra raza desde tiempos antiguos. Después de que Gaumata el Mago hubiera desposeído a Cambises de Persia, de Media y de las demás provincias, actuó según su voluntad: era rey.

No había nadie, fuera persa, medo, o de nuestra propia raza, que privara del trono a Gaumata, el mago. El pueblo le temía sobremanera, porque mató a muchos que habían conocido al verdadero Bardiya. Por eso los mató, “para que no pudieran saber que yo no soy Baridya, el hijo de Ciro”. No había nadie que se atreviera a decir nada contra Gaumata, el mago, hasta que llegué yo. Entonces imploré a Ahuramazdah. Ahuramazdah me prestó su ayuda. El décimo día del mes Bâgayâdish, yo, con unos pocos hombres, maté al tal Gaumata, el mago, y a sus secuaces más importantes.


(Inscripción de Behistún, 12-13).

Hoy, sin embargo, se tiende a creer que la rebelión fue encabezada por el mismo Bardiya y que Gaumata fue una invención de Darío para justificar su ascención. Según las fuentes, la sublevación habría tenido lugar el 11 de marzo del 522 a. C. El 14 de abril Bardiya (Esmerdis) fue proclamado rey; el 1 de julio todo el imperio lo reconoció como tal; el 29 de septiembre fue muerto por Darío.



© 2012, Héctor Ángel Benedetti

1 comentario:

Zagui dijo...

Un post sumamente interesante, y bastante esclarecedor ahora que estoy leyendo a Borges. Muchas gracias!