
Quien siga la historia de los lugares de baile del Buenos Aires antiguo, notará que la mayoría de las veces se describen lugares reprochables, cuando no deteriorados y sucios. Para no abrumar con esta cantinela, y sobre todo para no quedarse con la imagen de que el tango fue cosa exclusiva de un ambiente de avería (de hecho no lo era), vamos a pasear un poco por un bonito establecimiento cuyo solo nombre ya es evocación de la belle époque porteña: el Pabellón de las Rosas.
Aunque ¿era realmente la cita romántica del Buenos Aires de ayer? Sí… y más o menos. Ocurre que tenía una moderada doble identidad. Mediodía y tarde, funcionaba como restaurante y salón de baile elegante para familias. Por las noches, sacrificaba un poco su refinamiento y abría sus puertas a milongueros menos recatados cuyas compañías, a veces, no eran de las más virtuosas. Pero esto no debería rebajarlo: el Pabellón de las Rosas nunca fue un sitio vulgar. Claramente se lo identificaba con el buen gusto.
Estaba en el 2855 de la avenida Alvear (hoy Del Libertador), esquina Tagle; es decir cerca del Armenonville, otro de los lugares célebres para el tango. Comenzó a funcionar a comienzos del siglo XX. Era un gran edificio señorial, simétrico, con ventanales al frente, que en cierta medida recordaba a los pabellones de las exposiciones mundiales europeas; se ingresaba a él trasponiendo una rotonda entre hermosos jardines que seguían el criterio paisajista de la época. Además del restaurante y el salón de baile, tenía pista de patinaje; ocasionalmente también se dieron funciones de teatro. En torno al Centenario llegó a tener una banda de música propia dirigida por Gaetano D’Alo.

La última actividad bailable del Pabellón de las Rosas fue durante 1929, en Carnaval. Al llegar Cuaresma fue cerrado, y para Pascua se lo demolió.
Lo recuerda un famoso vals de José Felipetti.
© 2010, Héctor Ángel Benedetti
1 comentario:
¿qué se levanta hoy en donde supo estar este boliche?
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