
La felicidad propiamente dicha ya era escasa antes de Contursi. En realidad, lo que dominaba era la soberbia en esas letras de corte autobiográfico y camorrero, en esos alardes de guapo que estuvieron desde los orígenes mismos del tango cantado. Prometían amenazas que nada les impedía concretarse en una paliza, un barbijo o la muerte sin más trámite. También anunciaban destrezas en una o dos armas, invitando a la medición en duelos de atrio o de lupanar; también proponían constatar virtudes dudosas o ausentes. El protagonista se creía magnífico y lo avisaba. Todo ello, narrado en primera persona, lo que movía al desprecio (cuando no al enojo) antes que a la alegría. Estas letras pueden resultar risueñas recién hoy, cuando se han perdido sus propósitos originales.
Surge Mi Noche Triste por la misma época en que el malevo en estado puro comienza a extinguirse. Los valores ya son otros y se prefiere alardear una pena íntima, no un firulete cometido en un bailongo del Bajo ni una muesca nueva en el mango de un facón. No obstante este progreso, la soberbia siguió viva, con el desenfado corregido y atenuado por influencia de las nuevas generaciones.

¿Puede considerarse a la soberbia como un tema del tango? Más bien, es una cualidad observada en sus actores. En Así se Baila el Tango el danzarín peca por soberbio, pero el tema es el baile; en El Nene del Abasto el facineroso también es soberbio, pero se trata de un catálogo delictivo.
Al transformarse en una música recóndita, el tango le dijo adiós a la exageración de las prendas propias. Fue más común que los arrogantes fueran señalados con un jocoso dedo acusador, al estilo de Mascarón de Proa o de Qué Careta. Salvo excepciones como las de líneas arriba, la soberbia quedó para ser castigada. Era el triunfo ético de ir a menos.
En el tango perduran muchas faltas (traiciones, olvidos...), pero no la altanería. ¡Fugaz gloria la de aquellos canfinfleros, que vivían satisfechos de sí mismos y lo pregonaban!
© 2010, Héctor Ángel Benedetti
1 comentario:
¡Bienvenidas tus grandes reflexiones, Héctor!
El tango es un catálogo de sentimientos pendulares: soberbios y frustrados, alegres y depresivos, cariñosos y violentos, sinceros y falsos. Siempre los extremos. Típico de Buenos Aires, y quizás típico de la alienación del hombre que ha perdido su centro, su equilibrio interior. El tango perdura porque "habla del individuo desde el individuo". Aislado, perdido, fragmentado en su soledad, busca una respuesta: ¿quién soy? El hombre se refleja en la sociedad, y se auto-valora según la imagen que le devuelva ese espejo roto, que tiene mil caras. El tango no ofrece ninguna solución a la pregunta, ni ofrece una visión del conjunto. Cada tango se detiene a mirar una imagen facetada del espejo. La mira de frente, sin esquibarle al bulto, por más cruel que resulte: la traición, el abandono, la muerte, la miseria moral... A lo sumo puede burlarse o llorar ante esas imágenes. La más de las veces, se consuela en remover esa herida absurda, que algunos llaman vida.
Marcelo Martínez
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