sábado, 6 de abril de 2013

Subrayamos las "Diuinae Institutione" de Lactancio (siglo IV)


I, “Otros errores de las religiones”, 5.- No puede suceder que [entre los dioses] haya dos sexos, si no es para procrear; pero [los poetas] no entienden que la consecuencia inmediata sería la concepción, cosa que no es posible en un dios.

III, “Errores de otros filósofos”, 4.- Demócrito es alabado porque abandonó sus campos y consintió que se convirtieran en terrenos públicos. Yo lo aprobaría si realmente hubiera hecho una donación; pero no se hace con sabiduría aquello que, si fuera hecho por todos, sería un mal inútil.

III, “Errores de otros filósofos”, 6-7.- ¿Qué decir de aquel que, tras convertir todo su patrimonio en monedas, lo arrojó al mar? Si es que desprecias tanto el dinero, haz con él una buena acción humana: dáselo a los pobres. Imita, al menos, la insanía y locura de Tuditano: déjale al pueblo tu dinero para que lo dilapide.

II, “Explicación de los prodigios”, 64.- Debe ser considerado impío investigar lo que Dios quiso que estuviese oculto.

II, “Dios consiente la existencia de los demonios”, 11.- Es una gran indignidad someterse al poderío de aquellos a los que puedes superar si practicas la justicia.

III, “Se continúa refutando a los estoicos”, 11.- Se equivocan aquellos que desean la muerte como si fuera un bien o que huyen de la vida como si fuera un mal. Por no decir que son unos depravados, ya que no afrontan unos cuantos males a cambio de muchos bienes.

I, “Esculapio, Apolo, Marte, etc.”, 7.- El ladrón y embaucador Mercurio ¿qué otra cosa dejó para renombre suyo, sino el recuerdo de sus robos? Pero sin duda es digno de estar en el cielo, porque enseñó la lucha y fue el primero que inventó la lira.

VI, “Los ritos paganos son absurdos”, 9.- La mejor forma de probar y saber que los dioses paganos están muertos es a partir de sus ritos, que son absolutamente terrenales.

V, “Los que adoran a los dioses”, 15-16.- ¿Cómo van a respetar a sus padres quienes adoran a Júpiter, desterrador de su padre; o a sus hijos, quienes adoran a Saturno? ¿Cómo van a proteger el pudor quienes adoran a la diosa desnuda [Venus], adúltera y casi prostituta entre los dioses?

© 2013, Héctor Ángel Benedetti

sábado, 2 de marzo de 2013

Literarias recientes, III


Suelen conmovernos las historias de escritores que con o sin razón han vivido una temporada en la cárcel. Apenas si nos planteamos el aspecto legal: la imagen más fuerte casi siempre es la celda, y en un rincón de ella nuestro creador (que puede ser Polo, Villon, Cervantes, Voltaire, Lovelace, Defoe, Pellico, O. Henry, Wilde, May o Gramsci) arreglándoselas para escribir e incluso publicar. Ni hace falta aclarar que, en sus días, ellos hubieran esperado de nosotros la urgente revisión de sus procesos; y no que los viéramos como los vemos hoy, convertidos en una anécdota ilustrada. Puesto a hacer una estadística, Vincent Starrett (en Books Alive, Random House, 1940) llegó a la conclusión de que la mayoría de los escritores encarcelados lo fueron por crímenes políticos, unos pocos por robo o asesinato, y ninguno por piromanía o secuestro.

Cambia la cosa cuando la condena no debe cumplirse en la penitenciaría. Pleitos de los que ni siquiera nos enteramos desbordan los tribunales y consumen más papel que las obras completas de Dostoyevski (por mencionar otro autor que tuvo problemas con la justicia). Sabemos de ellos cuando el caso, escándalo de por medio, se vuelve demasiado público; si no, pasan desapercibidos. Sus causas son otras: con frecuencia el plagio, la difamación, el reclamo de derechohabientes, la clandestinidad editorial.

Motivo más insólito es querellar para conseguir simplemente la cancelación de noventa años de historia. Y sin embargo…

Supongamos una revista; una revista identificada con lo literario, de remota antigüedad. Comenzó a publicarse cuando el cine era mudo, la radio recién empezaba y el teatro aún era en blanco y negro. Algunos de sus colaboradores originales hoy son nombres de calles; esto, para hacerse la idea de cuántos años hace que existe. La revista tuvo tres épocas, claramente diferenciadas. La primera, con carácter de manifiesto, se extinguió pronto; fundamentalmente, por la salud de las suscripciones. La segunda, un poco más reflexiva y con mejor financiamiento, duró un poco más. La tercera etapa —la más prolongada— al momento de escribirse estas líneas había alcanzado un estado de serena e impecable madurez. Ya nadie quedaba vivo de la revista fundacional, aunque de alguna manera todos los grandes nombres de ayer seguían presentes.

Una pena que también se presentase cierta sucesión, recordando tener derechos sobre la marca. ¡Ah, los bufetes ladinos…!

© 2013, Héctor Ángel Benedetti

viernes, 1 de febrero de 2013

Literarias recientes, II


Encontré por pura casualidad, y esto puedo jurarlo, una publicación que explicaba la personalidad que tenemos a partir de nuestras iniciales. Accedí a la prueba y comprobé que según las mías (hache, a, be) yo era analítico, armónico e intuitivo: virtudes que hasta entonces ignoraba y ahora agradezco me hayan señalado.

Fue en uno de esos suplementos de periódico que dicen estar orientados a las mujeres. Ya sabemos que solo las subestiman, y prueba de ello es que dentro de una sección inexplicablemente llamada “Vida Sana” (generosa en horóscopos y numerología) el 26 de octubre fue puesto este artículo para lectura y consideración del mundo femenino. Confieso que hasta esa fecha yo desconocía no solo las propiedades psicológicas de las iniciales, sino incluso la publicación misma; reparé en ella por un oportuno anuncio. Un examen más amplio confirmó que no era el único sitio que abordaba estas cuestiones y que la nota verificaba antecedentes en otras monografías de similar erudición, codeándose con trabajos sobre mesmerismo, talismanes y exégesis domésticas de la kabbalah. Una de estas páginas, por ejemplo, agregaba que la H tiene como astro regente a Plutón. Como el planeta se descubrió recién en 1930, entiendo que los Horacio, Hilda, Hugo, Herminia, etcétera, nacidos antes de ese año no tuvieron personalidad alguna.

Vuelvo a mi caso personal, que es más o menos el que mejor sé. El solo hecho de que para esta teoría yo fuera —entre otras cosas— “armónico”, bastaría para invalidarla; aunque tan amplio es el adjetivo que a cualquiera bien podría caberle. La objeción es otra. Tan sencilla, que da pudor señalarla: ni en lo especulativo ni en lo empírico es una exposición fundada. Quisiera suponer que fue un divertimento, una lotería de atributos donde a la R le tocó en suerte la astucia del mismo modo con que pudo tocarle la ingenuidad, la saturación, la hispanidad o el alcoholismo. Firmaba la nota una tal Nadir, a quien podemos oponernos rubricando como Cenit.

© 2013, Héctor Ángel Benedetti

sábado, 5 de enero de 2013

Literarias recientes, I


En un lugar de Buenos Aires, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo di con un conferenciante muy preocupado por lograr la máxima simplificación clasificatoria para las letras argentinas. No quiero acordarme del lugar, escribí; y sin embargo no puedo quitar de mi cabeza su domicilio: el de una tradicional librería de la avenida Corrientes. La afirmación de aquella tarde era que todo propendía a dividirse en Florida y Boedo.

No solo la literatura contemporánea de ambos grupos: también podríamos hacerlo, dijo nuestro archivador, con la literatura que vino luego (tarea fácil, ya que contamos con buenos parámetros de medición) e incluso con la anterior (mucho más difícil, porque debemos implicar escritores de una época en que aún no estaban los grupos, ni sus mentores, ni las calles epónimas, ni se había librado la batalla de la Florida, ni había nacido el abogado Mariano Joaquín Boedo). La etiqueta nos obligaba a escuchar estoicamente aún después de enterarnos que este ejercicio, cuya falacia es la misma del macartismo obsesionado por encontrar comunistas entre los filósofos del siglo de Pericles, además de haber sido propuesto ya estaba resuelto. La consecuencia era tan demencial como para asegurar que Esteban Echeverría “bien podría representar al Florida”, mientras que el pretérito Bartolomé Hidalgo “sin duda se identificaría con Boedo”.

Omitía este buen hombre que en su tiempo ni siquiera los genuinos delegados de Florida y Boedo tomaron escrupulosamente la organización. “Florida representaba el centro y Boedo el proletariado”, contó Borges; “yo hubiera preferido pertenecer al grupo de Boedo, considerando que escribía sobre el viejo Barrio Norte y los conventillos, sobre la tristeza y los ocasos. Pero uno de los dos conjurados (eran Ernesto Palacio por Florida y Roberto Mariani por Boedo) me informó que yo era un guerrero de Florida y ya no quedaba tiempo para cambiar de bando. Todo aquello estuvo amañado. Algunos escritores —por ejemplo Roberto Arlt y Nicolás Olivari— pertenecían a los dos grupos. Actualmente algunas universidades crédulas toman en serio esa farsa. Pero en parte fue un truco publicitario y en parte una broma juvenil” (Autobiographical Essay, The New Yorker, 1970).

© 2013, Héctor Ángel Benedetti

viernes, 12 de octubre de 2012

Un año ya


En un día como hoy, pero hace exactamente un año, a pesar de las quejas del gremio gráfico se terminaba de imprimir este libro. "¡Cinco siglos y medio desde Gutenberg, para llegar a esto...!, decían.


© 2012, Héctor Ángel Benedetti

sábado, 8 de septiembre de 2012

Los problemas menos comunes de los lectores


Antaño era bastante común que diarios y revistas trajeran una sección dedicada a resolver los problemas de sus lectores. También había programas radiofónicos sobre ello. La gente enviaba cartas, por lo general bajo pseudónimo, solicitando un consejo; la mayoría tenía que ver con problemas sexuales entre marido y mujer, infidelidad entre los esposos, problemas con los suegros, adolescentes quejándose de sus padres, amor entre adolescentes, soledad, problemas de aspecto físico, muchachas embarazadas, problemas laborales, adicciones. Así, las preguntas más frecuentes eran, por ejemplo, “mi marido no me comprende”, “mis padres no confían en mí”, “mi novia quiere casarse pero yo no estoy preparado”, “mi novio insiste en que le demuestre mi amor”, etcétera.

En los Estados Unidos hubo dos célebres consejeras: Ann Landers (a quien la United Press consideró en una ocasión como una de las diez mujeres más influyentes del país), y Abigail van Buren (cuya columna de consejos llegó a publicarse simultáneamente en ochocientos periódicos de todo el mundo). Ambas eran hermanas mellizas.

Si bien la mayoría de las consultas eran sobre asuntos previsibles como los descriptos en el primer párrafo, hubo ocasiones en que tanto Ann como Abby tuvieron que aconsejar sobre temas insólitos. Cierta vez fueron requeridas por los autores David Wallechinsky, Irving Wallace y Amy Wallace para que dijesen, precisamente, cuáles eran los problemas menos frecuentes de sus lectores. Las respuestas, publicadas en 1977, fueron las siguientes…


Los problemas menos comunes de los lectores,
según Ann Landers:

1.- El hombre que escondió la dentadura de su esposa para que no pudiese salir de casa y votar a los demócratas.

2.- La novia que telefoneó a su madre durante su luna de miel para decirle que volvía a casa. Su marido era un empresario de pompas fúnebres y le confesó que solo podía disfrutar del sexo con mujeres que estuviesen muertas o que lo aparentasen. Le ordenó que tomase un baño frío durante veinte minutos y que al volver a la cama fingiese que estaba muerta.

3.- El hombre que quería ser enterrado en su Dodge del año 1939.

4.- El hombre que era incapaz de orinar en un lavabo público.

5.- La muchacha que había quedado paralítica de una pierna debido a un ataque de poliomielitis y quería que le amputasen la pierna para reemplazarla por una artificial, para así no cojear el día de su boda.

6.- La mujer que escribió para saber a quién pertenecían las nueces que crecían en un árbol de su propiedad, pero situado muy cerca de la casa de sus vecinos. La mayoría de las nueces caían en el jardín de sus vecinos y ella creía que debido a que el árbol era suyo ella tenía derecho a las nueces. (Respuesta: Los vecinos podían aprovecharse de las nueces que caían en su propiedad, pero no podían venderlas).

7.- La mujer cuyo marido iba a sufrir una operación transexual. Quería saber cómo sus hijos debían llamar a su padre después de la operación. “Papá” no le parecía apropiado para una mujer. (Respuesta: Podrían llamarlo “Bob” o “Bill”, o el nombre que adoptase después de la operación, probablemente “Mary” o “Sue”).

8.- La mujer completamente calva que acostumbraba a sacarse la peluca durante las partidas de póquer, dejándola sobre las fichas para que le diese buena suerte.

9.- El hombre que tenía un cerdo en su apartamento e insistía en que era un “maravilloso perro guardián”. Los vecinos se quejaron.

10.- La mujer que hacía las faenas del hogar completamente desnuda hasta que un día bajó al sótano para lavar la ropa y se encontró con el inspector de los medidores.


Los problemas menos comunes de los lectores,
según Abigail van Buren:

1.- “Soy conductor de autobuses y deseo alguna información sobre cómo convertirme en pastor.”

2.- “Quiero tener un hijo, pero ni siquiera tengo novio. ¿Puede recomendarme a alguien?”

3.- “He oído decir que hay vida después de la muerte. En caso de que así sea, ¿podría ponerme en contacto con mi tío LeRoy Albert, de Victoria, Texas?”

4.- “¿Podría enviarme toda la información que le sea posible sobre el sistema rítmico? Estoy aprendiendo a bailar.”

5.- “Soy una viuda de cincuenta años y mi médico dice que necesito un marido o equivalente. ¿Sería correcto que tomase prestado el marido de mi hermana? Ellos están de acuerdo.”

6.- “Mi marido se quema los pelos de la nariz con una cerilla. Y dice que yo estoy loca porque voté a Goldwater.”

7.- “No puedo confiar en mi marido. Me engaña tanto que ni siquiera puedo estar segura de que mi último hijo sea suyo.”

© 2012, Héctor Ángel Benedetti

miércoles, 20 de junio de 2012

Otros sueños personales transcriptos, de antigua data (anteriores a 1990)


1 - Estoy bajo la sombra de un viejo árbol a orillas de un arroyo. El paisaje es muy bonito; es por la tarde, enseguida después del mediodía, y hay en todo una sensación de quietud muy placentera. Se acerca caminando una mujer de la que no podría precisar rostro o contextura; no puedo definirla. Me dice: “Las horas pasan, las sensaciones permanecen”. Hay calma en su voz. Luego sigue su camino, de izquierda a derecha. Dos monos encadenados entre sí la siguen, mientras se aleja; los monos me recuerdan cierta pintura de Brueghel, de 1562.

2 - Camino por una calle montevideana. Miro el cielo, que se ha convertido en un mar invertido por el que navegan barcos antiguos (carabelas, galeones, trirremes). Veo sus cubiertas, como si estuvieran en el mar y yo fuera un pájaro. Pero están navegando por el cielo; un cielo líquido. En vez de nubes hay espuma. Son barcos de tamaño gigantesco. Parece ser un hecho normal, porque ningún otro transeúnte presta atención al fenómeno.

3 - Recostado sobre mi cama. Afuera es de noche y hay una tormenta furibunda, aunque me siento protegido. De pronto, el resplandor de un relámpago ilumina el cuarto; simultáneamente, se oye un ensordecedor bramido. Un rayo ha caído cerca. Me levanto sobresaltado y voy hacia la ventana. Veo el parque inundado por la lluvia y percibo un crepitar: es el limonero. Tiene llamas pequeñas y azuladas en todas sus ramas. No hay hojas; apenas el tronco seco. A él le ha caído el rayo.

4 - Tengo una herida en el antebrazo derecho, a escasos centímetros de la muñeca. En vez de manar sangre, del corte salen pequeños troncos de apio.

5 - En una estancia. Un amigo me enseña las distintas dependencias y varios edificios anexos. Estoy en un grupo; no reconozco a nadie más que a mi amigo. Uno de los edificios es una estación de ferrocarril construida hace mucho tiempo y nunca puesta en funcionamiento: jamás se tendieron rieles hasta esa región (ignoro cuál será esa región). Los habitantes de la estancia sienten miedo por ese lugar y afirman que se oyen voces fantasmales. Igualmente entramos, tras descorrer un portón. Da la sensación de que nadie ha pisado allí por años. Dentro, se oye una voz profunda y misteriosa que dice dos veces: “No rocen al andrógino”. La voz viene de algún lugar indeterminado del interior oscuro de la estación.

6 - Una soleada mañana en el fondo de una casaquinta que tenía mi familia. En el patio trasero, cuyo piso es de distintos trozos de mármol, veo la entrada blanca de una especie de cripta; hay una pequeña escalera que desciende. Bajo. Todo indica que estoy en el interior de un lugar funerario, aunque hay cierto aire de ser, además, un sitio de celebración de ritos sagrados y misteriosos. Todo es blanco y hay mucha luz, aunque no hay lámparas ni ventanas. Es una habitación pequeña. Hay algunas placas de bronce que parecen haber sido encaladas. También hay otras placas, de mármol blanco; floreros de yeso, pequeños ídolos y otros elementos funerarios. Siento una gran inquietud, como si algo (no sé qué) estuviera a punto de presentarse en aquel lugar enigmático.

(Nota: Más sueños han sido narrados en este mismo blog, en la entrada del 26 de noviembre de 2010).

© 2012, Héctor Ángel Benedetti